10/08/2012

CUESTIONES DE INVESTIGACIÓN


Las cuestiones representan para Miles y Huberman (1994; Pág. 23) “The questions represent the facets of an empirical domain that the researcher most wants to explore”, es decir, definen en profundidad los problemas específicos a los que se aplican.
Se trata de enunciados con referencia a relaciones que queremos comprobar y conceptos generados o verificados. Teóricamente deben configurarse como un resumen de lo que el investigador quiere hacer o, en virtud del carácter emergente de la investigación, de lo que ha logrado hacer. Efectivamente, las cuestiones de investigación están expuestas a modificaciones, reorientaciones y una nueva formulación a lo largo del trabajo de investigación (Goetz, J.P. y LeCompte M.D; 1988). Al mismo tiempo, tenemos que ser conscientes de que están influidas implícita o explícitamente por la formación, la orientación y las experiencias personales del investigador que modelan su interés y su pensamiento. En definitiva se trata de la implicación subjetiva del investigador en su trabajo que se ha convertido en uno de los focos de la investigación etnográfica. Los trabajos de Alan Peshkin (1993) en relación con las experiencias personales del investigador y los de Apple y Weis (1983) u Olivera Lahore (2008) respecto a su formación confirman nuestro planteamiento. Como nos dice Flick (2007; Pág. 63):
“Las preguntas de investigación no provienen del aire. En muchos casos su origen está en la biografía personal del investigador y su contexto social. La decisión sobre una pregunta específica depende sobre todo de los intereses prácticos del investigador y su implicación en ciertos contextos sociales e históricos. Tanto los contextos cotidianos como científicos tienen un papel aquí.”
Existe abundante bibliografía sobre el concepto y la taxonomía de las cuestiones de investigación. Definidas como aquellas preguntas que “delimitan la información específica necesaria para alcanzar el correspondiente objetivo” por Trespalacios Gutiérrez, Vázquez Casielles y Bello Acebrón (Métodos de recogida y análisis de la información para la toma de decisiones en Marketing; 2005, Madrid, Paraninfo, Pág. 39), o como “los enunciados perfeccionados de los componentes específicos del problema” por Malhotra (2004, Pág. 48), sirven, fundamentalmente, al propósito de clarificar los datos que obtendremos del trabajo de campo  (Flick, 2007). En la medida en que las cuestiones de investigación sean claras y precisas, menor será la probabilidad de encontrarnos ante datos difícilmente categorizables y desconectados de nuestro propósito. Pese a que “principio de apertura” reclamado por Hoffman-Rien (citado en Flick, 2007) cuestiona, dado el carácter emergente de la investigación, la formulación de antemano de las hipótesis, no supone el abandono de la formulación de las cuestiones de investigación.
Debemos tener una idea clara de las cuestiones y, al mismo tiempo, estar atentos a la posibilidad de resultados totalmente distintos a los imaginados.
Igualmente, la formulación de las cuestiones de investigación, y la definición del marco teórico-conceptual en el que vamos a desarrollar nuestro trabajo, condicionarán la decisión sobre la metodología que habremos de utilizar en la investigación y a la vez, reducen la variedad y permiten la reestructuración del campo de estudio.

9/20/2012

Muestreos intencionales


En el muestreo intencional, característico del diseño cualitativo, los elementos muestrales de la población serán seleccionados por el juicio personal del investigador (Namakforoosh, 2000). Siguiendo a Patton (Patton, 1990) todos los muestreos en investigación cualitativa pueden incluirse en la denominación de muestreo intencional, aunque describe hasta quince variaciones distintas del mismo. En este tipo de muestreo el investigador tiene conocimiento previo de los elementos poblacionales y supone una decisión tomada con anticipación al comienzo del estudio (Bonilla Castro & Rodríguez Sehk, 2005). Existe, después de recopilados y revisados los primeros datos y una vez que emergen de ellos las primeras categorías, lo que denominamos muestreo teórico. Las primeras categorías configuran y orientan el siguiente muestreo. Así pues decidir donde hacer el muestreo de acuerdo con las categorías emergentes es lo que se considera el muestreo teórico que, en todo caso también es un muestreo intencional.
La investigación cualitativa está siempre condicionada por el contexto concreto donde se obtiene la información, no tiene pretensiones nomotéticas, se mantiene la margen de cualquier intento de formular leyes generales y su producto final, se presenta como un estudio de caso, con unidad contextual y, siguiendo a Geertz, una descripción densa de un fenómeno concreto.

9/10/2012

El carácter multiparadigmático de las ciencias sociales.


Partimos desde la convicción de que las ciencias sociales tienen una naturaleza multiparadigmática  y que la noción de paradigma que debemos utilizar, para que se ajuste a nuestra propuesta, debe ser flexible y amplia. Esas mismas cualidades las hemos de extender a los conceptos de programa de investigación  y al de tradición de investigación . En palabras de Giddens
“La sociología no está dominada […] por un único sistema conceptual. Sin embargo, probablemente habría que considerar esto uno de sus puntos fuertes, no una de sus debilidades. No creo que esa diversidad haya producido un desorden completo, sino que, por el contrario, expresa el pluralismo que debe existir cuando se estudia algo tan complejo y controvertido como el comportamiento social humano y las instituciones»
El mismo criterio es compartido por Habermas que afirma que la coexistencia, en las ciencias sociales, de diversos paradigmas es un hecho vinculado con la naturaleza de la sociedad como objeto de estudio, y que resulta además fundamental para su comprensión, pues la variedad de intereses y posiciones normativas debe conducir, por fuerza, a distintos enfoques paradigmáticos, cada uno de los cuales representa una diferente agrupación de intereses y valores cognitivos:
“[…] la contienda de paradigmas tiene en las ciencias sociales un significado distinto que en la física moderna. La originalidad de los grandes teóricos de la sociedad, como Marx, Weber, Durkheim y Mead, consiste […] en que han introducido paradigmas que en cierto modo siguen compitiendo hoy en pie de igualdad. […]. Por otro lado, los paradigmas guardan en las ciencias sociales una conexión interna con el contexto social del que surgen y en el que operan”.
No debemos intentar encontrar esta idea en la obra de Kuhn . La estructura de las revoluciones científicas. México, Fondo de Cultura Económica, 1986), pues afirmaba que si una ciencia no cuenta con un paradigma dominante simplemente se trata de una disciplina pre-paradigmática, es decir, una disciplina que no ha alcanzado su madurez como ciencia.
Alexander  nos puede ayudar a solucionar este conflicto desde su construcción de la noción de teoría desde las tradiciones de investigación. Las teorías surgen de una interactuación entre dos elementos, uno apriorístico y otro fáctico. Si, en alguna medida, nos sobresalta una investigación inductiva es por el convencimiento de que, en el origen de nuestro trabajo en cualquier observación, encontramos un elevado número de elementos y sesgos teóricos. Esta carga teórica, apriorística, esta condicionada por un elemento fáctico, la propia realidad. Ésta, si bien no puede conocerse de un modo preteórico y neutral limita al conocimiento definiendo el campo de lo teorizable a partir de ciertos límites empíricos; con mucha dificultad se pueda argumentar sobre la libertad religiosa en países como Irán, Bhutan o Myanmar.
“Llamaré elemento apriorístico a la parte no empírica de la ciencia. Este elemento no depende de las observaciones sino de las tradiciones. Esta afirmación puede parecer extraña. La ciencia prototipo de racionalidad y modernidad parecería opuesta a la tradición. A mi juicio, sin embargo, la ciencia –aunque sea racional- depende vitalmente de la tradición” 
La gran dificultad estriba en determinar que son y que contienen las tradiciones de investigación. Podemos, siguiendo a Alexander , hablar de los componentes básicos de la ciencia social. Estos componentes básicos se conforman con los aspectos ideológicos, los modelos, los conceptos, definiciones y clasificaciones, las leyes, las proposiciones teóricas, los supuestos metodológicos y las observaciones. Cada tradición científica o investigadora acentúa uno o varios de esos elementos básicos, estableciendo diferentes enfoques.
Ahora bien, más allá de esos elementos básicos, cada teoría adopta presupuestos más elementales que determinan el modo en que el investigador se acerca a la realidad. Estos presupuestos afectan a dos cuestiones fundamentales: la naturaleza de la acción cultural y social, incluida la racionalidad de tal acción, y el problema del orden. Acción y orden son los principios básicos que permiten, en múltiples combinaciones, generar el mundo de la teoría cultural, imposible de reconstruir sin ser consciente de estas tradiciones que anteceden al propio investigador, ofreciéndole un marco de pensamiento desde el que dar cuenta de lo real.
No obstante, también existen corrientes  que apuestan por modelos de integración en las ciencias sociales. Integración que pasaría por el abandono de lo que Noguera denomina “anarquía cognitiva”, y que afectaría al léxico, los conceptos, el método, la epistemología y la teoría.


[1] MASTERMAN, Margaret (1974). «The Nature of a Paradigm», en I. LAKATOS (ed.),
Criticism and the Growth of Knowledge. Cambridge, Cambridge University Press.
[2] GIDDENS, Anthony . En defensa de la sociología. Madrid, Alianza, 2000.
GIDDENS, Anthony y TURNER, Jonathan (eds.) (1990). La teoría social, hoy. Madrid,
Alianza

8/01/2012

Semiosis


Al introducir este modelo en nuestro teórico asumimos que todo conocimiento es representativo. Resulta complicado el intento de acercamiento por su elevada complejidad y sus ramificaciones así como por sus tecnicismos.
Conocer una realidad significa un proceso de elaboración de una representación de la misma, de modo que lo que hemos aprehendido en nuestro conocimiento no es la realidad en sí misma, sino la representación que hemos construido, una aproximación más o menos compleja, fundada y útil.
La forma común de elaboración de las representaciones utiliza signos y símbolos, convirtiéndose el lenguaje, cualquier tipo, en el recurso más habitual de nuestra actividad cognitiva. Su análisis y el de los procesos de comunicación lingüística tienen como elemento común una idea (Wittgenstein; 1974): el lenguaje es un mediador simbólico, el fundamental, entre el conocimiento y la realidad, por lo que los defectos y límites del lenguaje lo son también de nuestro conocimiento.
La situación central del lenguaje ha condicionado, en alguna medida, la investigación dirigiéndola hacia los procesos de semiosis, de transmisión, codificación y decodificación de la información. Grandi (1995, Texto y contexto en los medios de comunicación. Análisis de la información, publicidad, entretenimiento y consumo, Bosch, Barcelona) comienza a relacionar el proceso representativo y su comunicación con sus acompañamientos culturales y sociales. En palabras de Castro Nogueira et alii (2005; Pág. 480):
“De este modo, la teoría de la información dejó atrás el modelo informacional-cuantitativo para incorporar al esquema E-M-R los complejos procesos de codificación  y descodificación asociados a las posiciones sociales de los sujetos, a sus orientaciones pragmáticas y a las distintas variables que inciden en los procesos de interacción, tanto en su dimensión reproductora de convencionalismos como en su vertiente generadora y recreadora. […]. Así, el lenguaje, la comunicación y el conocimiento han quedado anclados y afectados por un conjunto complejo de referencias socioculturales y psicosociales indisociables. De este modo se han introducido como variables esenciales en el proceso de comunicación –producción, recepción y semiosis- nociones tales como género, etnia, clase cultural, habitus, etc., obligando a reelaborar la lógica de los procesos comunicacionales por completo.”
Encontramos de nuevo conceptos ya asumidos en nuestro marco teórico y que se ajustan a una orientación teórica que contempla los fenómenos culturales como semióticos, tanto desde la perspectiva de los significados ya construidos como desde la producción de nuevos sentidos culturales.

7/31/2012

Cercanía sociológica


Con este modelo asumimos como opción teórica preferente que la identidad y la conducta de los individuos son inseparables de sus inclusiones sociales, por lo que la única posibilidad de conocer al individuo pasa necesariamente por el conocimiento de la exterioridad social en la que se desenvuelve.
Este modelo teórico nos va a acercar a conceptos diferentes que mantienen lo social como hilo conductor. Así pues podremos hablar de estilo de vida y habitus con Bourdieu (1988, 1991), de imaginario social con Castoriadis (1994), de discurso ideológico con Ibáñez (1979) u Ortí (1986) o de clase cultural con Barker y Beezer (1994).
Quizás el autor más cercano a nuestros planteamientos pueda ser Pierre Bourdieu (1988, 1991, 1991, 1996) pese a las dificultades que presenta dado que su obra desborda cualquier clasificación. El concepto fundamental que Bourdieu utiliza es el concepto de habitus como teoría de socialización mediante el cual se adquiere un sentido entrópico que permite el mantenimiento del sistema social. Pero dejemos que sea el propio Bourdieu quien nos hable del habitus (1991; pág. 92):
“Los condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia producen habitus, sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes, es decir, como principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones que pueden estar objetivamente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones para alcanzarlos, objetivamente reguladas y regulares sin ser el producto de la obediencia a reglas y, a la vez que todo eso, colectivamente orquestados sin ser producto de la acción organizadora de un director de orquesta.”
Pese a las resistencias que el análisis sistémico me produce y su evidente limitación, Bourdieu, junto a las pinceladas añadidas por Berger y Luckmann (1968) y Sloterdjick (2004) o a la posterior construcción de Castro Nogueira et alii (2005) que construyen junto al habitus el denominado fluxus, constituye el soporte más eficiente de este marco teórico.
Desde este modelo teórico la investigación cualitativa se centrará en el intento de descubrir los contenidos y los límites o fronteras de las corrientes culturales en las que se construye la identidad y personalidad de las personas. Creo que, desde esta posición teórica, cuando se reúne un grupo el investigador no puede aspirar a obtener resultados que hablen de motivación, interés, actitud o emoción, sino que el objetivo es acercarse, a través del lenguaje, a las formas culturales y sociales en que esa persona se ha socializado y a los discursos que la sustentan. Así pues, el interlocutor válido en palabras de Castro Nogueira et alii (2005; Pág. 477) será:
[…] no es propiamente el individuo concreto de carne y hueso, sino un interlocutor virtual estereotipado, que reúne en sí el conjunto de corrientes sociales, de representaciones, gustos, sensibilidades y elementos ideológicos que componen el retrato robot con el que la persona puede identificarse y por el que puede interesarse.”
El individuo pierde aquí su protagonismo porque se pone el acento sobre el mundo social en el que se desenvuelve. No obstante, es evidente que este modelo margina elementos fundamentales de la realidad social tal y como la percibimos, las personas también actúan al margen de las estructuras y los sistemas de orden que regulan las relaciones y existe la capacidad de recreación de las normas culturales. Estamos, por tanto, en una situación de retroalimentación, el ser humano es un producto social pero al mismo tiempo debemos ser conscientes de que lo social es un producto del ser humano, planteamiento que desarrollaron Berger y Luckman en su obra “La construcción social de la realidad” de 1968. En esta situación coincido plenamente con Strauss y Corbin (2002) en que el investigador ha de fijar su atención a los procesos de interacción cultural y social, mediante los cuales se reconstruyen y actualizan constantemente las convenciones sociales y se establecen los mecanismos por los que se resuelven los conflictos, demostrando la capacidad para adecuar esos mecanismos a las circunstancias particulares en las que se producen.
Nos situamos pues, en un marco teórico que intenta acercar aquellas teorías, tanto sociológicas como antropológicas que intentan explicar la cultura y la sociedad en función de un complejo conjunto de variables con capacidad de establecer nomologías y las orientaciones más individualistas que, dentro de teorías como la de la elección racional o la de juegos, intentan representar la conducta humana como una creación individual aunque regulada por complejos algoritmos.
Al movernos en este modelo la estrategia metodológica fundamental es la observación y el análisis de discursos, esencialmente verbales, a través de los que el investigador puede acceder al imaginario cultural y social correspondiente. Y dentro de estas estrategias las técnicas que entiendo más adecuadas son el grupo de discusión y la entrevista en profundidad, aunque alejándose de sus orígenes, de su carácter clínico, reorientándose hacia el análisis de un discurso culturalmente definido y configurado como imaginario colectivo. Por último, frente a la representatividad extensiva que busca la investigación cuantitativa, la investigación cualitativa intenta la reproducción experimental de las relaciones estructurales permitiendo, de ese modo, la producción de los discursos culturales adscritos a determinadas posiciones sociales.

7/02/2012

ESTABLECIMIENTO DEL MARCO TEÓRICO


Coincido con Castro Nogueira et alii (2005) en que toda investigación tiene su origen en los intereses y compromisos teóricos del investigador, no son los hechos los que inducen la investigación:
“[…] es la mirada teórica e interesada del investigador la que constituye y convierte ciertas realidades en hechos y, mas tarde, en datos de una investigación.” (pág. 473)
Desde esta posición es evidente que aclarar los marcos teóricos sobre los que descansa la investigación resulta esencial. Al mismo tiempo, haber efectuado un recorrido temporal sobre los objetos de la misma nos ha permitido ajustar y redefinir nuestros compromisos. Ese recorrido permite al investigador establecer conexiones entre los fundamentos teóricos y el propósito de la investigación. Ahora bien, ese camino no es fácil y asumir, pese a la evidente incomunicabilidad de paradigmas, una postura ecléctica genera tensión. Mi posición personal es compleja, alejada del exclusivismo que plantea que sólo un modelo es pertinente y en la cercanía de que en una investigación pueden mezclarse diversos modelos teóricos sin miedo. Castro Nogueira et alii (2005, pág. 474) plantean en cambio una posición intermedia: “[…]; a nuestro juicio, sólo hay un modelo teórico pertinente para cada investigación, pero hay muy diferentes tipos y propósitos de investigación.”.
Debemos ser coherentes y establecer un marco teórico que agrupe un conjunto de enfoques o tradiciones teóricas que gravitan sobre la realidad social y, al mismo tiempo, sobre el componente simbólico del mundo humano, en todas sus manifestaciones. Estos enfoques parten de un elemento común la realidad social, como dicen Castro Nogueira et alii (2005; pág. 476):
“la idiosincrasia y la conducta de los individuos son inseparables de sus inserciones sociales, de modo que el camino para conocer la interioridad y la subjetividad individual pasa por el conocimiento de la exterioridad social en la que se desenvuelve el individuo”
Por tanto, nuestro marco o, quizás más bien, nuestro modelo resaltará una serie de conceptos que se ajustan al protagonismo de lo social frente a lo individual, de ahí que hablemos de sensibilidad social, discurso ideológico, estilo de vida, imaginario social o habitus.
Al mismo tiempo, procuraremos incluir un enfoque semiótico o, más bien, sociosemiótico. Durante las últimas décadas del siglo XX y hasta el momento actual se va produciendo una toma de conciencia de la distancia existente entre conocimiento y realidad, destacando la naturaleza representativa del conocimiento y la función mediadora de los símbolos en su adquisición y conservación.

6/22/2012

La oscura sombra II

Ha pasado el tiempo, pero las heridas de la última guerra no se han cerrado y las pequeñas y aisladas fortalezas donde se refugian los restos del ejército que,  apoyado por los otros guerreros, pudo vencer perdiendo, siguen sin que sus viejas estancias sean ocupadas por los nuevos capitanes.
Los antiguos líderes, heridos en la batalla cuando no retirados tras sustanciales pérdidas, miran con cautela la Corte del Señor, en la lejana capital atrincherada en la vieja Alcazaba mientras que las murallas y los barrios están en poder del enemigo, del mismo modo que en el resto del territorio bravas torres albarranas y pequeños donjon mantienen la batalla. Una batalla que puede cambiar su destino, pues pese a la victoria, el Nombrado por el Norte, ha abandonado a su ejército.
Son tiempos en que la rapidez es fundamental, pero los magos que dirigen las dos fuerzas contendientes elucubran y destilan sus pociones y fijan su interés en nuevos guerreros que han sido poderosos en los apoyos prestados a las cortes, pero no se han enfrentado al enemigo.
Gloria a los viejos capitanes.

6/08/2012

Cultura y participación



Resulta fundamental la sensibilización de la sociedad del valor en sí mismo de la cultura como parte de los derechos y el bienestar social. Es obvio que esta implicación de la sociedad requiere a su vez que esta sociedad participe en la propia gestión de la cultura. Se requiere más horizontalidad, más alternativas participativas, educativas o de trabajo comunitario con los entornos, con los espacios y con los protagonistas de la cultura que no son otros que los ciudadanos. La vida cultural es un principio activo que genera públicos y dinamismo social, algo fundamental en el sostenimiento de la cultura, que no es igual al consumo cultural que solo es un principio pasivo. Tenemos claro que la cultura, al igual que la educación, es una inversión y no es un gasto. Con la inversión cultural y los servicios públicos de la cultura se apoyan proyectos, artistas y creatividades, la vida cultural de los ciudadanos, la madurez y el capital social y por tanto el progreso económico.
También somos conscientes que muchas cosas deben cambiar y se hace necesario replantear los modelos que nos han regido en los últimos años, a la cierta normalización conseguida, no exenta de luces y sombras, especialmente en infraestructuras, debemos añadir objetivos estratégicos sensatos, con nuevas políticas que se alejen de la inestabilidad, la arbitrariedad, el oportunismo, la falta de transparencia y la ineficacia por la falta de coordinación entre las distintas administraciones, y como fundamental los criterios de sostenibilidad, que no quiere decir dejación de la responsabilidad pública.
En el actual contexto de crisis y por otra parte algo evidente ante la los nuevos paradigmas culturales y sociales producidos por la globalización, es inevitable una razonable auto-reconversión para sobrevivir, de artistas, de empresas, de organizaciones culturales, de asociaciones y profesionales.

5/21/2012

Acciones de cultura: recuperar la interculturalidad, establecimiento de una relación dialógica con los diferentes sectores sociales, control de las sinergias.


La actual situación, a la que nos ha conducido la crisis económica y las medidas ortodoxas de control del déficit a la que todos los gobiernos europeos se han visto abocados, genera una dinámica pública con una limitadísima capacidad de actuación, orientada a acciones especialmente significativas y que llegan tras un profundo proceso de establecimiento de prioridades.
Nos queda, por tanto, incrementar nuestra capacidad de interlocución con todos aquellos sectores que son sujetos y creadores de cultura. Entiendo, en este discurso, que hemos de potenciar aquellas actuaciones que van en la línea de colaboración con las acciones de Responsabilidad Social Corporativa (en adelante RSC), como con las Organizaciones del Tercer Sector (asociaciones y fundaciones primordialmente) sin olvidar otros actores sociales como Universidad, Colegios Profesionales o Sindicatos, y dada la composición multicultural de nuestra sociedad, creo que la interculturalidad como paradigma complejo de cultura puede ser la mejor de nuestras bazas.
En la línea de recuperación del discurso de interculturalidad, entendido, no sólo como culturas étnicas distintas, sino como gestión de la diversidad, género, orientación sexual, religión, etc., propongo una actuación que genere discurso y se acerque a las diferentes inquietudes que en este momento se plantean en nuestra sociedad. Está establecido el concepto “tolerancia” como valor, sin que realmente comprendamos su verdadero significado etnocéntrico. Zygmunt Bauman analiza el concepto, desde el cambio intelectual que se produce al abandonar la modernidad y repensar nuestra sociedad desde la contingencia. La tolerancia nos remite a una situación de modernidad, donde el planteamiento filosófico[1] nos la muestra como el símbolo de conducta, pero ciertamente puede conllevar una carga de etnocentrismo. Pero la propuesta es la solidaridad reflejada como responsabilidad mutua al compartir un destino común.
No me cabe duda que los componentes más solidarios de nuestra sociedad se encuentran alineados en organizaciones solidarias. No importa realmente cual sea la figura de participación, socio o voluntario, ya que la estructura postmoderna de la sociedad del conocimiento ha modificado profundamente con sus procesos de reconstrucción las formas de compromiso social. La actividad de los más jóvenes se siente más cercana a participar en causas y acciones concretas que su pertenencia estable a grupos constituidos. Puede que en algún momento futuro represente algún problema, pero las nuevas tecnologías de la comunicación han permitido la organización de grandes movilizaciones que, eso sí responden a causas concretas, sin que se haya reflejado en las mismas la falta de liderazgo organizativo.
Esa falta de liderazgo no se refleja en las organizaciones estables del tercer sector ni en las organizaciones que desarrollan programas de RSC, por lo que debemos apoyarnos en estos liderazgos para mediante procesos de diálogo compartidos, acercar sus posturas en materia de acción cultural.
Es curioso constatar el escaso resultado obtenido en ayudas al voluntariado cultural en nuestra provincia, cuando es la más vertebrada a nivel organizativo del tercer sector y la que posee un mayor número de organizaciones de segundo nivel. Quizás el análisis consista en entender que la mayoría de las acciones y programas de voluntariado se instrumentan a través de acciones culturales (sirva como ejemplo una actividad de acercamiento a la lectura de grupos desfavorecidos ¿es una actividad social o cultural? Para mí la respuesta es obvia, la transversalidad de lo cultural impregna todas las actuaciones). Un excesivo acotamiento de la acción reduciéndola al concepto de cultura clásico aleja a las organizaciones de segundo nivel y limita la acción de numerosas organizaciones.


[1] Richard Rortry “ puede significar mera indiferencia y despreocupación derivadas de la resignación; el otro no se va a ir y no se va a volver como yo, pero no tengo manera (en este momento, por lo menos, o en un futuro previsible) de obligarlo a irse o a cambiar; Como estamos condenados a compartir tiempo y espacio, hagamos soportable y un poco menos peligrosa  nuestra coexistencia. Al ser tolerante incito a la tolerancia. Espero que mi oferta de reciprocidad sea aceptada: esa esperanza es mi única arma”

5/14/2012

Modelos de gestión descentralizada. Gestión Directa


Planificación.
Establecida en el programa la puesta en valor de diferentes espacios con el propósito de ganarlos para la comunidad y potenciar la participación, considero necesario establecer su planificación a través de un “Plan de Gestión” una carta de navegación, una herramienta dinámica, un documento que integra un conjunto ordenado de objetivos, programas, proyectos y actividades, definidos por el Ayuntamiento para llevar adelante objetivos culturales y entregar diversos servicios en su territorio, acorde a sus políticas culturales y que permita establecer un modelo de gestión.
Podemos construir el Plan tras una serie de procesos dinámicos que con templen el análisis de la realidad, su diagnóstico y su conceptualización para poder llegar a generar el modelo de gestión.

APOYO EN PROYECTOS EXISTENTES DE LA JUNTA DE ANDALUCIA.

El “Proyecto Lunar” es el primer programa de la Junta de Andalucía de apoyo integral a emprendedores de la industria creativo-cultural destinado a fomentar la creación y consolidación de empresas y empleo en el sector. Si utilizamos un modelo de gestión que confíe en empresas de gestión cultural o en gestores culturales, puede ser un buen camino de colaboración que permita además creación de empleo.

DIFERENTES MODELOS DE GESTIÓN: ANÁLISIS DE CASOS:
1.- Gestión Directa. La Gestión directa es llevada a cabo por asociaciones sin ánimo de lucro, con el objetivo de convertirse en motor dinamizador de su entorno o bien a través de gestores culturales

.9 Barris, San Martí o Cornella, basados en la experiencia de organizaciones juveniles y con participación de educadores sociales:
 “Entendemos por Gestión Directa cuando los jóvenes, como vecinos y vecinas, asumen directamente la responsabilidad que les corresponde y no delegan en las manos de otros las decisiones y acciones que a ellos y a ellas les incumbe.
Sea trabajando a través de dinero público (Gestión Cívica) o a través de la autogestión son ellos los que viven directamente la realidad sobre la que quieren incidir.
Es muy larga la lista de equipamientos y proyectos socioculturales gestionados por entidades vecinales sin ánimo de lucro: desde la okupación de la planta asfáltica que fue reivindicada y convertida en el Ateneo Popular 9 Barris, la Masía de Can Basté recuperada del
abandono para convertirse en centro cultural, el Casal de barri de Prosperitat, la Cosa Nostra en Can Peguera,; los Planes Comunitarios gestionados por Asociaciones de Vecinos en Trinitat Nova y Verdum o por Plataformas de Entidades como la de Roquetes, la zarza 9Barris Acull, la Coordinadora Cultural y un largo etcétera.
Tenemos que considerar como objetivos de la participación directa la mejora de la persona -del individuo- y la mejora de la comunidad,- el colectivo-.
En el colectivo se trata de una herramienta comunitaria, una herramienta de mejora del entorno. La participación en relación al colectivo nos da una serie de beneficios culturales, laborales, relacionales y sociales.
En todo este tipo de procesos, deben estar presentes, animadores/as y educadores/as, pues se pueden producir cambios que harán variar las funciones y tareas de la dinamización de manera rápida. Nunca podemos olvidar que las personas que participan en estos proyectos dedican su tiempo de manera voluntaria, y que la vida puede cambiar (por estudios, trabajo, pareja)y variar su tiempo de dedicación al proyecto.
El educador/a o el animador tiene que trabajar para ayudar y facilitar la participación en este tipo de modelo haciendo que los proyectos sean:
Consensuados: con una finalidad, y objetivos definidos y claros. Se tiene que saber hacia dónde se camina y qué valores describen el proyecto.
 Abiertos: con diferentes niveles y espacios de participación y decisión donde se pueda aportar y decidir sobre el funcionamiento, líneas de trabajo, de cosas concretas o generales. Espacios que pueden ser espontáneos e informales, como una conversación sobre una fotografía que deriva en la realización de una exposición colectiva, o espacios pensados y organizados como una comisión de programación.
Diversos: dónde compartiendo los mismos valores se pueda trabajar de diferentes formas. Las personas y los colectivos no tienen que participar de una única manera, ni tienen que tener el mismo nivel de implicación.
Dinámicos: con itinerarios donde la persona y los colectivos pueden desarrollar un proceso de implicación en el proyecto. Podríamos entender diferentes pasos en un itinerario como consumir una actividad, posteriormente organizar la actividad, después decidir sobre qué actividades se realizan y finalmente qué tipo de proyecto queremos.
Compartidos. La persona y el colectivo que participan tienen que compartir todo lo que implica el proyecto con el resto de miembros.
Cálidos: basados en unas buenas relaciones interpersonales donde el calor humano y hacer piña marquen el talante.
Autónomos: con independencia en las decisiones.

El centro cultural Ton i Guida-Barcelona

La Carta Municipal de Barcelona, en el título sobre “Participación ciudadana i derechos de los vecinos” (art. 34), prevé lo que define como Gestión cívica de competencias, servicios o equipamientos municipales por parte de entidades y organizaciones ciudadanas, sin animo de lucro. En nuestro caso, como ya se ha dicho anteriormente, la gestión se daba a partir de una subvención anual. Es a partir de este año que el Ayuntamiento ha sacado a concurso de oferta pública la gestión del centro Ton i Guida. A este concurso puede presentarse cualquier entidad sin ánimo de lucro de la ciudad. Con esta formula administrativa se corre el riesgo de no ganar el concurso, sea por causas administrativas (hay que presentar mucho papeleo y requerimientos legales), o porque otra asociación saca más puntos en el concurso. No obstante es un avance respecto a la subvención. Ésta es una formula con la que, a pesar de suponer un avance respecto a la subvención, no estamos de acuerdo. Pensamos, y reivindicamos, que debe de existir un sentimiento de confianza por parte del ayuntamiento que se traduzca administrativamente en la firma de un convenio, que no contrato, con la Plataforma de Entidades para la gestión del equipamiento.

AAIM (Agentes Artísticos Independientes de Madrid) Se trata de una federación que bajo las siglas AAIM (Agentes Artísticos Independientes de Madrid) se reúne distintos agentes que vienen desarrollando activamente estrategias innovadoras en la comprensión y la creación de cultura contemporánea en la Ciudad y la Comunidad de Madrid.
Actualmente lo componen: Acción!Mad, Arrebato, BRUMARIA, Espacio Menosuno, Hablar en Arte , IN-SONORA ))), La Enana Marrón, La Más Bella, Liquidación Total, Off limits.
Iniciada en 2006. En una primera etapa fue una red de colectivos con espacio físico en Madrid, posteriormente se incluyeron proyectos sin espacio. En 2010 se convierte en Federación. Continua en activo.
Integran AAIM asociaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la gestión de proyectos de cultura contemporánea, coordinación de espacios, comisariado de eventos, edición de publicaciones, celebraciones de encuentros, emisiones de radio… En definitiva, generadores de acciones /realidades que involucran tanto a los agentes culturales como a los ciudadanos de a pié de modo horizontal y participativo, a los que mueve la necesidad de sacar a Madrid de la indiferencia y provocar cambios sustanciales en la implicación ciudadana con su propia cultura.
Principales actividades: Como Federación AAIM no tiene actividades, su función es dar visibilidad, difusión, apoyar y representar a todas las asociaciones que la integran y servir de interlocutor con las distintas administraciones de Madrid.
Persona de contacto:  Presidente: Nieves Correa (Acción!MAD), Vicepresidente: Lurdes Fernández (OffLimits), Secretario: Javier Martín (Hablar en Arte)

5/07/2012

CULTURA: ¿UNA GESTIÓN DESCENTRALIZADA?


El propio concepto de cultura nace en una profunda paradoja, una antinomia entre dos ideas dispares: por una parte un claro espíritu de conservación que pretende el mantenimiento del orden y que aflora en el mantenimiento en el tiempo de nuestro patrimonio cultural, y, por otra, en una búsqueda constante de los límites y la libertad, reflejada en la creatividad.
Ambas tendencias se reflejan en el encargo competencial que asumen las administraciones públicas pues su propia universalidad convierte tales competencias en concurrentes. El programa que, en materia de cultura, se presenta a las elecciones municipales en Málaga contiene, en mi opinión, una de las líneas más actuales e interesantes en materia de gestión cultural municipal.
Dentro de los Derechos Sociales, entre los que debemos encuadrar los Culturales, nos encontramos con que algunos Derechos consisten en una concesión de títulos, mientras que otros constituyen un añadido de provisiones que deben facultar a los más necesitados el acceso al ejercicio de tales derechos.
Estos añadidos se instrumentan a través de políticas de redistribución de recursos para paliar la desigualdad en la distribución de las oportunidades y de políticas de reconocimiento que posibilitan el ejercicio de una discriminación activa que suavice la situación de desventaja de determinado grupo.
El lugar donde la Administración Municipal coloque teóricamente el Derecho a la Cultura va a fijar las políticas culturales, entendidas como “El conjunto de operaciones, principios, prácticas y procedimientos de gestión administrativa o presupuestaria que sirven de base a la acción cultural de las Administraciones”.
Existen importantes diferencias entre el Derecho a la Cultura y el resto de los Derechos sociales basadas fundamentalmente en la desagregación de los intereses culturales, hay carencia de necesidades de carácter cultural que sean asimilables a las necesidades básicas lo que impide su expresión bajo la forma de demandas.
Cuando existe demanda, en la mayoría de los casos, proviene de grupos implicados económicamente en la gestión de la cultura o bien es generalizada e inespecífica, salvo en el caso de los equipamientos culturales.
Será por tanto el nexo con lo social y la aplicación de políticas de reconocimiento y redistribución las que orienten la política cultural, con una visión que asimila la falta de integración y marginalidad a la falta de cultura, entendiendo ésta como sinónimo de educación o formación.
Ese nexo con lo social se muestra en el programa, que refleja la cercanía con los ciudadanos estructurando los equipamientos culturales en los barrios lejos de la promoción de ramas de actividad cultural de escasa rentabilidad, generadoras de nuevos criterios de diferenciación social, por cuanto priman facetas de actividad de carácter minoritario, accesibles a personas con un amplio capital cultural, en competencia con otras actividades. Los equipamientos necesarios para esas actividades buscan más el prestigio y la representación social que ser foros de participación.
Así pues, trabajo en barrios y participación conforman la propuesta que podría verse enriquecida si se da un paso más y la gestión de esos equipamientos se pone en manos de los propios vecinos, a través de los instrumentos administrativos que lo permitan. Serían pues, equipamientos de tercera generación, basados en la participación y que atiendan a las propias necesidades del barrio en que se enclavan: centros culturales
Pequeños, manejables y múltiples que no apuesten únicamente por la difusión, que se organicen desde las necesidades de los ciudadanos, donde las ideas creativas precedan a la gestión, que desarrollen un trabajo en red flexible con sus similares y, por fin que atiendan a la diversidad y gestionen con metodología intercultural la creciente multiculturalidad de nuestra ciudad.

¿Qué entendemos por Centro Cultural?
Existen diferentes definiciones que pretenden reflejar la esencia de un centro cultural, yo particularmente prefiero establecer una serie de descriptores que nos ayuden a entender su concepto:
1.- Es un espacio abierto a la comunidad y que refleje sus intereses.
2.- Tiene carácter multidisciplinar y asume actividades de difusión, formación y apoyo a la creación.
3.- Necesita una serie de espacios básicos multifuncionales para desarrollar sus actividades y potenciar la participación activa.
4.- Una relación en red que optimice los recursos culturales del municipio.

Imagen de : CEPESRURAL

5/02/2012

Multiculturalismo o los nuevos movimientos sociales


Siguiendo el análisis del “multiculturalismo” que propone Gunther Dietz (2001), como confluencia programática de los nuevos movimientos sociales, encontramos que el elemento común que las amalgama se centra en la reivindicación de la diferencia y la diversificación de las sociedades que los acogen. Entiendo por movimiento social aquel actor colectivo que desarrolla su actuación con intención de permanencia temporal y con el objetivo de impactar sobre la sociedad. Hasta la década de los sesenta, la corriente fundamental en antropología y sociología ponía el foco de interés en la actuación del hombre como individuo capaz de generar, desde su racionalidad, la dinámica configuradora de los movimientos sociales. Ahora bien, los cambios sociales producidos, fundamentalmente tras el mayo del sesenta y ocho, generan unas dinámicas que ya no son reductibles a “una metafísica del actor” (Melucci, citado en Dietz; 2001, p. 20). Esos cambios sociales, que son estructurales, generan una nueva dimensión de los movimientos sociales que abandonan el conflicto de clase. La cultura y su dimensión simbólica, cobran mayor importancia y comienzan a aunar las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales.
Existen una serie de características comunes que confluyen en ellos: una estructura flexible que se expresa a través de redes sin jerarquía, autonomía total frente al resto de los actores políticos, carencia de una ideología de transformación total de la sociedad cuya mejor expresión es la denominada “life politics” según Giddens[1](1999), la especialización temática, una composición heterogénea multiclasista, y una constante focalización en la identidad.
Esta confluencia programática, será el germen del “multiculturalismo” como doctrina y como corriente académica a las que nos hemos referido con anterioridad.


[1] TítuloLa tercera vía: la renovación de la socialdemocracia
Pensamiento/Taurus Series
Taurus PensamientoAutorAnthony GiddensTraducido porPedro Cifuentes HuertasEdición5, ilustradaEditorPolity Press, 1999ISBN8430603476, 9788430603473N.º de páginas166 páginas

4/23/2012

Historicismo y Romanticismo


La reacción crítica a la Ilustración emerge desde el historicismo y el movimiento romántico alemán. El Romanticismo, que se va a extender por toda la geografía europea, comienza dentro del propio mundo ilustrado en los escritos de Rousseau (citado en Mosse; 1997, p.43) en su concepto del “hombre natural” bueno y virtuoso cuando no estaba preso de la civilización. El hombre natural se convirtió en unos de los elementos fundamentales de la atmósfera romántica, pero no podemos olvidar el componente religioso, el pietismo alemán, la “piedad del corazón” como experiencia emotiva y la influencia del movimiento literario “Sturm und Drang”, con sede en Weimar (Mosse; 1997, p. 45), como vemos el Romanticismo incorpora a su atmósfera, las ideas que sostenían el concepto de “Kultur”.
Su configuración social fue la misma que la de la Ilustración: la intelectualidad independiente. No obstante, se observa, como ya hemos comentado, una diferencia clara, los ilustrados se encuentran en las cercanías del poder, ocupan plaza en las universidades, mientras que los románticos están desarraigados del poder, lo que llevará a algunos a solicitar su incorporación a empleos oficiales dependientes de los príncipes alemanes que, poco a poco, van modificando sus posiciones en relación con la “civilisation” francesa incorporándose a la corriente romántica. Estamos, por tanto ante dos movimientos intelectuales  (González García, 1993, p.63):
“Así pues, el enfrentamiento entre ilustración y Romanticismo también se traduce en la rivalidad entre dos tipos diferentes de intelectual”.
Si con la Ilustración adquiere predominancia la acción, con el Romanticismo se eleva a la persona por encima de la acción, primado la emoción y el sentimiento. Debía separarse al personaje humano del entorno, los acontecimientos externos eran meras circunstancias y la realidad ya no determinaba la actuación o la naturaleza humanas. Los sentimientos se elevan por encima de la razón, pese a que pudieran ser irracionales (Mosse, 1997, p. 42)
“El racionalismo del siglo XVIII no había sido frío y egoísta, pero los románticos no establecieron ninguna distinción entre un Scrooge y los que creían que el progreso sólo era posible por la naturaleza racional del ser humano. Para los románticos, la naturaleza humana se describía mejor a través del ‘alma’, que contenía las emociones y potenciaba la imaginación”.
Por otra parte, el Romanticismo intenta mantener al hombre íntegro, salvarlo de esa fragmentación a la que conduce la Ilustración. La naturaleza parece convertirse cada vez más en el dominio de la investigación científica. El terremoto de Lisboa (1755), supuso una brutal conmoción para los románticos de la época, privados de la posibilidad de justificar mediante castigo divino el hecho, la alternativa suponía una ruptura total entre cultura-naturaleza y el convencimiento de que la naturaleza podía ser una fuerza hostil.
A su vez, el nuevo discurso que introduce el historicismo afirma que  el mundo es historia y es, además, la historia de los pueblos. Aparece la noción de pueblo como un todo natural y una realidad histórica, estructurado por lazos de sangre y descendencia y basado en afinidades, tanto físicas como espirituales, con actividades características que lo identifican y con una impronta espiritual propia. Obtiene su aliento del “Volkgeist”, espíritu que con variaciones de un pueblo a otro, se consolida por la coincidencia de voluntades, convicciones y costumbre heredadas en el recorrido de la historia y se asienta en un territorio identificado: la patria.
Con el inicio del nacionalismo y la construcción del estado-nación moderno, basado en un criterio culturalmente homogeneizador, las antiguas comunidades que podían ejercer derechos colectivos y mantener sus prácticas ya no tienen sentido.
“El Estado moderno se basaba en una idea muy distinta de unidad social. En general, sólo se reconocía los individuos como portadores de derechos y se intentaba crear un espacio legal homogéneo compuesto de unidades políticas uniformes y sujetas al mismo cuerpo de leyes e instituciones. Se propuso desmantelar a las comunidades largamente establecidas  y reunificar a todos los individuos así ‘emancipados’ sobre la base de una autoridad centralizada y colectivamente aceptada. Puesto que el Estado no podía funcionar sin la homogeneización cultural y social como base, hace ya varios siglos que se intenta impulsar a las sociedades en esa dirección.” (Parekh; 2005, p. 25).

4/17/2012

Sexualidad y cultura



Con el ensayo "Anthropology Rediscovers Sex" la antropóloga S. Lindenbaum afirma que, con honrosas excepciones, la disciplina antropológica había sido incapaz de enfrentarse a las sorprendente diversidad sexual humana. Efectivamente, desde Malinowski hasta hasta el último tercio del siglo XX, el ensayo de Lindenbaum se publica en 1991, la sexualidad se construye al margen de la antropología.

El ensayo navega desde el paradigma del influjo cultural a la construcción social y cultural de la sexualidad lo que implica una mayor autonomía de la dimensión cultural y, lo más importante, un cambio fundamental de énfasis de lo universal a lo particular, no se trata de una apuesta por grandes teorizaciones sino de las singularidades de una sociedad concreta.

De un modo antropológico, todas las culturas crean con el fin de modelar la organización social, procesos sociales y políticos diversos, que establecerán lo permitido y lo prohibido. Los indicadores de restricción de la sexualidad, son muy diversos dependiendo del momento histórico y de la cultura. En virtud de tales indicadores se aceptaran, proscribirán o harán ilegales distintas conductas. De esto se puede inferir que son dos los procesos sociales que intervienen en la sexualidad:

  1. La sociedad, marca los límites de lo que es o no aceptable sexualmente, son los procesos reguladores del control corporal de los instintos.
  2. Los individuos (actores sociales), le permite abordar su propia sexualidad, son procesos reactivos, el individuo reacciona aceptando o rechazando lo que le es impuesto.
Hasta la publicación del ensayo de Lindenbaum y los trabajos de Manda Cesara la visión de la sexualidad tenía un componente biológico entreverado de una cierta visión cultural, pero en el que la biología resultaba determinante dentro de un modelo bipolar.
Pero las prácticas sexuales, con su elevada diversidad, desbordaban los límites del modelo bipolar con predominio biológico. La reproducción deja de ser el último objetivo y ya no puede establecerse como elemento diferenciador de hombre y mujeres.


Imagen desde http://1.bp.blogspot.com/_Mi2WaVwZC-o/TLxjH0ybA6I/AAAAAAAABNI/k_r7anM8BfA/s400/maya+sex.jpg

4/11/2012

Sobre el "diálogo"

Podemos entender, en una rápida conceptualización, que el diálogo es aquella modalidad de discurso, oral o escrito, en el que dos o más personas o grupos se comunican intercambiando ideas.
Hasta aqui, parece que el concepto es pacífico y no genera ninguna duda. Ahora bien a partir de este momento comienzan las interpretaciones. Mi amigo Max Hernández, con la fina ironía que le caracteriza afirma que el diálogo es  "un soliloquio seguido de aplausos", fantástica interpretación de un enriquecedor intercambio de ideas.
Bromas e ironías al margen, nuestros representantes, que asumen la tarea de tomar las decisiones, son responsables frente a la sociedad y deben abordar los desafíos que ésta enfrenta. Es evidente que en nuestra sociedad el diálogo debe ser democrático y que éste debe configurarse como un proceso que tiene por objetivo construir confianza y entendimiento mutuo más alla de las diferencias y que debe generar resultados positivos, para la sociedad en general y para cada una de las personas o los grupos protagonistas del diálogo. Cada iniciativa de diálogo debe tener un propósito concreto y ajustarse a una situación conflictiva o a la resolución de un problema en particular.
No se que podeis pensar vosotros, pero yo particularmente no tengo la sensación de que las llamadas al diálogo que proliferan entre los discursos de nuestros políticos tengan nada que ver ni con el diálogo democrático, ni con la necesidad de sociedades participativas y con amplia presencia de los ciudadanos.

4/09/2012

Cultura: el inicio del cambio, la ruptura de las certidumbres


En 1929, Lucien Febvre (citado en Kuper; 2001, p.41-47) organizó un seminario de fin de semana, cuya temática general se centró en la civilización “Civilisation: le mot et l’idée”. Su exposición recogió, a modo de introducción, el debate sostenido en la Sorbona sobre la “civilización” de las tribus sudamericanas, a las que, no mucho tiempo atrás, la Ilustración habría calificado de salvajes.
“’Pero ya hace largo tiempo que está vigente el concepto de una civilización de gentes no civilizadas’ (añadió el punzante comentario de que se podía imaginar a un arqueólogo ‘hablando serena y fríamente de la civilización de los hunos, que antes habían sido denominados ‘el mayal de la civilización’.”
Como ya hemos mencionado el concepto arqueológico de cultura y civilización, comienza a hacerse visible en el discurso general de la Academia. Tras los primeros pasos, la definición y sistematización del concepto de cultura y civilización en arqueología, fue llevada a cabo por Gustaf Kossina (citado en Trigger; 1992, p. 157), en su obra “Die Herkunft der Germanen” (El origen de los Alemanes), en un entorno ya caracterizado por el nacionalismo y por las teorías racistas.
El concepto de civilización había ido conformando dos corrientes interpretativas distintas, por una parte, la palabra definía la propia civilización francesa, hija de la Ilustración y considerada referente para el resto de los pueblos, mientras que, por la otra parte, se hacía referencia a un uso etnográfico que había iniciado su recorrido en las postrimerías del siglo XVIII. Este concepto no suponía ningún juicio de valor, sino que se conformaba como una referencia técnica al conjunto de características intelectuales, morales, económicas, religiosas y políticas de la vida social de una comunidad.
Febvre fija la aparición del término “civilisation” en 1766, extendiéndose su uso durante la década de 1770, para incorporarse al diccionario de la Academia Francesa en 1798.
En la línea de evolución cultural unilineal desarrollada por el pensamiento ilustrado, se utilizan los vocablos “salvaje” y “bárbaro”, para mostrar una progresión entre pueblos que carecían de las cualidades de la civilización: civismo y cortesía, junto a lo que definían como “sabiduría administrativa”. La noción de bárbaro aparece en la antigua Grecia, con el objetivo de designar los hablantes de una lengua no griega, para pasar posteriormente a referirse a los pueblos no griegos, ya tras las guerras médicas adquirió el significado de cruel, en cuanto a salvaje, también fue definido en la antigua Grecia, relacionándolo con una variedad de seres humanos o semihumanos que contribuyeron a configurar el contorno de la razón griega (Bartra, 1992, p. 16).
Con base en esta línea evolutiva de progreso, se comienza a construir una “Historia Universal” con sucesivas etapas de desarrollo, desde el salvajismo a la barbarie y de esta a la civilización, muy cercano a las teorías de Lamarck (citado en Leclerc Buffon (Comte de) & Roig, 1854, p. 15) sobre las relaciones entre las especies:
“Diverso rumbo emprende Lamarck. No camina como Linneo y Cuvier, de lo compuesto a lo simple, sino que en su ‘Introducción a la historia de los animales sin vértebras’, procede de los simple a lo compuesto.”
Sin embargo, este camino, pronto se ve cuestionado, comenzándose a admitir que, en diferentes lugares del globo, se habían desarrollado diferentes maneras de ser civilizado. Este cambio se produjo de forma simultánea en distintas disciplinas: biología, lingüística, historia o etnografía, marcando el abandono del evolucionismo unilineal, por un cierto relativismo cultural, reflejando un giro de la actitud intelectual. El optimismo generalizado, la fe en progreso había ido desvaneciéndose.
Una línea diferente se había desarrollado en Alemania destacando el contenido espiritual de la “kultur”, una tribu salvaje podía tener una civilización, en el sentido de orden político, sin un nivel elevado de cultura espiritual.