6/17/2011

Francia y la civilisation


Francia unifica la acción civilizadora, humana y acumulativa en el camino del progreso. Esta idea se va construyendo a lo largo del siglo XVIII fundamentalmente como oposición a las teorías del “ancien régime” conformando las bases de un pensamiento evolucionista popular que caló entre las clases medias francesas.
Efectivamente, la filosofía ilustrada generó una visión evolucionista de la historia que puso en cuestión el antiguo esquema del medievo. El origen lo encontramos en Francia, en autores como Condorcet, Turgot, Voltaire o Montesquieu, donde la creciente debilidad de las clases sociales frente al poder absolutista pudo servir de acicate para generar el amplio debate que se produjo. Condorcet estableció en su obra fundamental, “Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del ser humano”, una línea de progreso en el ser humano con nueve etapas, esbozando una décima donde los seres humanos alcanzarían la perfección. Es decir, debemos entender la evolución en el sentido de cambio de una forma a otra (Harris; 1993), un concepto simple, que estaba muy alejado del concepto biológico de evolución, como lo prueban las resistencias mostradas a las teorías evolucionistas (Darwin, 1992).
Son varias las ideas de la Ilustración que se encuentran en el trasfondo de la “civilisation”. Una de ellas afirma la “unidad psíquica” de los seres humanos. Todos los grupos humanos compartían las mismas emociones básicas desde un mismo nivel y tipo de inteligencia. Eso a pesar de que los individuos que formaban parte de esos grupos fuesen totalmente distintos. Desde esta base, era lógico pensar que no debían existir barreras biológicas que fuesen un impedimento para que cualquiera de esos grupos humanos se beneficiase de los nuevos conocimientos que la ciencia y la razón iban acumulando o, que contribuyesen al desarrollo común de la humanidad. Todos, por tanto pueden ser civilizados, desde su visión más etnocéntrica, los franceses, los líderes de la civilización, tenderán a identificar su civilización con la cultura universal y hay que confiar en la victoria final del progreso. Las diferencias culturales son explicables, en opinión de Locke, en términos geográficos y climáticos, que ya fueron formuladas en Hipócrates o Polibio, Polión, o los geógrafos árabes Ibn Idrisi o Ibn Jaldún (citados en Harris, 1993). Aunque también cabían explicaciones más simples: accidentes históricos. Ahora bien, esa visión más etnocentrista, no refleja la totalidad del pensamiento ilustrado, existe una corriente que tiende a explicar las diferencias socioculturales como consecuencias de la razón. “[…] lo que dirige la historia es la elección inteligente y racional del hombre” (Harris; 1993, p- 35).
Por otra parte la característica fundamental de la historia humana era el progreso. El cambio, era entendido como continuado, continuo no episódico y estaba basado en causas naturales, quedaba lejos la idea medieval que consideraba inconcebible el progreso sin la intervención divina. Y en ese enfrentamiento cultura naturaleza había que actuar adquiriendo control sobre la naturaleza.
Aunque con excepciones, los filósofos ilustrados consideraban que el progreso era inevitable, incluso una ley natural, y que éste conllevaría la génesis de una serie de conceptos que permitirían la explicación del cambio social. El progreso se convirtió en una metarrelato justificador de la modernidad, pues no solamente afectaba al desarrollo tecnológico sino que, en su opinión, resultarían afectadas la organización social, la religión o la política. Estos cambios serían afines y consecutivos en la única posible línea de desarrollo. Entonces, si existe unidad psíquica y el único camino posible está marcado, todas las sociedades que se encuentren en un mismo nivel de desarrollo deben encontrar soluciones similares para sus conflictos y su cultura evolucionará de forma paralela.
El progreso mejora la condición humana, no modificándola ya que se mantiene la idea cristiana de una naturaleza inmutable, sino simplemente eliminando la ignorancia mediante la educación y permitiendo que la razón regule el comportamiento. Condorcet afirmó que la cultura “puede mejorar a las propias generaciones y que el perfeccionamiento en las facultades de los individuos es transmisible a sus descendientes” y, como afirma Diderot en su carta a Catalina de Rusia “Plan de una universidad oficial rusa”, enseñar es civilizar. D’Holbach en su libro “Elementos de la Moral Universal o Catecismo de la Naturaleza” (1820, p. 32-33) afirma:
“Entiéndese por educación el arte de hacer al hombre que contraiga en su infancia los hábitos que pueden contribuir á su felicidad: educar á uno, es hacerle que haga esperiencias, y habituarle á que juzgue según ellas: si la educación es buena, el hombre se hace razonable, y si la educación es descuidada, sale todo lo contrario”.
 Rousseau utiliza cultura como sinónimo de formación individual y con connotaciones negativas (1990, p. 265), ya que como claro defensor de la naturaleza se posiciona junto a ésta en la oposición cultura-naturaleza:
“Este estudio de los varios pueblos en sus apartadas provincias, y en la secillez de su índole general, ofrece una observación general muy concordante con mi epígrafe, y que consuela mucho el corazón humano; y es que, observadas así todas las naciones, parece que son más apreciables: quanto más a la naturaleza se acercan, mas domina la bondad en su carácter; sólo encerrandose en las ciudades, y alterándose á poder de cultura, se depravan, y convierten en perniciosos y agradables vicios algunos más toscos que dañosos defectos.”
 No obstante, Rousseau sostenía que la educación tenía tal capacidad que permitía la transición del estado animal al hombre. Ahora bien, como nos dice Kant (1989, p. 25), la Ilustración:
“Es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y de valor para servirse por si mismo de ella sin la tutela de otro.”
En virtud de esa culpabilidad, la necesidad de orden era evidente y la escuela se configuró como fábrica de orden. La unión entre educación, cultura y civilización conformó la cultura como sistémica (Bauman; 2001, p. 164)
“Como en el caso de cualquier fábrica de orden, el estado supremo previsto para la cultura era el de un sistema, donde todo elemento tiene una función que cumplir, donde no se deja nada a la casualidad, ningún elemento se deja solo, sino que encaja, forma equipo y coopera con el otro; donde el choque entre los elementos sólo puede derivar de un error de diseño o construcción, de la negligencia o el defecto; y que sólo deja espacio para aquellas normas de conducta que desempeñan una función útil para ayudar a obtener el modelo de orden previsto.”
Por tanto, un criterio de acción, educativo, universal, jerárquico, sistémico y evolutivo caracterizó la aportación, en alguna medida todavía viva, de la Ilustración en Francia a la construcción del concepto de cultura. Pero era evidente que sólo podía referirse a la cultura en singular, en cuanto universal y extensible a toda la humanidad.

6/14/2011

Alemania bildung, kultur

Al mismo tiempo que Francia desarrollaba el concepto de civilización Alemania iniciaba una seria resistencia a su expansión universal. Si bien, inicialmente los dos países habían desarrollado una concepción de cultura muy similar, con el tiempo se fue estableciendo una diferencia, la tradición nacional frente al cosmopolitismo, el espíritu frente a lo material, las artes y las artesanías frente a la tecnología y las emociones frente a la razón, configuraron el concepto de “Kultur” frente al de “Civilisation”.
La noción alemana de “bildung” equivalía a formación o educación, en el mismo sentido que utilizaban Condorcet o Diderot, y con la misma necesidad imperiosa de actuación, de crear barreras que impidan la barbarie. Pero esa formación se orienta hacia las necesidades del alma individual y es pesimista respecto al progreso secular hacia el que se muestran profundas reticencias.
La noción de “kultur” resalta lo diferente lo específico y su desarrollo más completo se logra con el romanticismo alemán, la idea de nación y los reiterados esfuerzos por lograr la unidad política de la Gran Alemania. No era un término nuevo, más bien podemos decir que fue un término en expansión, no diferente del propio término cultura, y los que siempre resulta complicado, por no decir imposible, definir en que momento puede darse por concluida su evolución, dependerá en gran medida de nuestra propia interpretación.
La expansión del término recoge el paso de lo individual a lo colectivo, después acogió todos los logros humanos, no sólo aquellos provenientes de la agricultura o la educación, para finalmente, en un salto problemático por su novedad y por la carga de profundidad que conllevaba, pasar de connotar la actividad a referirse al resultado: el hombre cultivado y los productos culturales.
Mediado el siglo XVIII y fomentado por la Ilustración, el término “kultur” adquirió el significado de cuidado de los campos y los bosques y, un siglo después, paso a designar, como ya hemos comentado, el producto final, el nuevo estado de los bosques y campos. En su traslado metafórico desde el cultivo de la tierra al cultivo del alma, tuvo una especial importancia Pudendorf, (citado en Goberna Falque, 1999) y su obra “De iure naturae et gentium”, donde utiliza de forma reiterada el concepto ciceroniano de “cultura animi”, introduciendo al mismo tiempo la oposición cultura naturaleza. Cultura como opuesta a barbarie que expresa el refinamiento y la capacidad de ordenamiento de la sociedad. Nuevamente observamos, en este caso explicitada de forma elocuente, la configuración de la cultura como fábrica de orden. La cultura se ha convertido ya, para Pudendorf en una “forma de ser que se eleva sobre el estado natural” (Goberna Falque, 1999, p. 38).
El concepto, ya realizada su traslación metafórica, inicia su andadura hacia 1760. Con anterioridad, su uso se configuraba como la técnica del trabajo en los campos, pero a partir de esa fecha comienza a quedar situado en el entorno de “Bildung” y “Veredlung” o refinamiento, aunque estrictamente personal y referido fundamentalmente a las virtudes del espíritu.
Con posterioridad, el concepto de “kultur” se fue escindiendo en dos grandes líneas. Por una parte, su uso corriente siguió soportándose en el concepto de “bildung”, mientras que por otra inició el proceso de construcción de su cientificidad. Es ese uso no corriente del concepto el que realmente se transmite en la formación del concepto moderno de cultura. Y comienza aplicándose las costumbres de las sociedades individuales, de manera especial a aquellas que presentaban un alto grado de cohesión, con formas de vidas, campesinas que cambiaban de manera muy lenta en contraste con los centros urbanos “civilizados”, sometidos a un rápido cambio.
En las últimas décadas del siglo XVIII, comienzan a aparecer textos sobre “historia cultural” (Kulturgeschichte) y, ya en el siglo XIX (1874) Klemm (citado en Trigger, 1992) publicó una serie etnográfica denominada “Allgemenie Cultur-Geschichte der Menscheit” (Historia cultural de la humanidad). Desde esta posición se dieron los primeros pasos hacia una concepción de la cultura como forma de vida transmitida de generación en generación y hacia la ruptura de la concepción jerárquica aceptando la existencia de culturas entre los grupos no civilizados o primitivos.
También en este momento, y de manera independiente en diferentes escuelas de Arqueología, comienza a desarrollarse el concepto de cultura arqueológica como (Trigger, 1192, p.157):
Conjuntos de material arqueológico prehistórico geográfica y temporalmente restringidos y su identificación como los restos de diversos grupos étnicos
En resumen, la noción de “kultur” se fue estableciendo en confrontación con la “civilisation” francesa, entendida en Alemania como algo externo, ajeno a los valores alemanes y situado en las inmediaciones del poder político y económico, mientras que los intelectuales que desarrollaron el concepto de “kultur” se situaban en la oposición a las aristocracias y los príncipes de los diferentes estados alemanes. De hecho, el más potente de los estados alemanes, Prusia, impulsó a través de Federico II el Grande la “civilisation”, convirtiendo el francés en el lenguaje de su corte. Como corolario de esa confrontación Spengler (1993, p. 61) afirma:
“La civilización es el inevitable sino de toda cultura. Hemos subido a la cima desde donde se hacen solubles los últimos y más difíciles problemas de la morfología histórica. Civilización es el extremo y más artificioso estado a que puede llegar una especie superior de hombres. Es un remate; subsigue a la acción creadora como lo ya creado, lo ya hecho, a la vida como la muerte, a la evolución como el anquilosamiento, al campo y a la infancia de las almas –que se manifiesta, por ejemplo, en el dórico y en el gótico- como la decrepitud espiritual y la urbe mundial, petrificada y petrificante. Es un final irrevocable, al que se llega siempre de nuevo, con íntima necesidad”
Naturaleza y pequeñas aldeas frente a la ciudad, recuperación del gótico como característica creadora vital de los alemanes, y la civilización como final no deseado de la “kultur”. Mientras que Francia entiende la civilización como un complejo que incorporaba los hechos políticos, económicos y sociales, la “kultur” alemana se refiere esencialmente a hechos intelectuales, artísticos y religiosos de naturaleza creadora. Además, era un concepto a la vez nacional y personal, una progresión de la persona hacia la perfección espiritual.

6/10/2011

Inglaterra refinement la construcción del concepto de cultura

Inglaterra, se mantiene equidistante de las construcciones alemana y francesa de la cultura. En el inicio de la modernidad, habían intentado compendiar las dos tradiciones continentales, pero el desarrollo económico propiciado por la revolución industrial, generó una corriente pensamiento que consideró el materialismo y la tecnología de la civilización moderna como enemigos: “Poesía contra Mammon”, en definición de Shelley (citado en Kuper; 2001, p. 27).
Ante esta situación, la defensa se encontraba en los valores culturales mantenidos a lo largo del tiempo y representados por las grandes obras del arte y la filosofía. Quizá, el autor más destacado en esta tradición inglesa sea Matthew Arnold, como nos dice Martín Caballero (2006, p.54):
“[…] el autor más representativo en este debate. Su obra más famosa Culture and Anarchy. An essay in Political and Social Criticism  de 1867-69. Frente a los efectos destructivos de la modernidad, que conllevaba la anarquía y el embrutecimiento cultural, Arnold quería instaurar una serie de valores culturales compartidos. Estos valores llevarían a una vuelta a la ‘verdadera cultura’, planteada como ‘lo mejor que se ha dicho y pensado’. Por tanto, la ‘verdadera cultura’ descansaría en una recuperación de la alta tradición literaria.”
Resulta significativa su definición de cultura “lo mejor que se ha dicho y sabido” (Citado en Kuper, 2001, p. “7). Al igual que en el continente, en la Inglaterra del siglo XVIII, existe la contraposición entre una cultura sofisticada, la del “gentry”, de la pequeña nobleza rural y urbana, y una cultura popular, al mismo tiempo que comenzaba a desarrollarse la cultura industrial fruto de la revolución económica que había tenido lugar en el país.
Es contra esta última contra la que se produce la contestación de los intelectuales, e igualmente es con ésta con la que se gestiona la diferencia cultos-bárbaros, pues la cultura popular, pese a ser una cultura de resistencia, esta basada igualmente en la tradición y, además, se daba una curiosa circunstancia: los cultos, los ilustrados, leían en público a los iletrados (pertenecientes a la cultura popular inglesa), obras cumbres de la literatura.
Y dado, que en la teoría ilustrada la cultura o bien equivale o bien se transmite mediante la educación, y su mejor resultado es “lo mejor que se ha dicho y sabido”, será en estos ámbitos donde un intelectual debe mejorar, debe refinarse. Nuevamente el concepto de acción que nos menciona Bauman (2001), la creación de muros frente a la barbarie, las instituciones creadoras de orden y la dicotomía cultos, incultos. En este contexto, se introduce, otro elemento fundamental, si la cultura configura el devenir de una nación, la cultura debe convertirse en un escenario fundamental para la acción política, que ha de intervenir, dirigiendo, orientando y matizando las distintas intervenciones con un objetivo claro: el mantenimiento del orden social y la transmisión de “lo mejor que se ha dicho y sabido”.

6/01/2011

Ilustración y cultura


La configuración moderna del significado, pese a que ya se observan indicios y elementos constituyentes del concepto en los inicios del siglo, se posterga en el tiempo hasta el tercer cuarto del siglo XVIII, como se observa en los países que, desde los criterios básicos de la Ilustración, inician la modernidad. En opinión de Bauman (2001; 162):
“La noción de cultura, nacida y configurada en el tercer cuarto del siglo XVIII (en los fundamentales años que Kosseleck ha denominado “el paso de montaña”, cuando nacieron también la filosofía de la historia, la antropología y la estética, todas al unísono para redisponer la visión del mundo en torno a las ideas y las actividades humanas), en los países que en aquel momento se encontraban en el umbral de la modernidad, no fue una excepción a esa regla general. Destinada a una carrera universal fue, sin embargo, concebida a partir de la experiencia particular de unas gentes particulares que vivieron en tiempos particulares.


En todos aquellos países se trasluce la imperiosa necesidad de realizar un esfuerzo educador, civilizador, formador, un proceso de enculturación (Bauman 2001; 162):
“El francés civilisation, el alemán bildung, el inglés refinement (las tres corrientes discursivas destinadas a fluir unidas hacia el lecho fluvial del discurso cultural supranacional) eran nombres de actividades (y actividades intencionadas por lo demás). Informaban sobre lo que se ha hecho y lo que se debería hacer o se hará: hablaban de un esfuerzo civilizador, de educación, mejora moral o ennoblecimiento del gusto. Los tres términos transmitían, el sentido de ansiedad y la necesidad de hacer algo sobre sus causas”
La intervención se convierte en necesaria, si no lo hacemos, si no actuamos el mundo se convertirá en un lugar insoportable, donde si permitimos que las persones actúen dejadas a su libre albedrío presenciaremos actuaciones brutales, debemos pues, utilizar nuestra razón y nuestra voluntad, generando, mediante el recurso a nuestra “auctoritas”[1] unos procedimientos adecuados que permitan el aprendizaje de todos y un progreso generalizado, en el sentido de avance desde peores a mejores condiciones. Esta formación, o el saber que la sustenta, encuentra en la cultura el elemento diferenciador que conceptúa como buenos o malos los enunciados o las actuaciones. Serán buenos en cuanto se ajusten a los criterios socialmente aceptados en ese entorno. Esta forma de legitimación se obtiene por el consenso social, y este consenso que permite diferenciar a quien sabe y a quien no sabe (el ajeno, el extranjero, el otro) es lo que constituye la cultura de un pueblo. Este criterio educativo, la”civilisation” o el “bildung” va ocupando, utilizando el término antropológico de enculturación, el “gabinete vacío”.




[1] En Derecho romano se entiende por auctoritas una cierta legitimación socialmente reconocida, que procede de un saber y que se otorga a una serie de ciudadanos. Ostenta la auctoritas aquella personalidad o institución, que tiene capacidad moral para emitir una opinión cualificada sobre una decisión. Si bien dicha decisión no es vinculante legalmente, ni puede ser impuesta, tiene un valor de índole moral muy fuerte. El término es en realidad intraducible, y la palabra castellana "autoridad" apenas es una sombra del verdadero significado de la palabra latina.

El concepto se contrapone al de potestas o poder socialmente reconocido.

La fuente de auctoritas fue principalmente el Senado romano, si bien una serie de personalidades importantes también la tenían cuando no ocupaban cargos de magistraturas con potestas. Pero durante el Bajo Imperio la auctoritas derivaba directamente del propio emperador.

5/24/2011

Soy culpable

Soy culpable por mirar hacia otro lado mientras secuestraban nuestra democracia. Soy culpable por no indignarme antes, por no haber querido entender que la deriva de nuestro estado se iba alejando de lo que tod@s quisimos construir durante la transición. Soy culpable por no haber exigido la reforma electoral cuando comprendí que nuestra democracia se transformaba en partitocracia. Soy culpable por vagancia por dejar que el espacio político fuera ocupado por quienes era evidente que buscaban un espacio al sol, sin importar cual fuera este. Soy culpable por prepotente y orgulloso, por sentirme muy satisfecho desarrollando fórmulas de participación, sin percatarme del nulo interés que generaban. Soy culpable de desidia y desinterés, por no levantar mi voz con fuerza para impedir que se dejara fuera del espacio político a ciudadanos de nuestro país por no querer formar parte de él. Soy culpable por no luchar para impedir que la riqueza que habíamos obtenido entre tod@s se privatizara en beneficio de unos pocos. Soy culpable por no luchar para impedir que el  Estado financiara las pérdidas (en muchos casos ficticias) del sistema financiero mientras desatendía a sus ciudadanos más necesitados. Soy culpable por permitir que los sindicatos dejaran de ser sindicatos. Soy culpable por no entender que mi propia línea teórica de investigación sobre cultura me impedía ver que la mayoría de los procesos de desigualdad, tienen un profundo componente social. Soy culpable por tantas cosas……..

5/23/2011

Recuerdos de André Gluskman La tarta de nata del PSOE

"Camaradas socialistas, amigas y amigos
ha llegado la hora de hacer balance.
Fuimos mayoritarios, somos minoritarios,
 no hay porque desesperarse; en estos percances,
habituales en los regímenes democráticos,
es sabio aquel que sabe esperar un retorno de la coyuntura
y mantiene con firmeza la tesis: "Mi bando siempre tiene razón"
Elogio de la tarta de nata André Glusskman

Paso el tiempo de vino y rosas y la dura y grisácea realidad vela la mirada resacosa de las personas que han dilapidado en once meses las esperanzas de regeneración de muchos ciudadanos.
Autocrítica?.. no parece que ese sea el camino, en su conceptualización de crítica sólo existe un componente la heterocrítica; siempre son las circunstancias, las actuaciones de los demás las que emergen en los malos resultados. La crisis, no la desafortunada gestión de la misma, la aplicación, disfrazada de progreso, de  políticas neoliberales supuestamente impuestas, (quiero pensar que es así, no que las mentes grandilocuentes de los responsables del Gobierno, sean coautores de tal ataque a lo social), ha pasado factura a un gobierno que impulsó el mayor calendario legislativo en política social de la historia de nuestra democracia.
André Gluckman en su libro "La estupidez: ideología de la postomodernidad"  nos dice :"Lo que se desarticula en política no es un programa electoral ni unos decenios de consumo feliz, sino un siglo de historia social (....) Los partidos políticos, al igual que las patrias, se encuentran desposeídos de su infalibilidad (....) La mayonesa no cuaja y la tarta de nata ya no es tarta de nata..." y esa es nuestra realidad,  medio siglo de avances arrojados a la basura por la presuntuosa incapacidad de quienes se creyeron capaces de liderar un partido que, definitivamente y en sus manos, ha perdido el rumbo.
Reclamamos, exigimos una renovación una catarsis que pueda dar un nuevo impulso a nuestras instituciones, la purificación es necesaria.

5/20/2011

#spanishrevolution y tangentópolis

En Italia en 1992 un desconocido funcionario local del Partido Socialista, Mario Chiesa, fue detenido en Milán cuando  recibía un soborno por adjudicar un contrato de servicios de limpieza para un hogar de ancianos del Ayuntamiento, del cual era director. El soborno era relativamente modesto, sólo 10 millones de liras, y las personas implicadas eran poco conocidas. 
Para una formación como el Partido Socialista, cuya reputación había sido empañada, y algunos de cuyos miembros más conocidos habían sido objeto de otras investigaciones por corrupción política en el decenio de los ochenta, el caso Chiesa parecía un incidente de menor importancia, destinado a olvidarse
 Los principales periódicos y programas informativos de la televisión informaron del hecho durante un par de días sin prestarle mayor atención. En abril de 1992 debía celebrarse elecciones generales, e insistir en un caso de corrupción que involucraba a uno de los principales partidos a sólo semanas de la votación, podría haberse interpretado como una maniobra partidista. Pero en esos momento Chiesa comenzó su declaración judicial y el halito de la corrupción se extendió por todo el país y las élites políticas, con sus intentos de impedir la actuación judicial se deslegitimaron. A partir de ahí los triunfos de la "Liga Norte" de Bossi y el acceso al poder de personajes como Berlusconi consiguieron lo que no habían conseguido los partidos tradicionales: evitar la actuación judicial y elevar el nivel de corrupción alejando la democracia italiana de sus posibilidades de renovación.
Yo confío en que esa deriva que, en alguna medida comenzaba a amanecer en este país, puede verse cortada de raíz por un movimiento espontáneo y, aunque también España se aleje de las concepciones y las estructuras políticas tradicionales, su evolución avance hacia una regeneración democrática utilizando canales de participación que tradicionalmente no se han usado y que permiten una actividad ciudadana que obligue a la adopción de resoluciones que tenga en cuenta la opinión de los ciudadanos. La esperanza está presente.

5/18/2011

La maldita manía de escuchar la radio. El P.S. y la razón del poder

Esa maldita manía que tengo que me impide dormir sin tener la radio de fondo me hizo perder ayer un buen rato de sueño. El diálogo entre la amable presentadora y un representante del Partit Socialiste, al que pertenece el presunto agresor sexual Dominique Strauss-Kahn, convirtió mi duermevela en una inquieta desazón.
Parece que las presuntas tendencias del Ilustre Director del Fondo Monetario Internacional eran bien conocidas en el partido en el que milita pero que sus posibilidades de éxito en la próxima confrontación electoral francesa pesaban más en la balanza de su elección como candidato que su propia calidad como ser humano y posible futuro presidente de todos los franceses. Tal comentario fue acogido con muestras de comprensión por los contertulios de la cadena de radio donde se desarrollaba la entrevista y con comentarios relativos a la rapidez con que se habían llevado a cabo las actuaciones judiciales y policiales, ningún comentario sobre la víctima y el reconocimiento de que quizás si había sido una trampa en la que el ingenuo director del FMI había caido.
A estas alturas de mi vida se muy bien que me repugna y comienzo a alejarme de sistemas que siempre había defendido.

5/17/2011

Candidatos, lerrouxistas y naufragios. Rescatado por el @capitan_ahab

El domingo, tras las manifestaciones, me acerqué a esa ventana de las diferentes realidades que es Twitter con la calmada intención de observar reacciones intentando obtener una imagen cubista de todas sus caras. Mi sorpresa comienza ahí: el candidato nº2 en las listas de PSOE a las municipales en Málaga nos exhorta a leer historia, aclarándonos que tras los cabreos  generalmente se encuentra la extrema derecha y que en España hemos tenido a Alejandro Lerroux. Anonadado ante tal despliegue de sabiduría y análisis, sigo observando la red.... poco a poco algún comentario de los compañeros de partido del ilustre analista intentaba establecer un diálogo más alejado de las cumbres.
Pero mi sorpresa no acaba ahí, un dirigente nacional del mismo partido, reclama a esos justamente indigandos (según él) su voto para evitar que quienes se sentaron en la mesa con los especuladores lleguen al poder. ¡Alto ahí¡ no eran lerrouxistas, no representan los intereses de la extrema derecha, evidentemente mi escasa capacidad hace que no comprenda la sutileza del análisis, tendrán razón y es justo que se reclamen esos votos para alejar a los no-progresistas del poder. Pero...espera y...el progreso ¿qué es? yo pansaba que era un proceso y que como tal carecía de causas éticas o morales, en fin como vulgarmente se dice "Doctores tiene la fe" (en el progreso digo). Y ahí me quedo hasta que hoy por la mañana un nuevo giro mejestuoso de la ideología los convierte en antisistema y se disuelve su acampada, ¡hay que mantener el sistema¡¡¡
Afortunadamente de ese naufragio en el Mar Sistémico del Océano de la Modernidad me rescatan valientes navegantes con otros comentarios que me permiten asirme a sus barcos en eses naufragio. El @capitan_ahab, @jammarq, @currotroya o @76tintin permiten mi supervivencia

5/04/2011

Postmodernidad La cultura en plural o las culturas

 


Hemos abandonado la modernidad y la postmodernidad[1] cambio bases fundamentales del pensamiento, el progreso que aparece como metarrelato justificador de la modernidad se abandona[2]. Por ello, George Steiner en su ensayo de 1971 "En el Castillo de Barba Azul: una aproximación a un nuevo concepto de cultura", señala que en la actualidad se han derrumbado tres axiomas de la modernidad que han dado al traste la idea de progreso: El hombre para su desarrollo debe dominar la naturaleza que muestra sus heridas: “Primero, se ha perdido o al menos está decididamente dañado el axioma del progreso que concebía la historia occidental como una curva permanente de ascenso. Segundo, ya no aceptamos la proyección según la cual el progreso necesariamente habrá de difundirse desde los centros privilegiados a todos los hombres. Tercero, ya no podemos apelar sin excesiva reserva al programa educativo del humanismo que sostenía que la ignorancia racional e ilustrada era la fuente de la crueldad y la barbarie; el tipo de conocimiento y formación otorgado por esa educación humanística no ha disminuido los niveles de violencia e injusticia en las sociedades occidentales contemporáneas”. En esa misma línea somos conscientes de la creciente capacidad destructiva de la civilización generada por la sociedad industrial y una creciente inefectividad[3] derivada de la incapacidad resolutiva del sistema político. C. Offe afirma: “las tres fórmulas de racionalidad con las que se han impulsado y legitimado los procesos de modernización en los siglos XIX y XX (técnica científica, cálculo económico del capital y regulación jurídica), han quedado por lo menos tan desacreditados como insuficientes, poco fiables y potencialmente irracionales, y hoy nadie pretende fundamentar la racionalidad de la acción política en estos criterios exclusivamente”.
Igualmente, el concepto jerárquico se debilita, aparece un concepto diferencial; las necesidades humanas similares se pueden satisfacer de diferentes formas, ninguna de las cuales son en sí mismas mejores que las otras, cada cultura es el resultado de la elección arbitraria entre infinitas posibilidades. Necesitaremos emplear el término cultura en plural y hablar de culturas. 
Recordando las definiciones que el Diccionario de la Real Academia Española daba, en el de 1984, añade otras dos: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social, etc.” y [Cultura] “popular: Conjunto de manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.” Observamos una cercanía a la aceptación del concepto diferencial de cultura. 
Queda excluida por tanto la justificación a través de los grandes relatos, no se puede recurrir ni a la emancipación de la humanidad, ni a la dialéctica del Espíritu para dar validez al discurso cultural postmoderno. Pero la postmodernidad ha mantenido la idea de que la cultura es un proceso creador de orden y que las normas que desarrolla deben ser coherentes y no contradictorias, por tanto seguimos considerando a la cultura un sistema[4]. Ahora bien, los sistemas sólo admiten aquellos elementos que contribuyen a su mantenimiento. Entonces si nos encontramos con alguna práctica que no cumple ninguna función, debemos pensar que, o bien, es un residuo de una situación anterior, o un añadido extraño perjudicial para su funcionamiento. Será por tanto la legitimación por la performatividad[5], la que oriente los discursos[6], pero este criterio es tecnológico y ajeno por tanto a lo verdadero o a lo justo. 
Estamos pues acostumbrados a pensar la cultura como un dique frente al caos y el desgobierno y esta visión nos obliga a pensar que cierta incoherencia de las normas, la doble moral o la multitud de productos culturales sin uso obvio para el sistema, representan una crisis cultural o, en el caso cada vez más frecuente de sociedades multiculturales, un conflicto entre culturas. Es cada vez más difícil mantener esa visión de la cultura que nos mantiene permanentemente en la crisis convirtiendo en excepciones las acciones más comunes. Este proceso crítico, todavía no resuelto nos presenta a la cultura como una continua actividad que nos ayuda a diferenciar en nuestra actividad diaria.

Imagen tomada de: 
http://tbpd.files.wordpress.com/2010/03/postmodernism-sbcimpactnet.jpg?w=400&h=320







[1] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág. 9 “Este estudio tiene por objeto la condición del saber en las sociedades más desarrolladas. Se ha decidido llamar a esta condición postmoderna. El término está en uso en el continente americano, en pluma de sociólogos y críticos. Designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas del juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX.” Lyon David “Postmodernidad” Madrid 2000.Pág. 9-10 “ La postmodernidad es un concepto de varios niveles que llama nuestra atención sobre diversos cambios sociales y culturales que se están produciendo al final del siglo XX en muchas sociedades avanzadas; pro ejemplo, el rápido cambio tecnológico, con las posibilidades que ofrecen las telecomunicaciones y los ordenadores; los nuevos intereses políticos y el auge de los movimientos sociales, especialmente los relacionados con los problemas raciales, étnicos, ecológicos y de género. Pero la cuestión es todavía más amplia:¿está desintegrándose la propia modernidad como entidad sociocultural, incluyendo el majestuoso edificio de las concepciones del mundo de la Ilustración? ¿Está apareciendo un nuevo tipo de sociedad quizá estructurada en torno a los consumidores y el consumo en vez de en torno a los trabajadores y la producción?  
[2] La mención al concepto lineal de progreso a través de la historia ya aparece cuestionada en Oswald Spengler, que igualmente diserta sobre la diversidad cultural “He aquí lo que le falta al pensador occidental (………): la comprensión de que sus conclusiones tienen un carácter histórico-relativo, de que no son sino la expresión de un modo de ser singular y sólo de . El pensador occidental ignora los necesarios límites en que se encierra la validez de sus aserto; no sabe que sus verdades inconmovibles sus verdades eterna, son verdaderas sólo para él y son eternas sólo para su propia visión del mundo, no cree que sea su deber salir de ellas para considerar las otras que el hombree de otras culturas ha extraído de sí y afirmado con idéntica certeza. Pero esto justamente tendrá que hacerlo la filosofía del futuro si quiere preciarse de integral. Eso es lo que significa comprender el lenguaje de las formas históricas, del mundo viviente. Nada aquí es perdurable, nada universal. No se hable de más de formas del pensamiento, del principio de lo trágico, del problema del Estado: La validez universal es siempre una condición falsa que verificamos extendiendo a los demás lo que sólo para nosotros vale”.

No obstante existen voces como Daniel Bell, que opinan que el progreso aún es posible a condición de mantener los principios ilustrados de la razón, aunque ahora codificados digitalmente.
[3] Illich Ivan “Energía y equidad”, Barcelona 1973. Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág 118 “Con el argumento de Brillouin (La información cuesta energía, la negentropia que constituye suscita la entropía), la idea o la ideología del control perfecto de un sistema, que debe permitir mejorar sus actuaciones, aparece como inconsistente con relación a la contradicción: disminuye la performatividad que pretende aumentar. Esta inconsistencia explica en particular la debilidad de las burocracias estatales y socio-económicas; ahogan a los sistemas o subsistemas que controlan, y se asfixian al mismo tiempo que ellos (feedback negativo).
[4] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág. 34 “….Parsons en los años 50 asimila la sociedad a un organismo autorregulado. El modelo teórico e incluso material ya no es el organismo vivo, lo proporciona la cibernética que multiplica sus aplicaciones durante y al final de la segunda guerra mundial. En Parsons, el principio del sistema todavía es, digámoslo así, optimista: corresponde a la estabilización de las economías de crecimiento y de las sociedades de la abundancia bajo la égida de un welfare state moderado. En los teóricos alemanes de hoy, la Systemtheorie es tecnocrática, es decir, cínica, por no decir desesperada: la armonía de las necesidades y las esperanzas de individuos o grupos con las funciones que asegura el sistema sólo es un componente adjunto de su funcionamiento: la verdadera fiabilidad del sistema, eso para lo que el mismo se programa como una máquina inteligente, es la optimización de la relación global de sus input con sus output, es decir su performatividad.”  
[5] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág. 34 “Incluso cunado cambian sus reglas y se producen innovaciones, incluso cuando sus disfunciones, como las huelgas o las crisis o el paro o las revoluciones políticas pueden hacer creer en una alternativa y levantar esperanzas, no se trata más que de reajustes internos y su resultado sólo puede ser la mejora de la vida del sistema, la única alternativa a ese perfeccionamiento de las actuaciones es la entropía, es decir la decadencia”  
[6] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág.10 “así la sociedad que viene parte menos de una antropología newtoniana (como el estructuralismo o la teoría de sistemas) y más de una pragmática de las partículas lingüísticas. Hay muchos juegos de lenguaje diferentes, es la heterogeneidad de los elementos. Sólo dan lugar a una institución por capas, es el determinismo local. Los decididores intentan, sin embargo, adecuar esas nubes de sociabilidad a matices de imput/output , según una lógica que implica la conmensurabilidad de los elementos y la determinabilidad del todo. Nuestra vida se encuentra volcada por ellos hacia el incremento del poder. Su legitimación, tanto en materia de justicia social como, de verdad científica, sería optimizar las actuaciones del sistema: la eficacia.”

4/26/2011

Desequilibrios "¿Estado del Bienestar? Ya no podemos permitirnoslo"


Estas líneas no quieren ser nada más que un proceso reflexivo, probablemente contengan contradicciones propias de una sociedad que, en mi opinión, ha perdido sustento ideológico y que deriva entre el fin de la historia patentada por el liberalismo, aunque con origen en Nietzsche, a través de la obra de Francis Fukuyama “El fin de la historia y el último hombre” y la justificación del sistema por performatividad.

Aunque matizada a posteriori, la obra de Fukuyama plantea una sociedad que ya ha alcanzado, gracias a la democracia formal y las políticas liberales, el máximo grado posible de desarrollo político. A partir de aquí se potencia la figura del técnico como persona capacitada para juzgar, reconocer y distribuir. Esta misma deriva surge en los procesos justificativos de la sociedad, la pérdida de los metarrelatos del progreso y la justicia, han propiciado una solución sistémica la performatividad.

Las dos vertientes de desarrollo, han calado profundamente en el pensamiento actual. El encumbramiento de la economía, los discursos de la eficacia y la gestión, han impregnado el discurso mayoritario alejando del mismo, conceptos como solidaridad y justicia distributiva.

Desconozco donde está el problema, pero es evidente que al utilizar el mismo lenguaje se confluye, mezclando las propuestas y contribuyendo a generar confusión. En estos momentos estamos en un proceso de recuperación de una crisis dura, y nos hemos olvidado donde está el origen de esa crisis, en una increíble desregulación del sistema financiero y una insaciable voracidad. La pérdida de referencias ideológicas, unidas al potente discurso liberal de la autorregulación, “dejemos que el mercado distribuya y autogestione los intereses y las necesidades”, han transformado la sociedad del bienestar en la sociedad de consumo. Las viejas instancias de la propiedad de los medios de producción y el aporte del trabajo, que mantenían una red de seguridad, generada por el conjunto de la sociedad, por cuanto los trabajadores eran necesarios y en una situación complicada para el trabajador encontraba el soporte social para reintegrarse y seguir adelante con su proyecto vital. El Estado del bienestar se concibió no como caridad, sino como un derecho ciudadano, una forma de aseguramiento colectivo. El Estado del Bienestar debía llegar allí donde la industria no llegaba, debía hacerse cargo de los gastos marginales del capital en busca de beneficio.

La situación actual, cuando un sector cada vez más creciente de la población tiene nulas posibilidades de reincorporarse al trabajo, se dibuja como una sociedad de consumo que favorece la exclusión por cuanto ya no necesita del trabajo para generar excedentes, pues estos se generan por procedimientos financiaros, no productivos.

Los parados ya no son la fuerza de reserva de trabajo y los repuntes económicos (los brotes verdes) ya no significan el fin del desempleo. Racionalizar la economía significa hoy (fundamentalmente para la patronal) recortar y no crear empleo y el progreso empresarial se mide por su capacidad de reconversión de los trabajadores, el cierre de secciones y reducción de personal.

Modernizar el estilo de dirección y de trabajo significa flexibilización, el mismo capital antes anclado en lo sólido (fábricas, cadenas productivas, etc.) se ha transformado en paradigma de la flexibilidad y se traslada cuando encuentra situaciones más rentables.

Esta nueva perspectiva la podemos resumir así “¿Estado del Bienestar? Ya no podemos permitírnoslo”. En efecto, las dotaciones asistenciales van pasando de ser un derecho ciudadano a convertirse en una sangría sobre el dinero de los contribuyentes, asociadas en alguna medida a través de la opinión pública, con la indolencia y la laxitud. Aunque hoy con una situación realmente compleja, el discurso se matiza.

Concluyendo, en alguna medida, se ha transformado el derecho en responsabilidad personal, y la sociedad privatiza la antigua tarea colectiva que generaba la red de seguridad.
Imagen de :
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4/15/2011

Calles limpias

El antiguo Alcalde de Madrid, hoy Ministro de Justicia, apoyado por su sucesora en la Alcaldía y entonces teniente de Alcalde, tras reducir un 27% las subvenciones a las asociaciones y fundaciones que atienden a las personas sin hogar, expone la necesidad de legislar sobre la obligatoriedad de la pernoctación de los sintecho en los albergues municipales.
El Ayuntamiento tiene siete albergues con 1.367 plazas que, en opinión de la Concejalía de Familia, serían suficientes para cubrir las necesidades.
No opina lo mismo Rosalía Portela, portavoz de Cáritas y de la plataforma de ONG que trabajan con los sintecho, creada el jueves. "Allí solo se da una atención de emergencia, pero necesitan un apoyo a largo plazo y un alojamiento estable y tranquilo", añade. Calidad y cantidad no suele ser lo mismo.
Pero esta introducción nos aleja de la intención de esta entrada. Hace un tiempo leí un fantástico artículo de Zigmunt Bauman "El sueño de la pureza" que comienza así: "Los grandes crímenes a menudo parten de grandes ideas".
Bauman nos recuerda los Narrenschiffen (barcos de locos) de los primeros tiempos de la Edad Moderna; los ciudadanos acorralaban a los locos, los embarcaban y los enviaban al mar, había que dejar las calles limpias del desorden que suponían, también menciona a la escritora norteamericana Cynthia Ozick y su opinión sobre la solución final alemana :"`fue una solución estética; se trataba de un trabajo de retoque, del dedo del artista borrando una mancha; algo que sencillamente aniquilaba lo que se consideraba disarmónico". 
Sin extendernos más, quiero expresar mi miedo ante una postura que, en mi opinión, intenta reestablecer un orden que se ve alterado por la presencia disarmónica de los sintecho, y vuelvo a Bauman y a través de su exquisita sensibilidad social me acerco a Mary Douglas y su "Purity and Danger":
"[...] equivale esencialmente a desorden. [...] Por consiguiente, si la suciedad es materia fuera de lugar, debemos abordarla a través del orden. La falta de limpieza o la suciedad es aquello que no se debe incluir si se quiere preservar un modelo".
A mi particularmente este modelo me aterra. Si a esto añadimos los incesantes impulsos de nuestras antiguas cajas para "limpiar" las viviendas adquiridas por "encima de nuestras posibilidades" con su dinero prestado por "encima de sus posibilidades" y rescatadas por "encima de nuestras posibilidades", el panorama es abrumador.

4/11/2011

Puede el multiculturalismo conducir a la segregación?

Por extraño que pueda resultar, el “apartheid” se construyó inicialmente con bases teóricas multiculturales. La gran mayoría de los afrinaker sostenían que la inteligencia humana variaba con la raza y que no existía posibilidad de civilizar a los africanos. No obstante, Eiselen (citado en Kuper, 2001, P.15), mantenía que no existía ninguna evidencia de tal teoría, asi como: “que no había raza ni nación alguna que tuviera el privilegio de liderar el proceso de civilización en el mundo para siempre”. Por tanto, para Eiselen, la verdadera base de la diferencia era la cultura y que las diferencias que generaba debían ser tenidas en cuenta:
“Si se minaba la integridad de las culturas tradicionales, se seguiría la desintegración social. Eiselen recomendaba que la política gubernamental debía estar encaminada hacia el fomento de una ‘más alta cultura bantú y no hacia la producción de europeos negros’. Más tarde, se empezó a usar el eslogan del ‘desarrollo separado’. La segregación era la vía adecuada para Sudáfrica, porque sólo la segregación preservaría las diferencias culturales.”
La escuela sudafricana de antropología, basó gran parte de sus desarrollos en la antropología cultural norteamericana, si bien rediseñando la teoría según sus propios intereses.

Multiculturalismo y Canadá

En el año 1957 se inicia en Quebec, la región francófona de Canadá, lo que se conocerá como “revolución tranquila”, un proceso acelerado de trasformaciones sociales que condujo a la modernización de Quebec e inició las reivindicaciones activas de una sociedad que pasó de un nacionalismo defensivo a reclamar nuevas competencias constitucionales.  En respuesta a tales reivindicaciones francófonas se inician, en Canadá,  las políticas multiculturales con la creación, en 1963, de la “Royal Comission on Bilingualism and Biculturalism” conocida vulgarmente como Comission B&B, y cuyo cometido se centraba en la resolución de los problemas que podía crear la existencia, en un solo país, de dos lenguas y dos culturas. En 1969 la comisión presentó su informe (Mitjans & Castellá Andreu, 2001), dividido en cuatro libros, de los que el último titulado “Cultural Contributions of Other Ethnic Group” recomendaba el bilingüismo, pero sustituía el biculturalismo inicial por un criterio multicultural, sintetizada en una batería de recomendaciones con el objetivo de impulsar un marco bilingüe en el que los diferentes grupos puedan convivir y desarrollarse, articulándose en dos ejes: la protección de las culturas y la no discriminación. En respuesta, Canadá aprobó en 1969 una Ley sobre Bilingüismo que reconocía como oficiales el francés y el inglés al mismo tiempo que promovía la contratación de francófonos en el gobierno federal. Los representantes de las minorías étnicas con origen ucraniano, húngaro o alemán, consideraron que la promulgación de la Ley vulneraba sus derechos y reclamaron la protección de sus culturas y sus lenguas. En respuesta a las demandas de sus minorías Canadá inició en el año 1971 sus políticas multiculturales aprobando el Programa de Multiculturalismo que ofrecía subvenciones destinadas al aprendizaje de las lenguas no oficiales, denominadas “heritage languages” y al mantenimiento de las asociaciones que articulaban a esos grupos minoritarios. El Primer Ministro canadiense Pierre Trudeau ( citado en Helly, 2007), estableció en su discurso, pronunciado en octubre de 1971 la profunda modificación que suponía el Programa de Multiculturalismo en la conciencia de la identidad nacional:
"El pluralismo cultural es la propia esencia de la sociedad canadiense. Todos los grupos étnicos tienen el derecho de preservar y enriquecer la cultura y los valores que les son propios. Al decir que existen dos lenguas oficiales, no decimos que tenemos dos culturas oficiales, y ninguna cultura determinada es más oficial que otra. Los objetivos consisten en proteger las libertades básicas, desarrollar la identidad canadiense, ampliar la participación de los ciudadanos, reforzar la unidad canadiense y fomentar la diversidad cultural".
Con posterioridad, en 1988, el Programa se transformó en Ley, la “Canadian Multiculturalism Act” que había sido precedida en 1986 por la “Employment Equity Act” y la “Carta Canadiense de Derechos y Libertades” de 1982 que reconoce derechos culturales, según el territorio que las diferentes comunidades ocupan. Este repertorio legislativo orienta la actuación del gobierno canadiense y establece como imperativo la actuación orientada al logro de iguales oportunidades de empleo y desarrollo, promover políticas, programas y acciones cuyo objetivo sea favorecer la contribución de los individuos y colectividades de todos los orígenes a la evolución del país; y estimular políticas, programas y acciones que permitan al público entender y respetar mejor la diversidad de los miembros de la sociedad canadiense.
La “Canadian Multiculturalism Act” define de hecho a Canadá como una tierra de individuos de todos los orígenes raciales, culturales, nacionales y étnicos. Sus objetivos principales son deslegitimar cualquier ideología de una supremacía cultural, socioeconómica y política de los canadienses franceses y de los ingleses, socializar el conjunto de la población en la diversidad cultural y desarrollar un sentido de pertenencia en todos los canadienses.

3/31/2011

El derecho a la cultura y las políticas culturales.



Dentro de los Derechos Sociales, entre los que debemos encuadrar los Culturales, nos encontramos con que algunos Derechos consisten en una concesión de títulos, mientras que otros constituyen un añadido de provisiones que deben facultar a los más necesitados el acceso al ejercicio de tales derechos.
Estos añadidos se instrumentan a través de políticas de redistribución de recursos para paliar la desigualdad en la distribución de las oportunidades y de políticas de reconocimiento que posibilitan el ejercicio de una discriminación activa que suavice la situación de desventaja de determinado grupo.
El lugar donde la Administración Cultural coloque teóricamente el Derecho a la Cultura va a fijar las políticas culturales, entendidas como “El conjunto de operaciones, principios, prácticas y procedimientos de gestión administrativa o presupuestaria que sirven de base a la acción cultural de las Administraciones”.
Existen importantes diferencias entre el Derecho a la Cultura y el resto de los Derechos sociales basadas fundamentalmente en la desagregación de los intereses culturales, hay carencia de necesidades de carácter cultural que sean asimilables a las necesidades básicas lo que impide su expresión bajo la forma de demandas.
Cuando existe demanda, en la mayoría de los casos, proviene de grupos implicados económicamente en la gestión de la cultura o bien es generalizada e inespecífica, salvo en el caso de los equipamientos culturales.
Será por tanto el nexo con lo social y la aplicación de políticas de reconocimiento y redistribución las que orienten la política cultural, con una visión que asimila la falta de integración y marginalidad a la falta de cultura, entendiendo ésta como sinónimo de educación o formación.
Pero existe una enorme variedad de facetas de lo cultural y si se atiende al acceso a determinados bienes y servicios culturales, también se debe atender a la conservación del patrimonio cultural y es en esta actividad, perfectamente legislada y regulada, donde existe una mayor dificultad para encontrar cauces de participación y donde los sistemas que ofrecen una mayor participación a los ciudadanos chocan con la realidad.
Hasta los años setenta la cultura de elite protagonizaba el panorama cultural. La cultura estaba reservada a aquellos que poseían la formación para generarla, interpretarla y vivirla y sus contenidos estaban limitados por la concepción del Arte y el Patrimonio.
Por esa misma época se impulsó la aplicación de políticas culturales consiguiendo superar la cultura elitista, apareciendo dos conceptos: democratización cultural y democracia cultural.
El Consejo de Europa, en su reunión en Oslo de 1976, fijaba los objetivos de las políticas culturales que debían desarrollar sus estados miembros: Preservación del patrimonio, igualdad de acceso a la cultura con especial énfasis en las obras de arte y el acceso de todos a la creación.
Pero las políticas culturales únicamente desarrollaron el concepto de democratización cultural, facilitando el acceso de todos a la cultura a través de la difusión de conocimientos y la puesta en marcha de equipamientos culturales que favorecen el disfrute de los bienes culturales por parte de la sociedad.
Sólo unos pocos poseen la cultura y la transmiten al resto de la sociedad, consumidores pasivos de la misma, convirtiéndola en objeto de consumo. El concepto de democratización cultural va pues unido al de difusión y tiene su origen en los países anglosajones.
En los años ochenta y asociado al postmodernismo se inicia el desarrollo del concepto de democracia cultural. La imaginación, creatividad, improvisación y negociación que caracterizan el postmodernismo se enfrentan a la racionalización, adaptación y gestión que configuraron la modernidad. Así pues, múltiples subculturas (entendidas como formas de vida, según la concepción de Habermas) y no ya como objeto de consumo se convierten en ámbito de desarrollo personal y colectivo. Las acciones culturales se desarrollan en diversos grupos o asociaciones culturales, superando el concepto que Bendix tiene de la participación, entendida más como posibilidad y no como acción: “…aunque la condición de ciudadano permite una participación más activa, sólo en contados casos requiere una acción efectiva.”
El concepto de democracia cultural va unido al de animación, como sinónimo de vitalización. Es una tecnología una metodología capaz de impulsar actividades sociales diversas. Su lugar de desarrollo se fija fundamentalmente en los equipamientos culturales de tercera generación. Centros cívicos o culturales que se acercan a la participación. 
 Pero este nuevo concepto, convive que no sustituye al anterior de democratización cultural. Una de las muestras es la promoción de ramas de actividad cultural de escasa rentabilidad, generadoras de nuevos criterios de diferenciación social, por cuanto priman facetas de actividad de carácter minoritario, accesibles a personas con un amplio capital cultural, en competencia con otras actividades. Los equipamientos necesarios para esas actividades buscan más el prestigio y la representación social que ser foros de participación. En centros distribuidos por los barrios y con gestión de los propios vecinos asociados es, donde en mi opinión, debe generarse la política participativa en materia de cultura.






3/28/2011

@rosanala, @olmillos ,Twitter y un Congreso

Esta pasada semana he participado en el II Congreso Nacional sobre Convivencia y Resolución de Conflictos en Contextos Socioeducativos coordinando un Symposium que tenía como hilo narrativo "La Interculturalidad y su contribución a la solución de conflictos".
Sin hacer mayor mención al mismo, si quiero resaltar el proceso de selección de dos de los participantes. Solucionada la participación de la propia Universidad de Málaga, a través de una de sus profesoras, así como un  referente institucional de la Comunidad Autónoma de Navarra en base a la importancia de los conflictos posibles que el terrorismo, que nuestro país ha sufrido, pueda generar en la mencionada Comunidad, restaba la selección de otros dos miembros del symposium.
Y, teniendo en cuenta la importancia creciente que las redes sociales adquieren en nuestro diario vivir, decidí utilizar el recurso de mis contactos en Twitter. Para mi existe una realidad: mi presencia en la red me ha permitido adquirir conocimiento, compartir experiencias y, al final, conocer personalmente a amigos virtuales que han trabajado y se han ilusionado conmigo y yo con ellos. Mi amistad y mi agradecimiento a @rosanala y @olmillos que a través de Twitter han contribuido a enriquecerme como persona y como profesional.

3/18/2011

Movimientos sociales y Partidos Políticos

Resulta extremadamente complejo identificarse con la totalidad de una ideología de transformación total de la sociedad, como la que sostienen las organizaciones políticas que se definen como partidos. La transformación de las estructutras sociales y económicas que se produjo en las últimas décadas del siglo generaron unas dinámicas que ya no son reductibles a “una metafísica del actor” . Esos cambios sociales confirieron una nueva dimensión a los movimientos sociales que abandonan el conflicto de clase. La cultura y su dimensión simbólica, cobran mayor importancia y comienzan a aunar las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales.
La especialización, una composición heterogénea y multiclasista  y la "life politics", configuran sus señas de identidad. Al mismo tiempo, su estructura deja de ser jerárquica y se hace horizontal, dotando de gran protagonismo a las relaciones de red.
Pero los partidos políticos siguen ocupando el espacio y manteniendo un proyecto que abarca todos los espacios de la vida, generando una cultura propia que construye identidad y se recicla a medida que cambian las circunstancias, refuncionalizando esa cultura como recurso y acercándose a la actitud de los nuevos movimientos sociales sin compartir sus características y su visión de la "acción como mensaje", sino desgajando el mensaje de la acción, que puede ser contradictoria y contribuye a la permanente crisis de lo político.
Hoy es más necesario que nunca repolitizar los espacios públicos, pero desde la acción ciudadana y la participación, desde la estrcuturas flexibles de la sociedad, intentar como decía Foucault "coger al poder en sus extremidades, allí donde se vuelve capilar" para evitar objetivizarlo en instituciones cuasi-personalizadas.



3/14/2011

Apoyemos a Japón, provoquemos un crak en su bolsa

Los maravillosos sentimientos de solidaridad que tienen asiento en el corazón de los inversores han quedado de nuevo al descubierto en la primera apertura de la Bolsa de Tokyo tras la catástrofe. En una maniobra que parece sincronizada todas esas fantásticas personas (físicas o jurídicas) que velan por la seguridad financiera de todos los seres humanos han vuelto a demostrar su valía y su apoyo al sistema intentando conseguir honrados beneficios a partir de cualquier catástrofe. Un aplauso a la gran banca, a los fondos de inversión y a todos los capitalistas en general que de nuevo nos demuestran la vieja teoría : "cuando el barco tiene problemas, las ratas son las primeras que lo abandonan", sigamos  apoyando a nuestros grandes empresarios en la tarea común de enriquecerlos

3/07/2011

Gestion de la diversidad

 
Introducción
Coincido con Carrithers (1995, p. 17) en que la pregunta fundamental que puede plantearse un investigador de lo cultural es. “¿Qué es lo que debe ser considerado cierto para los humanos en general? Los filósofos griegos, el cristianismo medieval, la Ilustración o los primeros liberales desarrollaron teorías monistas basadas en la uniformidad de la naturaleza humana, y su primacía sobre las diferencias, el valor de la arzón y la comprensión de la diversidad como diferencia específica. Pero, pese a todo, sigue estando abierta la pregunta. Creo que si llegamos a determinar las formas de diversidad existentes, podríamos comprender que unifica esta diversidad. Así pues, estudiar y comprender la diversidad puede ayudarnos a formular nuevos universales construidos desde el diálogo que sirvan de base a la nueva sociedad global.
Nunca como hoy hemos tenido tan presente la palabra cultura en nuestro vocabulario diario. Los políticos la convierten en un elemento clave de la democracia y en instrumento para salir de la crisis. El presidente del Partido Popular en España[1]  afirma: que la cultura es: “un asunto de Estado que trasciende cualquier división ideológica y partidista al constituir uno de los elementos que vertebran la identidad de la Nación española”. El Plan Estratégico para la Cultura en Andalucía la define como:”un derecho ciudadano y recurso social y económico”. Hablamos de cultura empresarial, de cultura política, aseguramos que un centro educativo tiene su “cultura”, incluso llegamos a afirmar que tal o cual elemento de cualquier juego no están en la cultura de tal o cual entrenador. Kuper (2001, p. 19) dice que la belleza de toda esta situación es que nos encontramos ante algo que todo el mundo entiende y nos propone una cita de Larissa Mac Farquar:
“Tratamos de vender semiótica, pero lo encontramos algo difícil’, informaba una compañía londinense llamada Semitic Solutions, ‘así que ahora vendemos cultura. Ésta [noción, palabra] la conocen. No tienes que explicarla’. Y no hay motivo ni llamamiento alguno para no tratar la cultura como se merece. ‘La cultura lleva la voz cantante por lo que se refiere a motivar la conducta del consumidor’, proclama un folleto de la empresa, ‘más persuasiva que la razón más de masas que la psicología”.
Pero, al mismo tiempo, la cultura bien podría estar, siguiendo a Kuhn (1989, p.21), en una “crisis del paradigma”, desconfianza de las reglas de solución normales y proliferación de teorías especulativas, porque existen distintas teorías de la cultura en la postmodernidad que reflejan claramente ese nivel especulativo.
Ahora bien, ¿Cuándo hablamos de cultura, multiculturalidad, multiculturalismo, interculturalidad…….estamos todos hablando de lo mismo? La cultura y sus epígonos son conceptos clave de discusión en muy diversos ámbitos en la actualidad. Existen conceptos que encierran dentro de sí un proceso continuo de transformación con diferentes  velocidades e intensidades y su significado se mueve en búsqueda de nuevas significaciones. Los términos que estructuran nuestro estudio se ajustan a tal situación.
La sociedad multicultural, entendida como diversificación cultural de la sociedad, se configura como una de las cuestiones, como uno de los problemas que el mundo de hoy debe resolver. Quizás por ello, son numerosas las aportaciones desde distintas disciplinas acerca de la emergencia de lo identitario, así como de la reivindicación y reconocimiento de las diferencias en las sociedades actuales. En los últimos años, las preguntas acerca de cómo pensar y articular la “diferencia” desde los modelos occidentales de igualdad y derechos han supuesto uno de los temas de debate de mayor calado e interés.
Parece evidente que la educación ha sido uno de los ámbitos en los que las teorías interculturales han tenido una mayor importancia y desarrollo. De hecho, la interculturalidad nace como una cuestión pedagógica: la de dar respuestas educativas a las identidades y articular las particularidades en el marco de las instituciones de educación. La de implementar una pedagogía del reconocimiento de las culturas y para las culturas capaz de mitigar el impacto homogeneizador de la cultura dominante.
Desde esa realidad, nuestro interés por este ámbito de estudio surge como curiosidad y pregunta acerca de la , y está motivada por cuestiones que seguramente abarcan problemáticas ubicadas mucho más allá de la propia pedagogía. La idea de la identidad y la diferencia, y de cómo éstas configuran un “lugar” social para los individuos, la extrañeza frente a la simplificación de los contenidos con que solemos describir las identidades, sus adjetivaciones, no sólo culturales, constituyen uno de los interrogantes iniciales de este trabajo.

Diversidad

Es importante constatar que la diversidad no se encuentra en territorios lejanos, está con nosotros, en los trabajadores que nos atienden en los comercios, en la variedad de los restaurantes y en las diferentes lenguas que escuchamos en nuestros autobuses. Comenzaremos con una visión de las sociedades multiculturales, con la multiculturalidad entendida como situación social, así como a las respuestas políticas que los diferentes estados han articulado, con una especial referencia al multiculturalismo. Entendemos por multicultural aquella sociedad que engloba a varias comunidades, pero no en cuanto a diferencias per se, sino en aquellas que tienen por sustento la cultura. En las sociedades actuales la diversidad cultural puede adoptar múltiples formas, variedad grupal dentro de los esquemas de la cultura dominante o presencia de comunidades que viven de acuerdo con sus propios sistemas de creencias y prácticas (Parekh, 2005).
Las diferencias que conforman lo cultural, se caracterizan por llevar, en si mismas, un sistema estructurado de significados, no puede equipararse a aquellas diferencias que surgen de las elecciones individuales. Desde este punto de partida, es evidente que nuestra toma de posición en relación con el concepto de cultura condicionará el análisis. Quiero hacer referencia igualmente al término “multiculturalismo”, entiendo que podemos acercarnos a su concepto desde dos planos: 1) como respuesta institucional a la multiculturalidad, designando, en este caso, las políticas de atención a las minorías desarrolladas fundamentalmente en los países anglosajones, y 2) como doctrina que respalda la concesión de derechos diferenciados a las minorías culturales.
Siguiendo a Parekh, podemos afirmar que la diversidad cultural adopta, en nuestras sociedades modernas, múltiples formas, si bien hay tres destacables que denomina: 1.- diversidad subcultural, 2.- diversidad de perspectiva y 3.- diversidad comunal. (2005, p.17-18):
Si bien estos tres tipos de diversidad comparten ciertos rasgos comunes (llegando a veces a solaparse), también difieren en importantes aspectos. La diversidad subcultural está incardinada en una cultura compartida que se desea abrir y diversificar, no reemplazar por otra. Esto no significa que sea más superficial o más fácil de encajar que otros tipos de diversidad. Matrimonios cuyos miembros sean del mismo sexo, la cohabitación y la cuestión de los padres homosexuales a menudo ofenden profundamente y provocan fuertes reacciones entre muchos miembros de la sociedad. Sin embargo, su reto se mantiene dentro de un ámbito limitado y se articula en términos de valores que, como la autonomía personal y la libertad de elección provienen (En el caso de occidente) de la cultura dominante. La diversidad de perspectiva supone una visión de la vida que la cultura dominante, o bien rechaza en su conjunto, o bien acepta en teoría pero rechaza en la práctica. Es más radical y abarca más que la diversidad subcultural y no resulta tan fácil de encajar. La diversidad comunal es algo bien diferente. Nace y se sostiene a partir de una pluralidad de comunidades largo tiempo establecidas, cada una de las cuales cuenta con su propia y larga historia y una forma de vida que desea preservar y transmitir. En este caso, la diversidad es robusta y tenaz, tiene representantes sociales bien organizados y resulta, a la vez, más difícil y más sencilla de encajar, dependiendo de su profundidad y sus demandas.”
Una rápida a la mayoría de las sociedades occidentales nos permite descubrir la presencia de estas tres formas de diversidad, por lo que adoptaremos su clasificación en nuestro estudio. Consideraremos por tanto incluidos en los criterios de multiculturalidad a las personas homosexuales, las feministas, ecologistas, las agrupaciones religiosas, las medioambientales, junto a gitanos, vascos, escoceses, catalanes o los recientes grupos de inmigrantes.
Pese a esa realidad, el uso del concepto “multiculturalidad”, suele restringirse centrándose en la diversidad comunal, bien sea por las diferencias que existen los planteamientos, bien porque la construcción del término en los países anglosajones se alimentaba de esa diversidad. Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá y Australia recurrieron al “multiculturalismo” en un intento de solucionar los problemas a los que se enfrentaban, ya que habían asumido la existencia de una única cultura nacional que era capaz de asimilar a todos los ciudadanos, y la realidad les mostró la existencia de grupos dentro de sus fronteras, que o no podían, o no querían asimilarse. No obstante, en nuestro planteamiento consideramos todas las formas de diversidad.
Pero, el fenómeno de la “multiculturalidad” nos es simplemente una realidad contemporánea fruto de la globalización, es un fenómeno histórico, ya que ha estado presente a lo largo de la historia. Existían sociedades multiculturales con presencia de grupos minoritarios, si bien tradicionalmente esos grupos asumían su condición subordinada a la cultura mayoritaria y se mantenían en el espacio físico y social que les era atribuido. El imperio otomano nos puede servir de ejemplo, basándose en una estructura denominada “millet” que contaba con amplias comunidades judías y cristianas denominadas “dhimmis” instaladas en su territorio a las que se garantizaba un alto grado de autonomía. Únicamente los musulmanes ostentaban plenos derechos de ciudadanía, pero las comunidades protegidas contaban con derechos culturales aunque no políticos.

La gestión de la diversidad

La realidad de las sociedades multiculturales exige el equilibrio de dos principios contradictorios, por una parte mantener la cohesión social, pues sin tal requisito es complicado mantener la unidad política y, al mismo tiempo, debe abordar la gestión de la diversidad.
Podemos plantearnos si la diversidad un fenómeno transitorio o permanente y si es un valor deseable para la sociedad. Pero, desde esa realidad a la que hacíamos mención, el problema que nos surge es como debe el Estado debe gestionar esa diversidad, cuál es el límite permisible y si debe desarrollar un tratamiento igualitarios de todas las culturas o privilegiar la cultura dominante.
En nuestra opinión, y basándonos en una concepción de la cultura similar a la planteada por Bauman (2002), la diversidad es una factor de riqueza.
“El factor más prominente de la vida contemporánea es la variedad cultural de las sociedades, más que la variedad de culturas en la sociedad: aceptar o rechazar una forma cultural no es más que un trato puntual, no requiere aceptar o rechazar todo el inventario existente ni implica una “conversión cultural”. Y tal vez siempre haya sido así. Pero incluso si, en algún momento, las culturas fueron sistemas completos en el que cada unidad era crucial e indispensable para la supervivencia de todas las otras, es casi seguro que lo han dejado de ser”.
Desde esta posición, la “interculturalidad” entendida como metodología, conjunto de procedimientos que orienten lo cultural, basados en el diálogo, la autocrítica y la heterocrítica, la alteridad, la reciprocidad, la cooperación y la solidaridad como superación de la tolerancia, se nos muestra como uno de los caminos más apropiados para gestionar la diversidad.  Y esa gestión, no ha delimitarse únicamente a las acciones interculturales en Educación, sino que ha de trasladarse a los entornos próximos. Una buena práctica intercultural debe extenderse a todos los ámbitos y soportarse desde el desarrollo de los Derechos de Tercera Generación o Sociales.
Dentro de los Derechos Sociales, entre los que debemos encuadrar el Derecho a la Educación y los Derechos Culturales, nos encontramos con que algunos Derechos consisten en una concesión de títulos, mientras que otros constituyen un añadido de provisiones que deben facultar a los más necesitados el acceso al ejercicio de tales derechos. Estos añadidos se instrumentan a través de políticas de redistribución de recursos para paliar la desigualdad en la distribución de las oportunidades y de políticas de reconocimiento que posibilitan el ejercicio de una discriminación activa que suavice la situación de desventaja de determinado grupo.
Existen importantes diferencias entre el Derecho a la Cultura y el resto de los Derechos Sociales basadas fundamentalmente en la desagregación de los intereses culturales, hay carencia de necesidades de carácter cultural que sean asimilables a las necesidades básicas lo que impide su expresión bajo la forma de demandas. Ahora bien, cuando existe demanda, en la mayoría de los casos, proviene de grupos implicados económicamente en la gestión de la cultura o bien es generalizada e inespecífica, salvo en el caso de los equipamientos culturales.
Será por tanto el nexo con lo social y la aplicación de políticas de reconocimiento y redistribución las que orienten la política cultural, con una visión que asimila la falta de integración y marginalidad a la falta de cultura en su original acepción proveniente de la Ilustración que la identifica con educación.
En los años setenta del siglo XX se impulsó la aplicación de políticas culturales consiguiendo superar la cultura elitista, apareciendo dos conceptos: democratización cultural y democracia cultural.
El Consejo de Europa, en su reunión en Oslo de 1976, fijaba los objetivos de las políticas culturales que debían desarrollar sus estados miembros: Preservación del patrimonio, igualdad de acceso a la cultura con especial énfasis en las obras de arte y el acceso de todos a la creación.
Pero las políticas culturales únicamente desarrollaron el concepto de democratización cultural, facilitando el acceso de todos a la cultura a través de la difusión de conocimientos y la puesta en marcha de equipamientos culturales que favorecen el disfrute de los bienes culturales por parte de la sociedad.
Sólo unos pocos poseen la cultura y la transmiten al resto de la sociedad, consumidores pasivos de la misma, convirtiéndola en objeto de consumo. El concepto de democratización cultural va pues unido al de difusión y tiene su origen en los países anglosajones.
En los años ochenta y asociado al postmodernismo se inicia el desarrollo del concepto de democracia cultural. La imaginación, creatividad, improvisación y negociación que caracterizan el postmodernismo se enfrentan a la racionalización, adaptación y gestión que configuraron la modernidad. Así pues, múltiples subculturas (entendidas como formas de vida, según la concepción de Habermas) y no ya como objeto de consumo se convierten en ámbito de desarrollo personal y colectivo. Las acciones culturales se desarrollan en diversos grupos o asociaciones culturales, superando el concepto que Bendix (1974) tiene de la participación, entendida más como posibilidad y no como acción: “…aunque la condición de ciudadano permite una participación más activa, sólo en contados casos requiere una acción efectiva.”
Acompañar ese modelo de política cultural con diálogo, crítica y solidaridad configura nuestra propuesta de acción intercultural que requiere de una actividad interdisciplinar e interdepartamental, un enfoque de la acción ético, social y cívico desarrollado por Banks (citado en Ibáñez Orcajo; 1996).


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[1] http://www.larazon.es/noticia/3002-la-cultura-pide-un-cambio

3/04/2011

Progreso

Una palabra fundamental en el desarrollo de las teorías de la Ilustración es "progreso", en el marco de la "evolución social unilineal" en la que creían representaba una cierta satisfacción moral en esa linea evolutiva. Pero el "progreso" no tiene ninguna connotación moral simplemente significa un cambio en una dirección definida. El componente moral le fue asignado por los filósofos de la Ilustración y desde ese momento está asociado con el paso a mejores condiciones en un determinado sistema de valores.
Parece bastante claro que los sistemas de valores no son universalmente compartidos y que por lo tanto la satisfacción moral del progreso solo será compartida por nuestros afines.