11/24/2010

Modernidad o lo que Pezzi vió y no sintió



Hernández Pezzi, concejal del Ayuntamiento de Málaga calificó a la hoy cabeza visible del Grupo Municipal socialista en el ayuntamiento de Málaga, María Gámez como "la representación de la modernidad". Su afirmación coincide con el propio discurso de la concejala que fue en su día Delegada del Gobierno y que, en su toma de posesión del cargo, afirmo que Málaga "tiene que identificarse con la modernidad y el progreso, tanto en lo económico como en lo social". Recientemente, las declaraciones del Alcalde de Madrid definiendo a la ciudad como moderna, le dieron pie para un comentario en Twitter :"La modernidad es otra cosa diferente a lo que ve Gallardón".

Supongo que esta afirmación llevará como acompañamiento una redefinición del propio concepto de modernidad, porque ya no estamos en ella y la postmodernidad cambió bases fundamentales del pensamiento. Ese progreso que aparece como metarrelato justificador de la modernidad se abandona. Por ello, George Steiner en su ensayo de 1971 "En el Castillo de Barba Azul: una aproximación a un nuevo concepto de cultura", señala que en la actualidad se han derrumbado tres axiomas de la modernidad que han dado al traste la idea de progreso: El hombre para su desarrollo debe dominar la naturaleza que muestra sus heridas: “Primero, se ha perdido o al menos está decididamente dañado el axioma del progreso que concebía la historia occidental como una curva permanente de ascenso. Segundo, ya no aceptamos la proyección según la cual el progreso necesariamente habrá de difundirse desde los centros privilegiados a todos los hombres. Tercero, ya no podemos apelar sin excesiva reserva al programa educativo del humanismo que sostenía que la ignorancia racional e ilustrada era la fuente de la crueldad y la barbarie; el tipo de conocimiento y formación otorgado por esa educación humanística no ha disminuido los niveles de violencia e injusticia en las sociedades occidentales contemporáneas”. En esa misma línea somos conscientes de la creciente capacidad destructiva de la civilización generada por la sociedad industrial y una creciente inefectividad[1] derivada de la incapacidad resolutiva del sistema político. Igualmente Touraine afirma que la imagen de la modernidad hoy día podría representarse por "una economía fluida, un poder sin centro,...., una sociedad sin actores".
Espero que no sea esa la visión de modernidad que nos propone.

Imagen tomada de :
http://www.luventicus.org/articulos/03U012/descartes.gif




[1] Illich Ivan “Energía y equidad”, Barcelona 1973. Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág 118 “Con el argumento de Brillouin (La información cuesta energía, la negentropia que constituye suscita la entropía), la idea o la ideología del control perfecto de un sistema, que debe permitir mejorar sus actuaciones, aparece como inconsistente con relación a la contradicción: disminuye la performatividad que pretende aumentar. Esta inconsistencia explica en particular la debilidad de las burocracias estatales y socio-económicas; ahogan a los sistemas o subsistemas que controlan, y se asfixian al mismo tiempo que ellos (feedback negativo).

11/12/2010

SOBRE LA COOPERACIÓN CULTURAL INTERNACIONAL DESDE ANDALUCIA


La evolución del Derecho ha permitiendo configurar los distintos procesos de acercamiento de la cultura a la sociedad, desde los derechos de primera generación, ejercidos de forma individual por los ciudadanos, y que se relacionan con las libertades, de creación y de producción artística y literaria. Estos derechos están ampliamente recogidos en la legislación española e internacional y configuraron buena parte de las actuaciones, en materia de cultura, realizadas durante nuestra transición.
Los de segunda generación o derechos sociales, relacionados con las garantías de acceso a los bienes y servicios culturales de los ciudadanos y que se vinculan con los objetivos propiciados por el Consejo de Europa en su reunión de Oslo en 1976: la democratización de la cultura y la democracia cultural.Dentro de estos Derechos Sociales, nos encontramos con que algunos consisten en una concesión de títulos, mientras que otros constituyen un añadido de provisiones que deben facultar a los más necesitados el acceso al ejercicio de tales derechos.
Estos añadidos se instrumentan a través de políticas de redistribución de recursos para paliar la desigualdad en la distribución de las oportunidades y de políticas de reconocimiento que posibilitan el ejercicio de una discriminación activa que suavice la situación de desventaja de determinado grupo.
El lugar donde coloquemos teóricamente el Derecho a la Cultura va a fijar las políticas culturales, entendidas como “El conjunto de operaciones, principios, prácticas y procedimientos de gestión administrativa o presupuestaria que sirven de base a la acción cultural de las Administraciones”.
Y, por fin, encontramos los derechos de tercera generación o derechos de los pueblos, La articulación de estos derechos de tercera generación se construye desde el reconocimiento de los derechos colectivos, pero siempre desde la primacía de los derechos individuales y se vincula con los procesos generados por la globalización.
Ante esta situación entendemos que es fundamental establecer unos principios éticos que soporten la acción política y administrativa de cooperación cultural.
Los cambios globalizadores redefinen, por su influencia, los conceptos, exigen trascender el alcance territorial o étnico de la cultura para poder abarcar las relaciones interculturales, debemos, pues, plantearnos un cambio fundamental en los mismos. Partimos de un concepto de cultura como sustantivo, lo que permite que ésta sea pensada como propiedad, pero nuestro punto de llegada es su adjetivación, la definición de lo cultural: un conjunto de diferencias articuladas con el objetivo de configurar las fronteras de la diferencia. Una adjetivación que no sustituye enteramente su uso como sustantivo, y por lo tanto tiene sentido seguir hablando de la cultura, más bien se produce una simbiosis de ambos conceptos que enriquece la percepción.
Esta definición de lo cultural como aquello que sucede en las zonas de conflicto lo configura como un proceso político, justificando plenamente nuestra intervención: los conflictos existen precisamente porque los distintos grupos participan en contextos comunes.
Uno de estos contextos comunes es nuestro territorio, nuestra comunidad andaluza, donde conviven múltiples identidades, la mayoría polimórficas y mestizas, configurando una sociedad multicultural. Nuestra respuesta, definida en el Plan Estratégico Para la Cultura en Andalucía (PECA), no puede ser el multiculturalismo, generador de nuevas desigualdades, como la experiencia política ha demostrado, sino la aplicación de políticas de interculturalidad, entendida como instrumento dialógico desde la igualdad. Si entendemos que las culturas son inconmensurables, deberemos desarrollar un profundo diálogo, autocrítico y heterocrítico que permita configurar unos nuevos soportes de convivencia, una nueva modernidad, que quizá encuentre su camino en la sociedad del conocimiento.
La emancipación y la madurez de la sociedad andaluza acarrean la aceptación de que hay otras identidades que pueden ser preferidas y, por muy diferentes que sean, las opciones no pueden discutirse recurriendo a algo más concluyente que la simple preferencia, Esta aceptación abre el camino que permite el fin del miedo al otro, al extraño y el comienzo de la tolerancia.
Ahora bien, esta tolerancia puede significar indiferencia, “le funciona ser como es pero yo no me imagino ser así”, y también despreocupación; los otros, los extraños no se van a ir y no se van a volver como nosotros, al menos a corto plazo, pero nosotros no tenemos manera de obligarlos a irse o a cambiar y dado que estamos condenados a compartir el tiempo y el espacio hagamos soportable y menos peligrosa nuestra convivencia.
Pero el respeto a la alteridad del otro, la extrañeidad en el extraño, como diría Edmond Jabés “lo extraordinario es universal”, la diferencia que nos hace parecernos, nos permite comprender que no podemos respetar nuestra propia diferencia si no respetamos la diferencia de los otros. Nuestro nexo con ellos se revela como responsabilidad, como comunidad de destino, en definitiva, requiere la solidaridad.
El derecho del otro a ser extraño es la única manera en que mi propio derecho puede establecerse, es desde su derecho desde donde se elabora el mío. Soy responsable de mí mismo y ser responsable del otro, llegan a convertirse en lo mismo. La solidaridad se hace patente cuando el lenguaje de la discriminación, del distanciamiento y de la humillación queda fuera de uso.
Al mismo tiempo, somos conscientes de que ninguna política puede desarrollarse al margen de la comunidad. La proximidad democrática y la participación son elementos clave de la acción política y, en ese sentido, la eficacia de la cooperación debe estar basada en la capacidad de los ciudadanos para tomar parte en las acciones culturales, entendemos que la administración debe pasar a ser el promotor de la participación, en un sentido que supere el concepto que Bendix tiene de la participación, entendida más como posibilidad que como acción: “…aunque la condición de ciudadano permite una participación más activa, sólo en contados casos requiere una acción efectiva.”
De esta manera damos respuesta a una cuestión de importancia:¿a quién llega la acción que estamos realizando?
Son pues, estas tres premisas: “interculturalidad, solidaridad y participación”, las que , en mi opinión, deberían configurar las bases para la cooperación internacional en materia de cultura de la comunidad autónoma andaluza, centradas en cuatro grandes ejes geográficos de actuación que son: Europa, el Mediterráneo, Iberoamérica y los Estados Unidos.
Este entramado se puede concretar en un punto de partida que defina el objetivo en esta materia: “La colaboración con otras instituciones tanto a nivel nacional como internacional para difundir la cultura andaluza, promoviendo la creación y la diversidad cultural, y apoyando el intercambio y la transferencia entre diversos ámbitos y agentes culturales
Estas actuaciones se configuran como vitales en un contexto en el que la globalización acentúa la desigualdad que ya existía entre países.
Desde la década de los años 90, cinco empresas multinacionales se apropiaron del 96% del mercado mundial de música, con resultados tales como que la canción “Travesía” de Milton do Nascimento, actualmente se denomina “Bridges” y aparece en los catálogos como obra de dos autores, el propio Milton y Give Lee que tradujo la letra al inglés. En el campo de la cinematografía el predominio del cine americano se ha convertido en un oligopolio, dejando prácticamente sin sitio a industrias tan significativas como la francesa o la rusa, basando su actuación en el control casi absoluto de la producción, la distribución y la exhibición en más de un centenar de países.
Parece por tanto evidente la necesidad de una actuación que aminore, en la medida de lo posible, una remodelación global de las industrias culturales que eliminan de la circulación internacional a extensas zonas de la producción cultural y las reduzca a expresiones minoritarias.

Con la base ética ya reseñada hemos definido tres objetivos específicos que orientan nuestro trabajo:

1) El reforzamiento de lazos culturales entre Andalucía y otros territorios mediante el desarrollo social y económico de las poblaciones a través de la cultura, entendida en su vertiente de recurso como queda patente en el PECA.

2) Contribuir a la creación del espacio cultural común europeo mediante el trabajo conjunto con otras instituciones culturales de Europa y sus regiones fronterizas, respetando la diversidad y valorizando el patrimonio cultural común.

3) Fomentar la colaboración interinstitucional y la participación de la sociedad civil en las políticas culturales.

11/11/2010

Neoliberalismo

En los inicios del siglo XXI, el neoliberalismo y la globalización son dos conceptos fundamentales que configuran nuestra sociedad. Ahora bien, el contenido formal de ambos conceptos no es universal. Las opiniones, las definiciones y los contenidos discursivos que se vierten acerca de los mismos llegan incluso a ser contradictorios. Por lo tanto, una de las primeras labores que intentaremos desarrollar consistirá en la clarificación de las relaciones entre neoliberalismo y globalización, aunque evidentemente a nivel muy superficial. En primer lugar nos acercaremos al neoliberalismo como sistema político y a la globalización financiera e industrial desarrollada en las dos últimas décadas, con la intención de comprobar su éxito o su fracaso; posteriormente, analizaremos los conceptos de falla de mercado y abandono de Gobierno, para concluir especulando sobre las tentaciones que el voluntariado puede ejercer sobre las administraciones, por cuanto diversos autores plantean la posibilidad de que los voluntarios intervengan llenando los vacíos resultantes de la retirada del Estado de determinados servicios públicos.
Este trabajo está concebido como un instrumento de reflexión y trabajo con el objetivo final centrado en el voluntariado.

¿Qué es el neoliberalismo?

Podemos definir el neoliberalismo como aquel conjunto de políticas económicas desarrolladas fundamentalmente en la década de los ochenta por los Gobiernos de Margaret Tahtcher y Ronald Reagan que recuperan las viejas ideas liberales del siglo XIX, matizadas por las teorías de F.A. Hayek[1] y Luwding von Mises[2] que se basan en la escuela austriaca de economía.
Entre los conceptos fundamentales que lo sustentan podemos destacar:
ü Gobierno del mercado. Fundamentado en la ley de la oferta y la demanda. La propiedad privada es el sustento jurídico de la economía[3] y el libre mercado el mecanismo que mejor determina los precios reales así como la mejor forma de asignar los recursos en el proceso productivo. Por tanto pretende liberar a las empresas de cualquier control y permitir la máxima apertura al comercio y a la inversión internacionales al mismo tiempo que se produce una reducción de salarios mediante la desindicalización, lo que lleva consigo la supresión y reducción de derechos adquiridos tras años de lucha sindical: “Un mercado desreglado es la mejor forma de aumentar el crecimiento económico, que en definitiva nos beneficiará a todos”[4]. Este concepto resume la economía de “goteo” que planteó Ronald Reagan.
ü Reducción del gasto público en servicios sociales. Se produce una importante reducción en el gasto y la inversión justificada por las recomendaciones del Banco Mundial que plantea como doctrina el equilibrio presupuestario. Consecuentemente el Estado de Seguridad se configura como una limitada red de seguridad.
ü Privatización. Con la justificación de una mayor eficiencia, que raramente se llega a demostrar, se produce la venta de empresas, bienes y servicios públicos a empresas privadas concentrando todavía más el capital y transformando derechos en bienes que han de pagarse con la consiguiente mercantilización de la seguridad pública, la salud e incluso la educación. Además se sataniza al Estado debilitándolo y estableciendo una dependencia política mayor del sector económico que equilibre la pérdida de apoyo de la sociedad civil en su conjunto. Se elimina el concepto de “bien público” o “comunidad”, sustituyéndose por el de “responsabilidad individual” .Además se produce presión sobre la sociedad para que atiendan a sus propias necesidades de salud, educación, etc.
ü Neocolonización. El neoliberalismo se ha impuesto doctrinalmente por poderosas instituciones financieras como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, desarrollándose inicialmente en el Cono Sur americano con el apoyo de las teorías monetaristas de la Escuela de Chicago y si bien, inicialmente, como en el caso de Chile, se impone por la fuerza, lo cierto es que su expansión se produce acompañada de su modelo político de “democracia formal”[5] y accediendo al poder mediante el triunfo en las urnas.
ü El fin de la historia y la doctrina única. Con diversos orígenes (Haegel, Nietzsche, Marx y Engels), el fin de la historia y la doctrina única aparecen en la campaña política de Margaret Tahtcher: “No hay ninguna otra alternativa: esto o el desastre; esto o el Apocalipsis”.Ya en 1920 Ludwing von Mises ( 1994; 228) afirmaba: Morirá desde luego, esta civilización, tan pronto como sea definitivamente desplazada la mentalidad liberal por cualquier otra ideología que, en definitiva, impida la cooperación social” Posteriormente, y a finales de los años ochenta, se retoma en los planteamientos de diversas fundaciones norteamericanas ligadas al Partido Republicano, tomando expresión en el ensayo de Francis Fukuyama “The end of History and the last man”[6] (1992), donde se afirma que el neocapitalismo y su expresión política, el neoliberalismo, carecen de cualquier alternativa ya que no hay forma más alta de satisfacer a los ciudadanos, así pues desaparecen las contradicciones que dieron lugar a los cambios sociales y se alcanza el estado hegeliano de autocomprensión del espíritu. Puede resultar curioso que su concepto del monopolio no se aplique al ideológico. Friedrich A. Hayeck afirma : “tiene los mismos defectos que todos los monopolios: es forzoso utilizar el producto aunque no sea satisfactorio, y, sobre todo, impiden el descubrimiento de métodos mejores de satisfacer necesidades, métodos que el monopolista no tiene ningún interés en buscar”.

¿Qué es la globalización?

El concepto de globalización, pese a su uso, cada día más frecuente, no está claramente definido, más bien se utiliza para explicar, entender y por fin justificar las nuevas realidades económicas, pero jamás se explica, jamás se entiende y jamás se justifica lo suficiente.
El modelo neoliberal concebido como un proyecto de reestructuración extremadamente conservadora del capitalismo[7](Horacio Flores de la Peña, 1997), ha ido acompañado por un proceso de globalización financiera producto de una sobreacumulación de capital que trata de sostener su desarrollo sobre unas bases sumamente débiles. Con inicio en la crisis que se produce tras el crecimiento real de la posguerra mundial, encuentra alta rentabilidad en el rentismo de los endeudamientos masivos al mismo tiempo que la recuperación de Japón, el desarrollo de las economías burbuja del sudeste asiático, la fase final de la Guerra Fría que impulsa el desarrollo tecnológico (informática y biotecnología), la mercantilización del consumo de masas, la reforma de los corredores alimenticios[8] y la creación de amplios aparatos supranacionales[9] de vigilancia del comportamiento económico y financiero han permitido la acelerada concentración del capital industrial y financiero estableciendo la hegemonía de un potente sistema corporativo transnacional que asume como suya la doctrina económica neoliberal y la transmite desde el Grupo de los Ocho o el Foro de Davos.
La globalización financiera e industrial se percibe de formas bien distintas por los diferentes sectores de la realidad social. Para los defensores del neoliberalismo y sus tesis la globalización debe ser entendida “..como un fenómeno que posibilita la libre circulación de bienes y servicios, elimina las fronteras, crea un mercado y un espacio supraregional ampliado y permite la complementariedad y el intercambio. Todo lo anterior se ha manifestado en la rápida internacionalización de la producción y las finanzas, en el crecimiento del intercambio comercial, la movilidad mayor de los factores productivos y particularmente del capital y de la integración intersectorial de la economía a nivel local e internacional” (Ana Lucía Armijos. 1995).
Contrariamente la Compañía de Jesús[10] en 1996, analiza la globalización con conclusiones bien distintas “la globalización, en tanto síntesis del mensaje dominante, con frecuencia es instrumentado como una propuesta ideológica totalizante e indiscutible, que sintetiza el neoliberalismo. La palabra globalización fue escogida como el portador ideológico de esta aspiración total, que en la práctica recoge el instrumentario neoliberal tan cargado de elementos negativos que frenan su profundización y que es una concepción radical del capitalismo que tiende a absolutizar el mercado hasta convertirlo en el medio, el método y el fin de todo comportamiento humano inteligente y racional. Según esta concepción están subordinados al mercado la vida de las personas, el comportamiento de las sociedades y la política del gobierno”, añadiendo Alberto Acosta lo siguiente: “La globalización vista con lente neoliberal, niega la posibilidad de una alternativa....y es por lo tanto otro de los mitos instrumentalizados para justificar atropellos, para ocultar responsabilidades políticas y para legitimar los intereses de los países desarrollados, de las empresas transnacionales y hasta de las élites de los países subdesarrollados. Sirve desde su marco cultural de aparente validez universal para dirigir y reorganizar el mundo en función de los requerimientos del gran capital”.
Ahora bien, esta monopolización de la doctrina política que se establece como única posible ha demostrado su fracaso en materia económica al ser incapaz de llevar desde el subdesarrollo al desarrollo a ninguno de los países que la adoptaron y ningún país del primer mundo se desarrolló siguiendo el modelo neoliberal. La grave crisis asiática y los numerosos efectos “tequila”, “samba” o “tango” son las pruebas más contundentes de ese fracaso[11].
Esta situación plantea una clara paradoja pues su fracaso económico va acompañado del triunfo ideológico, dotando al neoliberalismo de una multiplicidad de caracteres que dificultan el desarrollo de una estrategia efectiva por la izquierda. Esta dificultad impide trasladar a la sociedad las claves que le permitan identificar el fracaso, por lo que se sigue manteniendo la creencia en su éxito y la imposibilidad de establecer modelos alternativos[12]. Porque además este fracaso es relativo, pues la crisis económica es parcial. No existe una crisis global del capitalismo porque no existe una economía global sino una globalización financiera y el actual sistema sigue fundamentándose en las naciones estado.
Realmente las grandes empresas tienen su sede en los países del primer mundo, donde centralizan sus beneficios, su tecnología y su finanzas, interviniendo sus gobiernos activamente en apoyo de sus actividades. Esta desigualdad parece explicarse en las desiguales relaciones entre los Estados y sus economías, por lo que debemos analizar no sólo las interdependencias que presuntamente explican la globalización, sino sobre los desequilibrios del poder.
A modo de apunte, quiero introducir la realidad de una condición postmoderna que al desvertebrar los discursos legitimadores establecidos por la modernidad impone como condición legitimadora la eficiencia, por lo que cualquier discurso político, sea de izquierda o de derecha, se articula desde esta peculiar condición que impregna todos los aspectos de la vida en sociedad. Pero, incluso presumiendo como paradigma la eficiencia, no parece que la aplicación de los principios neoliberales sean condición para obtenerla. Joseph Stiglitz, economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial entre 1993 y 2000, en su artículo “The insider”, publicado en la revista The New Republic expone varias ideas cuestionando los mercados abiertos, la globalización irrestricta y la estabilidad macroeconómica que el Fondo Monetario Internacional impone. En relación con la función estabilizadora del mercado dice ”La ideología que dice que los marcados son más eficientes es falsa”, mientras que sobre las políticas de desregulación y privatización afirma su fracaso al menos en dos claros ejemplos: los ferrocarriles británicos y el mercado eléctrico en California “Hay que abordar cada tema de forma individual. Si uno toma una posición ideológica está condenado a cometer errores, como en el Reino Unido o California”.

Concepto de falla de mercado y abandono de Gobierno

Una vez examinados los conceptos de neoliberalismo y globalización, vamos a abordar una serie de conceptos económicos, para posteriormente relacionarlos con las políticas neoliberales.
En teoría económica se denomina falla de marcado a aquella situación en la que el mecanismo regulador del mercado no alcanza la eficiencia en la distribución de algún producto o servicio, pese a la existencia de competencia perfecta.
Una primera visión del concepto de eficiencia nos sitúa en un escenario totalmente ajeno a la justicia social. Económicamente la eficiencia se define como aquella situación en que la producción y distribución de un bien o servicio no puede organizarse para aumentar la utilidad recibida por uno o más individuos sin reducir la utilidad de otros. Esta situación se denomina como Óptimo de Pareto.
Las fallas de mercado pueden ser de tres tipos:
1. Externalidades: cuando se realizan transacciones o se toman decisiones y hay segundas o terceras partes que sufren las consecuencias de dicha transacción, en virtud de que quienes toman esas decisiones no tienen incentivo alguno para tomar en cuenta a los demás[13].
2. Información imperfecta. Sucede cuando se carece de la información necesaria para tomar las mejores decisiones. Además la información asimétrica da origen a riesgos adicionales como puede ser la selección adversa.
3. Bienes Públicos. Son una falla de mercado porque se refieren a una clase de bienes cuya producción no resulta rentable a las empresas, aunque los miembros de la sociedad los necesiten. Los Bienes Públicos producen beneficios colectivos y, en la mayoría de las sociedades, los gobiernos los elaboran o toman las medidas adecuadas para suministrarlos.
Para comprender el concepto de bien público debemos analizar dos características que se producen en el consumo del bien:
· El principio de no exclusión
· El principio de no rivalidad.

Suministro de bienes públicos

El suministro de cualquier tipo de bien en el mercado se soluciona porque los individuos revelan sus preferencias a través de opciones monetarias, es decir ofreciendo su dinero para comprar.
Los bienes públicos debido a las características de no exclusión y no rivalidad, benefician tanto a los consumidores que pagan para financiarlos como a los que no lo hacen (free-riders). Por eso los individuos no revelan sus preferencias.
Como consecuencia de la existencia de free-riders, teóricamente es posible plantear que si se deja en manos del mercado la provisión de bienes o servicios públicos se produciría un nivel inferior al eficiente.
Así pues parece necesaria la intervención pública para mantener un nivel adecuado de bienes y servicios utilizando la “elección social” (democracia), para determinar el nivel eficiente que cada sociedad determine para si misma.
Las bases generales suelen fijarse en las Constituciones de los Estados, que regulan los derechos inherentes a la población.
Esta cuestión no esta en absoluto resuelta, pues como ya hemos visto el neoliberalismo repudia la intervención estatal como mecanismo de asignación de recursos.


[1] Desarrolladas sobre todo en su libro “La desnacionalización del dinero”.
[2] Ídem en “Liberalismo”.
[3] La Constitución Española que en su artículo33 establece: “1: Se recoge el derecho a la propiedad privada y a la herencia. 2. La función social de estos derechos delimitará su contenido de acuerdo con las leyes”, parece alejarse de los planteamiento del neoliberalismo.
[4] El Premio Nobel de Economía Garys Becker en relación con la crisis argentina declara que para combatir el problema del desempleo había que flexibilizar por completo el mercado de trabajo lo que en opinión de Atilio Borón significa : “si los trabajadores están dispuestos a trabajar gratis o por menos de un dólar al mes se acaba con el problema del desempleo”.
[5] Aunque evidentemente se producen ajustes constitucionales en diversos países, como el Perú de Fujimori, que permiten ajustar las Cartas Magnas a los intereses del neoliberalismo.
[6] Con ideas tomadas de Hegel y de Kojeve, Fukuyama carece de su formación filosófica mostrando en opinión de Alfredo Rubio (La participación de la comunidad en la gestión urbana y la protección del patrimonio. 2000) “....el evidente descaro con que operan tanto los intelectuales y científicos sociales norteamericanos como las industrias culturales que les sirven de base...”
[7] Horacio Flores, embajador de México en Francia y la Unión Soviética, así como Director de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM desarrolló esa idea en su ensayo “El Neoliberalismo: Modelo estéril” : “ .... Es una guerra contra los pobres....parte de una originalidad mentirosa porque ni es nuevo, y no es liberal. Sus partidarios son los mismos conservadores radicales de siempre que se apropiaron de un buen nombre para vender un mal producto cuyas virtudes se predican con fe religiosa.”
[8] Entendida como la concentración de la producción de alimentos, se inicia con la llamada revolución verde y se ha mostrado como uno de los puntos fundamentales de apoyo a la globalización poniendo en manos de los USA la gran reserva alimenticia del mundo.
[9] Estos aparatos supranacionales tienen su origen en las organizaciones creadas tras la II Guerra Mundial en Breton Woods, a los que se les ha ido agregando otros que obedecen a diversas dificultades en el desarrollo económico neoliberal y que necesitaban de foros de solución para sus controversias, como la Organización Mundial del Comercio, el Grupo de los Siete o el foro de Davos.
[10] Juan Bernardo de León “La globalización no es una ideología, no es una panacea, no es una moda, es más bien un contexto complejo y casi totalizador en el que estamos irremediablemente inmerso ni siquiera por nuestra voluntad”.
[11] Curiosamente Chile que pretendió ser un paradigma de las políticas neoliberales, no adoptó de forma ortodoxa sus recomendaciones. En Chile no se privatizó, el tamaño del Estado lejos de disminuir ha ido creciendo y por último, tiene un mercado financiero regularizado. Resulta sorprendente observar como Chile ha quedado relativamente a salvo de las sucesivas crisis sudamericanas.
[12] En este sentido es claro el ejemplo de Argentina que volvió a nombrar Ministro de Economía a Cavallo, a quien en su momento se hizo responsable del fracaso económico del país y que no hizo otra cosa que aplicar el modelo neoliberal.
[13] José Vargas Hernández afirma:”….”La globalización es un factor importante que ha contribuido a la disfuncionalidad de las instituciones del mercado, la sociedad y el Estado…. generando externalidades irresolubles… los intereses de los dueños de eses capital y de los inversionistas se sobreponen a los intereses colectivos de las sociedades. Los procesos de diferenciación por los que atraviesan los Estados-Nación bajo la globalización, reducen las funciones y los recursos del Estado en beneficio del mercado”

11/10/2010

"La educación intercultural. Una metodología a compartir; desde el aula a los entornos próximos"

Introducción
Antes de iniciar el desarrollo conceptual de nuestra exposición queremos dejar clara la importancia que le concedemos a establecer como punto de partida un concepto de cultura lo más preciso posible. Realmente, una gran mayoría de la producción científica sobre interculturalidad y multiculturalidad ha sido generada en el ámbito educativo y con el mismo destino. Esta circunstancia ha propiciado construcciones tipológicas en las que se han desarrollado modelos de gestión de la diversidad cultural, basados en la nacionalidad y, otras veces, en la religión, reduciendo al mínimo la complejidad de las culturas.
Hay términos que pueden encubrir una transformación continua con ritmo variable, llegando a convertirse en signos . Evidentemente el término cultura se ajusta a tal situación. Basta únicamente considerar el elevado número de definiciones que pretenden explicarla y el número de disciplinas científicas que se interesan en ella y a las que afecta. Del mismo modo, durante su itinerario a través del tiempo va asumiendo significados provisionales y generalmente siempre está a punto de cambiar hacia algo nuevo.
Se considera que la definición de cultura más completa es la de Mundiacult de 1982 y que desde entonces prácticamente no se ha avanzado. No obstante, las últimas líneas de pensamiento, que vienen a coincidir con el proceso acelerado de globalización y con el desarrollo de la sociedad de la información o del conocimiento, nos plantean la cultura de una manera distinta, no como sustantivo sino más bien a modo de adjetivo. Nos referiremos pues a lo cultural referido a:
“…..diferencias, contrastes y comparaciones, pensándola menos como una propiedad de los individuos y de los grupos y más como un recurso heurístico que podemos usar para hablar de la diferencia, es decir, como el subconjunto de diferencias que fueron seleccionadas y movilizadas para articular las fronteras de la diferencia” (Appadurai 2001)
Así pues, en vez de hablar de cultura como sistema de significados, hablaremos de lo cultural como el choque de significados en las fronteras, como algo que sucede en zonas de conflicto, con interpretaciones locales y con una clara vocación política, en la medida en que establece los modos de relación, y las alianzas, negociaciones o enfrentamientos. Es la cultura pública que tiene coherencia textual, pero diferentes interpretaciones.
En una línea similar encontramos las propuestas de Zygmunt Bauman (2002) que defiende un concepto de cultura como matriz, es decir, como estructura básica de elección con infinitas posibilidades.
“El factor más prominente de la vida contemporánea es la variedad cultural de las sociedades, más que la variedad de culturas en la sociedad: aceptar o rechazar una forma cultural no es más que un trato puntual, no requiere aceptar o rechazar todo el inventario existente ni implica una “conversión cultural”. Y tal vez siempre haya sido así. Pero incluso si, en algún momento, las culturas fueron sistemas completos en el que cada unidad era crucial e indispensable para la supervivencia de todas las otras, es casi seguro que lo han dejado de ser”.
Estructuras Conceptuales
Una de las actuaciones más urgentes que los investigadores de la interculturalidad deben acometer es la clarificación terminológica de los conceptos sobre los que se trabaja. Multiculturalidad e interculturalidad son elementos que se han incorporado al discurso de múltiples disciplinas y son de uso corriente en el lenguaje de los más variados agentes sociales: políticos, trabajadores sociales, medios de comunicación, educadores, etc. Y parece suficientemente claro que no siempre entendemos lo mismo. Esa es la razón que nos lleva a hacer explícita nuestra conceptualización, fundamentalmente en lo referente a interculturalidad, ya que constituye la base de nuestra exposición.
. Multiculturalidad
Realidad social, descripción de la sociedad que está compuesta por distintos grupos que interpretan lo cultural de forma diferente como consecuencia de su diversidad en cualquiera de las múltiples facetas que conforman lo cultural.
Multiculturalismo
Entendemos que podemos acercarnos a su concepto desde dos planos: 1) como respuesta institucional a la multiculturalidad, designando, en este caso, las políticas de atención a las minorías desarrolladas fundamentalmente en los países anglosajones. Y 2) como doctrina que respalda la concesión de derechos diferenciados a las minorías culturales.
Interculturalidad
Metodología, conjunto de procedimientos que orienten lo cultural, basados en el diálogo, la autocrítica y la heterocrítica, la alteridad, la reciprocidad, la cooperación y la solidaridad como superación de la tolerancia.
Intentaremos profundizar someramente en este concepto. El común denominador de la mayoría de los trabajos que abordan una definición de interculturalidad viene definido por la relación entre culturas, ahora bien las condiciones en que debe producirse la relación varían. En unos casos se plantea que la relación debe ser horizontal, en otros se menciona el respeto o el diálogo, igualmente se plantea la comprensión, la simetría, etc.
En nuestra opinión consideramos necesario que las relaciones entre culturas reúnan todos los condicionantes a los que hemos hecho mención para que la metodología que proponemos sea efectiva. Resulta especialmente relevante la consideración de la solidaridad. Tolerancia, siguiendo a autores como Bauman, Dussel, Jabés o Tenembaum, puede significar despreocupación e indiferencia:
“Ser benévolo y la tolerancia para la cual representa el símbolo de conducta y de expresión bien puede significar indiferencia y despreocupación derivadas de la resignación (…): el Otro no va a ir y no se va a volver como yo, pero no tengo manera (en este momento por lo menos, o en un futuro previsible) de obligarlo a irse o a cambiar. Como estamos condenados a compartir tiempo y espacio, hagamos soportable y un poco menos peligrosa nuestra coexistencia. Espero que mi oferta de reciprocidad sea aceptada; esa esperanza es mi única arma” (Bauman 2007 en “Las contradicciones culturales de la modernidad”).
Incluso podemos llegar algo más lejos, tolerar puede implicar la convicción, en quien tolera, de que la persona, el grupo o la conducta tolerada implica algo defectuoso, imperfecto, que no se ajusta a los valores y creencias propias. El concepto de tolerancia implica, igualmente, la certeza de que es posible distinguir lo correcto de lo incorrecto y, por ello, genera visiones opuestas. La tolerancia niega a los otros, a los extraños, posiciones equiparables en la sociedad. Las implicaciones de la palabra son subconscientes y no enunciadas: estamos separados y no somos iguales. Por consiguiente, antes que generar solidaridad, el concepto de tolerancia la proscribe al impedir la igualdad, y al hacerlo así promueve una relación de dominante y dominado.
Sólo sintiéndonos solidarios y corresponsables de nuestro futuro compartido, podemos construir de forma inequívoca una sociedad multicultural que no presente los problemas actuales:
“Mi nexo con el extraño se revela como responsabilidad; más que la neutralidad indiferente o incluso la aceptación cognitiva de la similaridad de condición (y ciertamente no mediante la desdeñosa versión de la tolerancia: le funciona ser como es, y hay que dejarlo ser, aunque no me imagino siendo así. Se revela, en otras palabras, como comunidad de destino, y no simple semejanza de sino. A un sino compartido le es suficiente con la tolerancia mutua; un destino conjunto requiere solidaridad” (Bauman 2007 en “Las contradicciones culturales de la modernidad”).
Las prácticas interculturales en los centros educativos
Pese a la clara existencia de la diversidad en España, las tendencias homogeneizadoras mantuvieron la ficción de la cultura única y no se iniciaron prácticas interculturales en nuestros centros, hasta la llegada de inmigrantes ajenos a la cultura hegemónica occidental. Del mismo modo, la visión de los medios de comunicación centra la multiculturalidad en ese mismo parámetro.
Si a esta realidad unimos la escasa atención que se prestó a la conceptualización sobre cultura, nos encontramos con unas actuaciones dominadas por una visión estática de la cultura y que, en la mayoría de los casos, no conseguían otra cosa que potenciar criterios asimilacionistas.
Necesitamos, por tanto, desarrollar propuestas educativas, que respondan a la realidad multicultural de nuestra sociedad:
“Nuestras sociedades son multiculturales, pluriétnicas, con múltiples realidades y relaciones desde perspectivas de género, de religión, nacionalismos, diversidad física, psíquica o sensorial, etc. Pero la realidad es que la política social, y especialmente las políticas educativas, si bien últimamente parecen haber asumido nominativamente un discurso intercultural, no han apostado realmente por una educación intercultural que no sólo relaciona la educación con las diferencias culturales, sino que establezca ese fenómeno social que conlleva la multiculturalidad como eje principal e imprescindible para construir una educación pública y de calidad” (Vila Merino 2005).
Vivimos todavía un momento de confusión, sin una política clara que oriente la gestión de la diversidad por parte de las administraciones competentes en materia de educación, sin afrontar las necesidades formativas específicas del profesorado, la interculturalidad se desliza entre las acciones plenas de fuerza pero individuales de los docentes. En este contexto se incorpora nuestra propuesta, queriendo integrarse en las líneas programáticas de la teoría crítica del curriculum, del mismo el eje central gira alrededor del diálogo y la diversidad, se construye de forma cooperativa y democrática y aspira a la emancipación.
Existen bastantes modelos de educación multicultural y no tenemos posibilidad de hacerlos presentes en este trabajo, pero es evidente que nuestra propuesta metodológica acompaña a los enfoques de cambio social que generan una nueva sociedad de la mano de una actuación que incluya todos los ámbitos sociales y no sólo el educativo.
Por tanto, la metodología que proponemos para las intervenciones interculturales, pretende lograr que los individuos participantes y beneficiados de tales intervenciones puedan desarrollar competencias en múltiples sistemas de diferencias, contrates y comparaciones, es decir en múltiples lecturas de lo cultural.
Prácticas en entornos próximos
Como ya hemos comentado, nuestra apuesta por el enfoque de cambio social implica actuaciones en todos los ámbitos sociales y, por supuesto, en los entornos próximos.
La importancia de los contextos de desarrollo en los aprendizajes y el papel del resto de los actores que conviven en los entornos próximos mediatizan el resultado final del proceso de aprendizaje. Por tanto, la intervención intercultural debe hacerse notar en esos entornos próximos como muestra de la convivencia compartida y el mutuo respeto
Bibliografía
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Vila Merino, Eduardo S. 2005. “Ética, Interculturalidad y Educación Democrática. Hacia una Pedagogía de la Alteridad”. Huelva. Hergue