5/04/2011

Postmodernidad La cultura en plural o las culturas

 


Hemos abandonado la modernidad y la postmodernidad[1] cambio bases fundamentales del pensamiento, el progreso que aparece como metarrelato justificador de la modernidad se abandona[2]. Por ello, George Steiner en su ensayo de 1971 "En el Castillo de Barba Azul: una aproximación a un nuevo concepto de cultura", señala que en la actualidad se han derrumbado tres axiomas de la modernidad que han dado al traste la idea de progreso: El hombre para su desarrollo debe dominar la naturaleza que muestra sus heridas: “Primero, se ha perdido o al menos está decididamente dañado el axioma del progreso que concebía la historia occidental como una curva permanente de ascenso. Segundo, ya no aceptamos la proyección según la cual el progreso necesariamente habrá de difundirse desde los centros privilegiados a todos los hombres. Tercero, ya no podemos apelar sin excesiva reserva al programa educativo del humanismo que sostenía que la ignorancia racional e ilustrada era la fuente de la crueldad y la barbarie; el tipo de conocimiento y formación otorgado por esa educación humanística no ha disminuido los niveles de violencia e injusticia en las sociedades occidentales contemporáneas”. En esa misma línea somos conscientes de la creciente capacidad destructiva de la civilización generada por la sociedad industrial y una creciente inefectividad[3] derivada de la incapacidad resolutiva del sistema político. C. Offe afirma: “las tres fórmulas de racionalidad con las que se han impulsado y legitimado los procesos de modernización en los siglos XIX y XX (técnica científica, cálculo económico del capital y regulación jurídica), han quedado por lo menos tan desacreditados como insuficientes, poco fiables y potencialmente irracionales, y hoy nadie pretende fundamentar la racionalidad de la acción política en estos criterios exclusivamente”.
Igualmente, el concepto jerárquico se debilita, aparece un concepto diferencial; las necesidades humanas similares se pueden satisfacer de diferentes formas, ninguna de las cuales son en sí mismas mejores que las otras, cada cultura es el resultado de la elección arbitraria entre infinitas posibilidades. Necesitaremos emplear el término cultura en plural y hablar de culturas. 
Recordando las definiciones que el Diccionario de la Real Academia Española daba, en el de 1984, añade otras dos: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social, etc.” y [Cultura] “popular: Conjunto de manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.” Observamos una cercanía a la aceptación del concepto diferencial de cultura. 
Queda excluida por tanto la justificación a través de los grandes relatos, no se puede recurrir ni a la emancipación de la humanidad, ni a la dialéctica del Espíritu para dar validez al discurso cultural postmoderno. Pero la postmodernidad ha mantenido la idea de que la cultura es un proceso creador de orden y que las normas que desarrolla deben ser coherentes y no contradictorias, por tanto seguimos considerando a la cultura un sistema[4]. Ahora bien, los sistemas sólo admiten aquellos elementos que contribuyen a su mantenimiento. Entonces si nos encontramos con alguna práctica que no cumple ninguna función, debemos pensar que, o bien, es un residuo de una situación anterior, o un añadido extraño perjudicial para su funcionamiento. Será por tanto la legitimación por la performatividad[5], la que oriente los discursos[6], pero este criterio es tecnológico y ajeno por tanto a lo verdadero o a lo justo. 
Estamos pues acostumbrados a pensar la cultura como un dique frente al caos y el desgobierno y esta visión nos obliga a pensar que cierta incoherencia de las normas, la doble moral o la multitud de productos culturales sin uso obvio para el sistema, representan una crisis cultural o, en el caso cada vez más frecuente de sociedades multiculturales, un conflicto entre culturas. Es cada vez más difícil mantener esa visión de la cultura que nos mantiene permanentemente en la crisis convirtiendo en excepciones las acciones más comunes. Este proceso crítico, todavía no resuelto nos presenta a la cultura como una continua actividad que nos ayuda a diferenciar en nuestra actividad diaria.

Imagen tomada de: 
http://tbpd.files.wordpress.com/2010/03/postmodernism-sbcimpactnet.jpg?w=400&h=320







[1] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág. 9 “Este estudio tiene por objeto la condición del saber en las sociedades más desarrolladas. Se ha decidido llamar a esta condición postmoderna. El término está en uso en el continente americano, en pluma de sociólogos y críticos. Designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas del juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX.” Lyon David “Postmodernidad” Madrid 2000.Pág. 9-10 “ La postmodernidad es un concepto de varios niveles que llama nuestra atención sobre diversos cambios sociales y culturales que se están produciendo al final del siglo XX en muchas sociedades avanzadas; pro ejemplo, el rápido cambio tecnológico, con las posibilidades que ofrecen las telecomunicaciones y los ordenadores; los nuevos intereses políticos y el auge de los movimientos sociales, especialmente los relacionados con los problemas raciales, étnicos, ecológicos y de género. Pero la cuestión es todavía más amplia:¿está desintegrándose la propia modernidad como entidad sociocultural, incluyendo el majestuoso edificio de las concepciones del mundo de la Ilustración? ¿Está apareciendo un nuevo tipo de sociedad quizá estructurada en torno a los consumidores y el consumo en vez de en torno a los trabajadores y la producción?  
[2] La mención al concepto lineal de progreso a través de la historia ya aparece cuestionada en Oswald Spengler, que igualmente diserta sobre la diversidad cultural “He aquí lo que le falta al pensador occidental (………): la comprensión de que sus conclusiones tienen un carácter histórico-relativo, de que no son sino la expresión de un modo de ser singular y sólo de . El pensador occidental ignora los necesarios límites en que se encierra la validez de sus aserto; no sabe que sus verdades inconmovibles sus verdades eterna, son verdaderas sólo para él y son eternas sólo para su propia visión del mundo, no cree que sea su deber salir de ellas para considerar las otras que el hombree de otras culturas ha extraído de sí y afirmado con idéntica certeza. Pero esto justamente tendrá que hacerlo la filosofía del futuro si quiere preciarse de integral. Eso es lo que significa comprender el lenguaje de las formas históricas, del mundo viviente. Nada aquí es perdurable, nada universal. No se hable de más de formas del pensamiento, del principio de lo trágico, del problema del Estado: La validez universal es siempre una condición falsa que verificamos extendiendo a los demás lo que sólo para nosotros vale”.

No obstante existen voces como Daniel Bell, que opinan que el progreso aún es posible a condición de mantener los principios ilustrados de la razón, aunque ahora codificados digitalmente.
[3] Illich Ivan “Energía y equidad”, Barcelona 1973. Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág 118 “Con el argumento de Brillouin (La información cuesta energía, la negentropia que constituye suscita la entropía), la idea o la ideología del control perfecto de un sistema, que debe permitir mejorar sus actuaciones, aparece como inconsistente con relación a la contradicción: disminuye la performatividad que pretende aumentar. Esta inconsistencia explica en particular la debilidad de las burocracias estatales y socio-económicas; ahogan a los sistemas o subsistemas que controlan, y se asfixian al mismo tiempo que ellos (feedback negativo).
[4] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág. 34 “….Parsons en los años 50 asimila la sociedad a un organismo autorregulado. El modelo teórico e incluso material ya no es el organismo vivo, lo proporciona la cibernética que multiplica sus aplicaciones durante y al final de la segunda guerra mundial. En Parsons, el principio del sistema todavía es, digámoslo así, optimista: corresponde a la estabilización de las economías de crecimiento y de las sociedades de la abundancia bajo la égida de un welfare state moderado. En los teóricos alemanes de hoy, la Systemtheorie es tecnocrática, es decir, cínica, por no decir desesperada: la armonía de las necesidades y las esperanzas de individuos o grupos con las funciones que asegura el sistema sólo es un componente adjunto de su funcionamiento: la verdadera fiabilidad del sistema, eso para lo que el mismo se programa como una máquina inteligente, es la optimización de la relación global de sus input con sus output, es decir su performatividad.”  
[5] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág. 34 “Incluso cunado cambian sus reglas y se producen innovaciones, incluso cuando sus disfunciones, como las huelgas o las crisis o el paro o las revoluciones políticas pueden hacer creer en una alternativa y levantar esperanzas, no se trata más que de reajustes internos y su resultado sólo puede ser la mejora de la vida del sistema, la única alternativa a ese perfeccionamiento de las actuaciones es la entropía, es decir la decadencia”  
[6] Lyotard, Jean-François “La condición Postmoderna” Barcelona 1992 Pág.10 “así la sociedad que viene parte menos de una antropología newtoniana (como el estructuralismo o la teoría de sistemas) y más de una pragmática de las partículas lingüísticas. Hay muchos juegos de lenguaje diferentes, es la heterogeneidad de los elementos. Sólo dan lugar a una institución por capas, es el determinismo local. Los decididores intentan, sin embargo, adecuar esas nubes de sociabilidad a matices de imput/output , según una lógica que implica la conmensurabilidad de los elementos y la determinabilidad del todo. Nuestra vida se encuentra volcada por ellos hacia el incremento del poder. Su legitimación, tanto en materia de justicia social como, de verdad científica, sería optimizar las actuaciones del sistema: la eficacia.”

4/26/2011

Desequilibrios "¿Estado del Bienestar? Ya no podemos permitirnoslo"


Estas líneas no quieren ser nada más que un proceso reflexivo, probablemente contengan contradicciones propias de una sociedad que, en mi opinión, ha perdido sustento ideológico y que deriva entre el fin de la historia patentada por el liberalismo, aunque con origen en Nietzsche, a través de la obra de Francis Fukuyama “El fin de la historia y el último hombre” y la justificación del sistema por performatividad.

Aunque matizada a posteriori, la obra de Fukuyama plantea una sociedad que ya ha alcanzado, gracias a la democracia formal y las políticas liberales, el máximo grado posible de desarrollo político. A partir de aquí se potencia la figura del técnico como persona capacitada para juzgar, reconocer y distribuir. Esta misma deriva surge en los procesos justificativos de la sociedad, la pérdida de los metarrelatos del progreso y la justicia, han propiciado una solución sistémica la performatividad.

Las dos vertientes de desarrollo, han calado profundamente en el pensamiento actual. El encumbramiento de la economía, los discursos de la eficacia y la gestión, han impregnado el discurso mayoritario alejando del mismo, conceptos como solidaridad y justicia distributiva.

Desconozco donde está el problema, pero es evidente que al utilizar el mismo lenguaje se confluye, mezclando las propuestas y contribuyendo a generar confusión. En estos momentos estamos en un proceso de recuperación de una crisis dura, y nos hemos olvidado donde está el origen de esa crisis, en una increíble desregulación del sistema financiero y una insaciable voracidad. La pérdida de referencias ideológicas, unidas al potente discurso liberal de la autorregulación, “dejemos que el mercado distribuya y autogestione los intereses y las necesidades”, han transformado la sociedad del bienestar en la sociedad de consumo. Las viejas instancias de la propiedad de los medios de producción y el aporte del trabajo, que mantenían una red de seguridad, generada por el conjunto de la sociedad, por cuanto los trabajadores eran necesarios y en una situación complicada para el trabajador encontraba el soporte social para reintegrarse y seguir adelante con su proyecto vital. El Estado del bienestar se concibió no como caridad, sino como un derecho ciudadano, una forma de aseguramiento colectivo. El Estado del Bienestar debía llegar allí donde la industria no llegaba, debía hacerse cargo de los gastos marginales del capital en busca de beneficio.

La situación actual, cuando un sector cada vez más creciente de la población tiene nulas posibilidades de reincorporarse al trabajo, se dibuja como una sociedad de consumo que favorece la exclusión por cuanto ya no necesita del trabajo para generar excedentes, pues estos se generan por procedimientos financiaros, no productivos.

Los parados ya no son la fuerza de reserva de trabajo y los repuntes económicos (los brotes verdes) ya no significan el fin del desempleo. Racionalizar la economía significa hoy (fundamentalmente para la patronal) recortar y no crear empleo y el progreso empresarial se mide por su capacidad de reconversión de los trabajadores, el cierre de secciones y reducción de personal.

Modernizar el estilo de dirección y de trabajo significa flexibilización, el mismo capital antes anclado en lo sólido (fábricas, cadenas productivas, etc.) se ha transformado en paradigma de la flexibilidad y se traslada cuando encuentra situaciones más rentables.

Esta nueva perspectiva la podemos resumir así “¿Estado del Bienestar? Ya no podemos permitírnoslo”. En efecto, las dotaciones asistenciales van pasando de ser un derecho ciudadano a convertirse en una sangría sobre el dinero de los contribuyentes, asociadas en alguna medida a través de la opinión pública, con la indolencia y la laxitud. Aunque hoy con una situación realmente compleja, el discurso se matiza.

Concluyendo, en alguna medida, se ha transformado el derecho en responsabilidad personal, y la sociedad privatiza la antigua tarea colectiva que generaba la red de seguridad.
Imagen de :
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4/15/2011

Calles limpias

El antiguo Alcalde de Madrid, hoy Ministro de Justicia, apoyado por su sucesora en la Alcaldía y entonces teniente de Alcalde, tras reducir un 27% las subvenciones a las asociaciones y fundaciones que atienden a las personas sin hogar, expone la necesidad de legislar sobre la obligatoriedad de la pernoctación de los sintecho en los albergues municipales.
El Ayuntamiento tiene siete albergues con 1.367 plazas que, en opinión de la Concejalía de Familia, serían suficientes para cubrir las necesidades.
No opina lo mismo Rosalía Portela, portavoz de Cáritas y de la plataforma de ONG que trabajan con los sintecho, creada el jueves. "Allí solo se da una atención de emergencia, pero necesitan un apoyo a largo plazo y un alojamiento estable y tranquilo", añade. Calidad y cantidad no suele ser lo mismo.
Pero esta introducción nos aleja de la intención de esta entrada. Hace un tiempo leí un fantástico artículo de Zigmunt Bauman "El sueño de la pureza" que comienza así: "Los grandes crímenes a menudo parten de grandes ideas".
Bauman nos recuerda los Narrenschiffen (barcos de locos) de los primeros tiempos de la Edad Moderna; los ciudadanos acorralaban a los locos, los embarcaban y los enviaban al mar, había que dejar las calles limpias del desorden que suponían, también menciona a la escritora norteamericana Cynthia Ozick y su opinión sobre la solución final alemana :"`fue una solución estética; se trataba de un trabajo de retoque, del dedo del artista borrando una mancha; algo que sencillamente aniquilaba lo que se consideraba disarmónico". 
Sin extendernos más, quiero expresar mi miedo ante una postura que, en mi opinión, intenta reestablecer un orden que se ve alterado por la presencia disarmónica de los sintecho, y vuelvo a Bauman y a través de su exquisita sensibilidad social me acerco a Mary Douglas y su "Purity and Danger":
"[...] equivale esencialmente a desorden. [...] Por consiguiente, si la suciedad es materia fuera de lugar, debemos abordarla a través del orden. La falta de limpieza o la suciedad es aquello que no se debe incluir si se quiere preservar un modelo".
A mi particularmente este modelo me aterra. Si a esto añadimos los incesantes impulsos de nuestras antiguas cajas para "limpiar" las viviendas adquiridas por "encima de nuestras posibilidades" con su dinero prestado por "encima de sus posibilidades" y rescatadas por "encima de nuestras posibilidades", el panorama es abrumador.

4/11/2011

Puede el multiculturalismo conducir a la segregación?

Por extraño que pueda resultar, el “apartheid” se construyó inicialmente con bases teóricas multiculturales. La gran mayoría de los afrinaker sostenían que la inteligencia humana variaba con la raza y que no existía posibilidad de civilizar a los africanos. No obstante, Eiselen (citado en Kuper, 2001, P.15), mantenía que no existía ninguna evidencia de tal teoría, asi como: “que no había raza ni nación alguna que tuviera el privilegio de liderar el proceso de civilización en el mundo para siempre”. Por tanto, para Eiselen, la verdadera base de la diferencia era la cultura y que las diferencias que generaba debían ser tenidas en cuenta:
“Si se minaba la integridad de las culturas tradicionales, se seguiría la desintegración social. Eiselen recomendaba que la política gubernamental debía estar encaminada hacia el fomento de una ‘más alta cultura bantú y no hacia la producción de europeos negros’. Más tarde, se empezó a usar el eslogan del ‘desarrollo separado’. La segregación era la vía adecuada para Sudáfrica, porque sólo la segregación preservaría las diferencias culturales.”
La escuela sudafricana de antropología, basó gran parte de sus desarrollos en la antropología cultural norteamericana, si bien rediseñando la teoría según sus propios intereses.

Multiculturalismo y Canadá

En el año 1957 se inicia en Quebec, la región francófona de Canadá, lo que se conocerá como “revolución tranquila”, un proceso acelerado de trasformaciones sociales que condujo a la modernización de Quebec e inició las reivindicaciones activas de una sociedad que pasó de un nacionalismo defensivo a reclamar nuevas competencias constitucionales.  En respuesta a tales reivindicaciones francófonas se inician, en Canadá,  las políticas multiculturales con la creación, en 1963, de la “Royal Comission on Bilingualism and Biculturalism” conocida vulgarmente como Comission B&B, y cuyo cometido se centraba en la resolución de los problemas que podía crear la existencia, en un solo país, de dos lenguas y dos culturas. En 1969 la comisión presentó su informe (Mitjans & Castellá Andreu, 2001), dividido en cuatro libros, de los que el último titulado “Cultural Contributions of Other Ethnic Group” recomendaba el bilingüismo, pero sustituía el biculturalismo inicial por un criterio multicultural, sintetizada en una batería de recomendaciones con el objetivo de impulsar un marco bilingüe en el que los diferentes grupos puedan convivir y desarrollarse, articulándose en dos ejes: la protección de las culturas y la no discriminación. En respuesta, Canadá aprobó en 1969 una Ley sobre Bilingüismo que reconocía como oficiales el francés y el inglés al mismo tiempo que promovía la contratación de francófonos en el gobierno federal. Los representantes de las minorías étnicas con origen ucraniano, húngaro o alemán, consideraron que la promulgación de la Ley vulneraba sus derechos y reclamaron la protección de sus culturas y sus lenguas. En respuesta a las demandas de sus minorías Canadá inició en el año 1971 sus políticas multiculturales aprobando el Programa de Multiculturalismo que ofrecía subvenciones destinadas al aprendizaje de las lenguas no oficiales, denominadas “heritage languages” y al mantenimiento de las asociaciones que articulaban a esos grupos minoritarios. El Primer Ministro canadiense Pierre Trudeau ( citado en Helly, 2007), estableció en su discurso, pronunciado en octubre de 1971 la profunda modificación que suponía el Programa de Multiculturalismo en la conciencia de la identidad nacional:
"El pluralismo cultural es la propia esencia de la sociedad canadiense. Todos los grupos étnicos tienen el derecho de preservar y enriquecer la cultura y los valores que les son propios. Al decir que existen dos lenguas oficiales, no decimos que tenemos dos culturas oficiales, y ninguna cultura determinada es más oficial que otra. Los objetivos consisten en proteger las libertades básicas, desarrollar la identidad canadiense, ampliar la participación de los ciudadanos, reforzar la unidad canadiense y fomentar la diversidad cultural".
Con posterioridad, en 1988, el Programa se transformó en Ley, la “Canadian Multiculturalism Act” que había sido precedida en 1986 por la “Employment Equity Act” y la “Carta Canadiense de Derechos y Libertades” de 1982 que reconoce derechos culturales, según el territorio que las diferentes comunidades ocupan. Este repertorio legislativo orienta la actuación del gobierno canadiense y establece como imperativo la actuación orientada al logro de iguales oportunidades de empleo y desarrollo, promover políticas, programas y acciones cuyo objetivo sea favorecer la contribución de los individuos y colectividades de todos los orígenes a la evolución del país; y estimular políticas, programas y acciones que permitan al público entender y respetar mejor la diversidad de los miembros de la sociedad canadiense.
La “Canadian Multiculturalism Act” define de hecho a Canadá como una tierra de individuos de todos los orígenes raciales, culturales, nacionales y étnicos. Sus objetivos principales son deslegitimar cualquier ideología de una supremacía cultural, socioeconómica y política de los canadienses franceses y de los ingleses, socializar el conjunto de la población en la diversidad cultural y desarrollar un sentido de pertenencia en todos los canadienses.

3/31/2011

El derecho a la cultura y las políticas culturales.



Dentro de los Derechos Sociales, entre los que debemos encuadrar los Culturales, nos encontramos con que algunos Derechos consisten en una concesión de títulos, mientras que otros constituyen un añadido de provisiones que deben facultar a los más necesitados el acceso al ejercicio de tales derechos.
Estos añadidos se instrumentan a través de políticas de redistribución de recursos para paliar la desigualdad en la distribución de las oportunidades y de políticas de reconocimiento que posibilitan el ejercicio de una discriminación activa que suavice la situación de desventaja de determinado grupo.
El lugar donde la Administración Cultural coloque teóricamente el Derecho a la Cultura va a fijar las políticas culturales, entendidas como “El conjunto de operaciones, principios, prácticas y procedimientos de gestión administrativa o presupuestaria que sirven de base a la acción cultural de las Administraciones”.
Existen importantes diferencias entre el Derecho a la Cultura y el resto de los Derechos sociales basadas fundamentalmente en la desagregación de los intereses culturales, hay carencia de necesidades de carácter cultural que sean asimilables a las necesidades básicas lo que impide su expresión bajo la forma de demandas.
Cuando existe demanda, en la mayoría de los casos, proviene de grupos implicados económicamente en la gestión de la cultura o bien es generalizada e inespecífica, salvo en el caso de los equipamientos culturales.
Será por tanto el nexo con lo social y la aplicación de políticas de reconocimiento y redistribución las que orienten la política cultural, con una visión que asimila la falta de integración y marginalidad a la falta de cultura, entendiendo ésta como sinónimo de educación o formación.
Pero existe una enorme variedad de facetas de lo cultural y si se atiende al acceso a determinados bienes y servicios culturales, también se debe atender a la conservación del patrimonio cultural y es en esta actividad, perfectamente legislada y regulada, donde existe una mayor dificultad para encontrar cauces de participación y donde los sistemas que ofrecen una mayor participación a los ciudadanos chocan con la realidad.
Hasta los años setenta la cultura de elite protagonizaba el panorama cultural. La cultura estaba reservada a aquellos que poseían la formación para generarla, interpretarla y vivirla y sus contenidos estaban limitados por la concepción del Arte y el Patrimonio.
Por esa misma época se impulsó la aplicación de políticas culturales consiguiendo superar la cultura elitista, apareciendo dos conceptos: democratización cultural y democracia cultural.
El Consejo de Europa, en su reunión en Oslo de 1976, fijaba los objetivos de las políticas culturales que debían desarrollar sus estados miembros: Preservación del patrimonio, igualdad de acceso a la cultura con especial énfasis en las obras de arte y el acceso de todos a la creación.
Pero las políticas culturales únicamente desarrollaron el concepto de democratización cultural, facilitando el acceso de todos a la cultura a través de la difusión de conocimientos y la puesta en marcha de equipamientos culturales que favorecen el disfrute de los bienes culturales por parte de la sociedad.
Sólo unos pocos poseen la cultura y la transmiten al resto de la sociedad, consumidores pasivos de la misma, convirtiéndola en objeto de consumo. El concepto de democratización cultural va pues unido al de difusión y tiene su origen en los países anglosajones.
En los años ochenta y asociado al postmodernismo se inicia el desarrollo del concepto de democracia cultural. La imaginación, creatividad, improvisación y negociación que caracterizan el postmodernismo se enfrentan a la racionalización, adaptación y gestión que configuraron la modernidad. Así pues, múltiples subculturas (entendidas como formas de vida, según la concepción de Habermas) y no ya como objeto de consumo se convierten en ámbito de desarrollo personal y colectivo. Las acciones culturales se desarrollan en diversos grupos o asociaciones culturales, superando el concepto que Bendix tiene de la participación, entendida más como posibilidad y no como acción: “…aunque la condición de ciudadano permite una participación más activa, sólo en contados casos requiere una acción efectiva.”
El concepto de democracia cultural va unido al de animación, como sinónimo de vitalización. Es una tecnología una metodología capaz de impulsar actividades sociales diversas. Su lugar de desarrollo se fija fundamentalmente en los equipamientos culturales de tercera generación. Centros cívicos o culturales que se acercan a la participación. 
 Pero este nuevo concepto, convive que no sustituye al anterior de democratización cultural. Una de las muestras es la promoción de ramas de actividad cultural de escasa rentabilidad, generadoras de nuevos criterios de diferenciación social, por cuanto priman facetas de actividad de carácter minoritario, accesibles a personas con un amplio capital cultural, en competencia con otras actividades. Los equipamientos necesarios para esas actividades buscan más el prestigio y la representación social que ser foros de participación. En centros distribuidos por los barrios y con gestión de los propios vecinos asociados es, donde en mi opinión, debe generarse la política participativa en materia de cultura.






3/28/2011

@rosanala, @olmillos ,Twitter y un Congreso

Esta pasada semana he participado en el II Congreso Nacional sobre Convivencia y Resolución de Conflictos en Contextos Socioeducativos coordinando un Symposium que tenía como hilo narrativo "La Interculturalidad y su contribución a la solución de conflictos".
Sin hacer mayor mención al mismo, si quiero resaltar el proceso de selección de dos de los participantes. Solucionada la participación de la propia Universidad de Málaga, a través de una de sus profesoras, así como un  referente institucional de la Comunidad Autónoma de Navarra en base a la importancia de los conflictos posibles que el terrorismo, que nuestro país ha sufrido, pueda generar en la mencionada Comunidad, restaba la selección de otros dos miembros del symposium.
Y, teniendo en cuenta la importancia creciente que las redes sociales adquieren en nuestro diario vivir, decidí utilizar el recurso de mis contactos en Twitter. Para mi existe una realidad: mi presencia en la red me ha permitido adquirir conocimiento, compartir experiencias y, al final, conocer personalmente a amigos virtuales que han trabajado y se han ilusionado conmigo y yo con ellos. Mi amistad y mi agradecimiento a @rosanala y @olmillos que a través de Twitter han contribuido a enriquecerme como persona y como profesional.

3/18/2011

Movimientos sociales y Partidos Políticos

Resulta extremadamente complejo identificarse con la totalidad de una ideología de transformación total de la sociedad, como la que sostienen las organizaciones políticas que se definen como partidos. La transformación de las estructutras sociales y económicas que se produjo en las últimas décadas del siglo generaron unas dinámicas que ya no son reductibles a “una metafísica del actor” . Esos cambios sociales confirieron una nueva dimensión a los movimientos sociales que abandonan el conflicto de clase. La cultura y su dimensión simbólica, cobran mayor importancia y comienzan a aunar las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales.
La especialización, una composición heterogénea y multiclasista  y la "life politics", configuran sus señas de identidad. Al mismo tiempo, su estructura deja de ser jerárquica y se hace horizontal, dotando de gran protagonismo a las relaciones de red.
Pero los partidos políticos siguen ocupando el espacio y manteniendo un proyecto que abarca todos los espacios de la vida, generando una cultura propia que construye identidad y se recicla a medida que cambian las circunstancias, refuncionalizando esa cultura como recurso y acercándose a la actitud de los nuevos movimientos sociales sin compartir sus características y su visión de la "acción como mensaje", sino desgajando el mensaje de la acción, que puede ser contradictoria y contribuye a la permanente crisis de lo político.
Hoy es más necesario que nunca repolitizar los espacios públicos, pero desde la acción ciudadana y la participación, desde la estrcuturas flexibles de la sociedad, intentar como decía Foucault "coger al poder en sus extremidades, allí donde se vuelve capilar" para evitar objetivizarlo en instituciones cuasi-personalizadas.



3/14/2011

Apoyemos a Japón, provoquemos un crak en su bolsa

Los maravillosos sentimientos de solidaridad que tienen asiento en el corazón de los inversores han quedado de nuevo al descubierto en la primera apertura de la Bolsa de Tokyo tras la catástrofe. En una maniobra que parece sincronizada todas esas fantásticas personas (físicas o jurídicas) que velan por la seguridad financiera de todos los seres humanos han vuelto a demostrar su valía y su apoyo al sistema intentando conseguir honrados beneficios a partir de cualquier catástrofe. Un aplauso a la gran banca, a los fondos de inversión y a todos los capitalistas en general que de nuevo nos demuestran la vieja teoría : "cuando el barco tiene problemas, las ratas son las primeras que lo abandonan", sigamos  apoyando a nuestros grandes empresarios en la tarea común de enriquecerlos

3/07/2011

Gestion de la diversidad

 
Introducción
Coincido con Carrithers (1995, p. 17) en que la pregunta fundamental que puede plantearse un investigador de lo cultural es. “¿Qué es lo que debe ser considerado cierto para los humanos en general? Los filósofos griegos, el cristianismo medieval, la Ilustración o los primeros liberales desarrollaron teorías monistas basadas en la uniformidad de la naturaleza humana, y su primacía sobre las diferencias, el valor de la arzón y la comprensión de la diversidad como diferencia específica. Pero, pese a todo, sigue estando abierta la pregunta. Creo que si llegamos a determinar las formas de diversidad existentes, podríamos comprender que unifica esta diversidad. Así pues, estudiar y comprender la diversidad puede ayudarnos a formular nuevos universales construidos desde el diálogo que sirvan de base a la nueva sociedad global.
Nunca como hoy hemos tenido tan presente la palabra cultura en nuestro vocabulario diario. Los políticos la convierten en un elemento clave de la democracia y en instrumento para salir de la crisis. El presidente del Partido Popular en España[1]  afirma: que la cultura es: “un asunto de Estado que trasciende cualquier división ideológica y partidista al constituir uno de los elementos que vertebran la identidad de la Nación española”. El Plan Estratégico para la Cultura en Andalucía la define como:”un derecho ciudadano y recurso social y económico”. Hablamos de cultura empresarial, de cultura política, aseguramos que un centro educativo tiene su “cultura”, incluso llegamos a afirmar que tal o cual elemento de cualquier juego no están en la cultura de tal o cual entrenador. Kuper (2001, p. 19) dice que la belleza de toda esta situación es que nos encontramos ante algo que todo el mundo entiende y nos propone una cita de Larissa Mac Farquar:
“Tratamos de vender semiótica, pero lo encontramos algo difícil’, informaba una compañía londinense llamada Semitic Solutions, ‘así que ahora vendemos cultura. Ésta [noción, palabra] la conocen. No tienes que explicarla’. Y no hay motivo ni llamamiento alguno para no tratar la cultura como se merece. ‘La cultura lleva la voz cantante por lo que se refiere a motivar la conducta del consumidor’, proclama un folleto de la empresa, ‘más persuasiva que la razón más de masas que la psicología”.
Pero, al mismo tiempo, la cultura bien podría estar, siguiendo a Kuhn (1989, p.21), en una “crisis del paradigma”, desconfianza de las reglas de solución normales y proliferación de teorías especulativas, porque existen distintas teorías de la cultura en la postmodernidad que reflejan claramente ese nivel especulativo.
Ahora bien, ¿Cuándo hablamos de cultura, multiculturalidad, multiculturalismo, interculturalidad…….estamos todos hablando de lo mismo? La cultura y sus epígonos son conceptos clave de discusión en muy diversos ámbitos en la actualidad. Existen conceptos que encierran dentro de sí un proceso continuo de transformación con diferentes  velocidades e intensidades y su significado se mueve en búsqueda de nuevas significaciones. Los términos que estructuran nuestro estudio se ajustan a tal situación.
La sociedad multicultural, entendida como diversificación cultural de la sociedad, se configura como una de las cuestiones, como uno de los problemas que el mundo de hoy debe resolver. Quizás por ello, son numerosas las aportaciones desde distintas disciplinas acerca de la emergencia de lo identitario, así como de la reivindicación y reconocimiento de las diferencias en las sociedades actuales. En los últimos años, las preguntas acerca de cómo pensar y articular la “diferencia” desde los modelos occidentales de igualdad y derechos han supuesto uno de los temas de debate de mayor calado e interés.
Parece evidente que la educación ha sido uno de los ámbitos en los que las teorías interculturales han tenido una mayor importancia y desarrollo. De hecho, la interculturalidad nace como una cuestión pedagógica: la de dar respuestas educativas a las identidades y articular las particularidades en el marco de las instituciones de educación. La de implementar una pedagogía del reconocimiento de las culturas y para las culturas capaz de mitigar el impacto homogeneizador de la cultura dominante.
Desde esa realidad, nuestro interés por este ámbito de estudio surge como curiosidad y pregunta acerca de la , y está motivada por cuestiones que seguramente abarcan problemáticas ubicadas mucho más allá de la propia pedagogía. La idea de la identidad y la diferencia, y de cómo éstas configuran un “lugar” social para los individuos, la extrañeza frente a la simplificación de los contenidos con que solemos describir las identidades, sus adjetivaciones, no sólo culturales, constituyen uno de los interrogantes iniciales de este trabajo.

Diversidad

Es importante constatar que la diversidad no se encuentra en territorios lejanos, está con nosotros, en los trabajadores que nos atienden en los comercios, en la variedad de los restaurantes y en las diferentes lenguas que escuchamos en nuestros autobuses. Comenzaremos con una visión de las sociedades multiculturales, con la multiculturalidad entendida como situación social, así como a las respuestas políticas que los diferentes estados han articulado, con una especial referencia al multiculturalismo. Entendemos por multicultural aquella sociedad que engloba a varias comunidades, pero no en cuanto a diferencias per se, sino en aquellas que tienen por sustento la cultura. En las sociedades actuales la diversidad cultural puede adoptar múltiples formas, variedad grupal dentro de los esquemas de la cultura dominante o presencia de comunidades que viven de acuerdo con sus propios sistemas de creencias y prácticas (Parekh, 2005).
Las diferencias que conforman lo cultural, se caracterizan por llevar, en si mismas, un sistema estructurado de significados, no puede equipararse a aquellas diferencias que surgen de las elecciones individuales. Desde este punto de partida, es evidente que nuestra toma de posición en relación con el concepto de cultura condicionará el análisis. Quiero hacer referencia igualmente al término “multiculturalismo”, entiendo que podemos acercarnos a su concepto desde dos planos: 1) como respuesta institucional a la multiculturalidad, designando, en este caso, las políticas de atención a las minorías desarrolladas fundamentalmente en los países anglosajones, y 2) como doctrina que respalda la concesión de derechos diferenciados a las minorías culturales.
Siguiendo a Parekh, podemos afirmar que la diversidad cultural adopta, en nuestras sociedades modernas, múltiples formas, si bien hay tres destacables que denomina: 1.- diversidad subcultural, 2.- diversidad de perspectiva y 3.- diversidad comunal. (2005, p.17-18):
Si bien estos tres tipos de diversidad comparten ciertos rasgos comunes (llegando a veces a solaparse), también difieren en importantes aspectos. La diversidad subcultural está incardinada en una cultura compartida que se desea abrir y diversificar, no reemplazar por otra. Esto no significa que sea más superficial o más fácil de encajar que otros tipos de diversidad. Matrimonios cuyos miembros sean del mismo sexo, la cohabitación y la cuestión de los padres homosexuales a menudo ofenden profundamente y provocan fuertes reacciones entre muchos miembros de la sociedad. Sin embargo, su reto se mantiene dentro de un ámbito limitado y se articula en términos de valores que, como la autonomía personal y la libertad de elección provienen (En el caso de occidente) de la cultura dominante. La diversidad de perspectiva supone una visión de la vida que la cultura dominante, o bien rechaza en su conjunto, o bien acepta en teoría pero rechaza en la práctica. Es más radical y abarca más que la diversidad subcultural y no resulta tan fácil de encajar. La diversidad comunal es algo bien diferente. Nace y se sostiene a partir de una pluralidad de comunidades largo tiempo establecidas, cada una de las cuales cuenta con su propia y larga historia y una forma de vida que desea preservar y transmitir. En este caso, la diversidad es robusta y tenaz, tiene representantes sociales bien organizados y resulta, a la vez, más difícil y más sencilla de encajar, dependiendo de su profundidad y sus demandas.”
Una rápida a la mayoría de las sociedades occidentales nos permite descubrir la presencia de estas tres formas de diversidad, por lo que adoptaremos su clasificación en nuestro estudio. Consideraremos por tanto incluidos en los criterios de multiculturalidad a las personas homosexuales, las feministas, ecologistas, las agrupaciones religiosas, las medioambientales, junto a gitanos, vascos, escoceses, catalanes o los recientes grupos de inmigrantes.
Pese a esa realidad, el uso del concepto “multiculturalidad”, suele restringirse centrándose en la diversidad comunal, bien sea por las diferencias que existen los planteamientos, bien porque la construcción del término en los países anglosajones se alimentaba de esa diversidad. Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá y Australia recurrieron al “multiculturalismo” en un intento de solucionar los problemas a los que se enfrentaban, ya que habían asumido la existencia de una única cultura nacional que era capaz de asimilar a todos los ciudadanos, y la realidad les mostró la existencia de grupos dentro de sus fronteras, que o no podían, o no querían asimilarse. No obstante, en nuestro planteamiento consideramos todas las formas de diversidad.
Pero, el fenómeno de la “multiculturalidad” nos es simplemente una realidad contemporánea fruto de la globalización, es un fenómeno histórico, ya que ha estado presente a lo largo de la historia. Existían sociedades multiculturales con presencia de grupos minoritarios, si bien tradicionalmente esos grupos asumían su condición subordinada a la cultura mayoritaria y se mantenían en el espacio físico y social que les era atribuido. El imperio otomano nos puede servir de ejemplo, basándose en una estructura denominada “millet” que contaba con amplias comunidades judías y cristianas denominadas “dhimmis” instaladas en su territorio a las que se garantizaba un alto grado de autonomía. Únicamente los musulmanes ostentaban plenos derechos de ciudadanía, pero las comunidades protegidas contaban con derechos culturales aunque no políticos.

La gestión de la diversidad

La realidad de las sociedades multiculturales exige el equilibrio de dos principios contradictorios, por una parte mantener la cohesión social, pues sin tal requisito es complicado mantener la unidad política y, al mismo tiempo, debe abordar la gestión de la diversidad.
Podemos plantearnos si la diversidad un fenómeno transitorio o permanente y si es un valor deseable para la sociedad. Pero, desde esa realidad a la que hacíamos mención, el problema que nos surge es como debe el Estado debe gestionar esa diversidad, cuál es el límite permisible y si debe desarrollar un tratamiento igualitarios de todas las culturas o privilegiar la cultura dominante.
En nuestra opinión, y basándonos en una concepción de la cultura similar a la planteada por Bauman (2002), la diversidad es una factor de riqueza.
“El factor más prominente de la vida contemporánea es la variedad cultural de las sociedades, más que la variedad de culturas en la sociedad: aceptar o rechazar una forma cultural no es más que un trato puntual, no requiere aceptar o rechazar todo el inventario existente ni implica una “conversión cultural”. Y tal vez siempre haya sido así. Pero incluso si, en algún momento, las culturas fueron sistemas completos en el que cada unidad era crucial e indispensable para la supervivencia de todas las otras, es casi seguro que lo han dejado de ser”.
Desde esta posición, la “interculturalidad” entendida como metodología, conjunto de procedimientos que orienten lo cultural, basados en el diálogo, la autocrítica y la heterocrítica, la alteridad, la reciprocidad, la cooperación y la solidaridad como superación de la tolerancia, se nos muestra como uno de los caminos más apropiados para gestionar la diversidad.  Y esa gestión, no ha delimitarse únicamente a las acciones interculturales en Educación, sino que ha de trasladarse a los entornos próximos. Una buena práctica intercultural debe extenderse a todos los ámbitos y soportarse desde el desarrollo de los Derechos de Tercera Generación o Sociales.
Dentro de los Derechos Sociales, entre los que debemos encuadrar el Derecho a la Educación y los Derechos Culturales, nos encontramos con que algunos Derechos consisten en una concesión de títulos, mientras que otros constituyen un añadido de provisiones que deben facultar a los más necesitados el acceso al ejercicio de tales derechos. Estos añadidos se instrumentan a través de políticas de redistribución de recursos para paliar la desigualdad en la distribución de las oportunidades y de políticas de reconocimiento que posibilitan el ejercicio de una discriminación activa que suavice la situación de desventaja de determinado grupo.
Existen importantes diferencias entre el Derecho a la Cultura y el resto de los Derechos Sociales basadas fundamentalmente en la desagregación de los intereses culturales, hay carencia de necesidades de carácter cultural que sean asimilables a las necesidades básicas lo que impide su expresión bajo la forma de demandas. Ahora bien, cuando existe demanda, en la mayoría de los casos, proviene de grupos implicados económicamente en la gestión de la cultura o bien es generalizada e inespecífica, salvo en el caso de los equipamientos culturales.
Será por tanto el nexo con lo social y la aplicación de políticas de reconocimiento y redistribución las que orienten la política cultural, con una visión que asimila la falta de integración y marginalidad a la falta de cultura en su original acepción proveniente de la Ilustración que la identifica con educación.
En los años setenta del siglo XX se impulsó la aplicación de políticas culturales consiguiendo superar la cultura elitista, apareciendo dos conceptos: democratización cultural y democracia cultural.
El Consejo de Europa, en su reunión en Oslo de 1976, fijaba los objetivos de las políticas culturales que debían desarrollar sus estados miembros: Preservación del patrimonio, igualdad de acceso a la cultura con especial énfasis en las obras de arte y el acceso de todos a la creación.
Pero las políticas culturales únicamente desarrollaron el concepto de democratización cultural, facilitando el acceso de todos a la cultura a través de la difusión de conocimientos y la puesta en marcha de equipamientos culturales que favorecen el disfrute de los bienes culturales por parte de la sociedad.
Sólo unos pocos poseen la cultura y la transmiten al resto de la sociedad, consumidores pasivos de la misma, convirtiéndola en objeto de consumo. El concepto de democratización cultural va pues unido al de difusión y tiene su origen en los países anglosajones.
En los años ochenta y asociado al postmodernismo se inicia el desarrollo del concepto de democracia cultural. La imaginación, creatividad, improvisación y negociación que caracterizan el postmodernismo se enfrentan a la racionalización, adaptación y gestión que configuraron la modernidad. Así pues, múltiples subculturas (entendidas como formas de vida, según la concepción de Habermas) y no ya como objeto de consumo se convierten en ámbito de desarrollo personal y colectivo. Las acciones culturales se desarrollan en diversos grupos o asociaciones culturales, superando el concepto que Bendix (1974) tiene de la participación, entendida más como posibilidad y no como acción: “…aunque la condición de ciudadano permite una participación más activa, sólo en contados casos requiere una acción efectiva.”
Acompañar ese modelo de política cultural con diálogo, crítica y solidaridad configura nuestra propuesta de acción intercultural que requiere de una actividad interdisciplinar e interdepartamental, un enfoque de la acción ético, social y cívico desarrollado por Banks (citado en Ibáñez Orcajo; 1996).


BIBLIOGRAFÍA
Bauman, Z. (2001). La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Ediciones Akal, S.A.
Bauman, Z. (2007). Miedo Líquido La sociedad contemporánea y sus temores. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica, S.A.
Bauman, Z. (2007). Modernidad liquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, S.A.
Bendix, R. (1974). Estado Nacional y Ciudadanía. Buenos Aires: Amorrortu.
De Vallescar Palanca, D. (2003). Hacia una racionalidad intercultural: Cultura, Multiculturalismo e Interculturalidad. Madrid: P.S.
Foucault, M. (2009). Vigilar y castigar:nacimiento de la prisión. Madrid: Siglo XXI de España, Editores, S.A.
Freud, S. (2005). El malestar en la cultura y otros ensayos. Madrid: Alianza Editorial, S.A.
Fukuyama, F. (1994). El fin de la Historia y el último hombre. Barcelona: Editorial Planeta-De Agostini, S.A.
Habermas, J. (2008). El discurso filosófico de la modernidad. Buenos Aires: Katz Editores.
Harris, M. (2000). Antropología cultural. Madrid: Alianza Editorial, S.A.
Ibáñez Orcajo, M. T. (1996). Ciencia multicultural y no racista. Apuntes I.E.P.S. , 1-65.
Iriarte Moncayola, M. (2010). La Educación Intercultural. Una metodología a compartir; desde el aula a los entornos próximos. Organizar y dirigir en la complejidad. Instituciones educativas en evolución (págs. 357-366). Las Rozas (Madrid): Wolters Kluwer España, S.A.
Kuhn, T. S. (1989). ¿Qué son las revoluciones científicas? y otros ensayos. Barcelona: Editorial Pidós Ibérica, S.A.
Kuper, A. (2001). Cultura: la versión de los antropólogos. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A.
Lizcano, E. (2005). La metáfora como analizador social. En L. Castro Nogueira, M. Á. Castro Nogueira, & J. Morales Navarro, Metodología de las ciencias sociales (págs. 137-171). Madrid: Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S.A.).
Parekh, B. (2005). Repensando el multiculturalismo. Diversidad cultural y teoría política. Madrid: Ediciones Istmo S.A.
Spengler, O. (1993). La decadencia de occidente. Barcelona: Editorial Planeta-de Agostini, S.A.
Steiner, G. (1992). En el Castillo de Barba Azul: aproximación a un nuevo concepto de cultura. Barcelona: Gedisa.



[1] http://www.larazon.es/noticia/3002-la-cultura-pide-un-cambio

3/04/2011

Progreso

Una palabra fundamental en el desarrollo de las teorías de la Ilustración es "progreso", en el marco de la "evolución social unilineal" en la que creían representaba una cierta satisfacción moral en esa linea evolutiva. Pero el "progreso" no tiene ninguna connotación moral simplemente significa un cambio en una dirección definida. El componente moral le fue asignado por los filósofos de la Ilustración y desde ese momento está asociado con el paso a mejores condiciones en un determinado sistema de valores.
Parece bastante claro que los sistemas de valores no son universalmente compartidos y que por lo tanto la satisfacción moral del progreso solo será compartida por nuestros afines.




2/24/2011

Tolerancia


Es curiosa la abundancia en los perfiles políticos en las redes sociales del mal llamado y conceptuado "valor de la tolerancia".

Intentaremos profundizar someramente en este concepto. El común denominador de la mayoría de los trabajos que abordan una definición de interculturalidad viene definido por la relación entre culturas, ahora bien las condiciones en que debe producirse la relación varían. En unos casos se plantea que la relación debe ser horizontal, en otros se menciona el respeto o el diálogo, igualmente se plantea la comprensión, la simetría, etc.

En nuestra opinión consideramos necesario que las relaciones entre culturas reúnan todos los condicionantes a los que hemos hecho mención para que la metodología que proponemos sea efectiva. Resulta especialmente relevante la consideración de la solidaridad. Tolerancia, siguiendo a autores como Bauman, Dussel, Jabés o Tenembaum, puede significar despreocupación e indiferencia:

“Ser benévolo y la tolerancia para la cual representa el símbolo de conducta y de expresión bien puede significar indiferencia y despreocupación derivadas de la resignación (…): el Otro no va a ir y no se va a volver como yo, pero no tengo manera (en este momento por lo menos, o en un futuro previsible) de obligarlo a irse o a cambiar. Como estamos condenados a compartir tiempo y espacio, hagamos soportable y un poco menos peligrosa nuestra coexistencia. Espero que mi oferta de reciprocidad sea aceptada; esa esperanza es mi única arma” (Bauman 2007 en “Las contradicciones culturales de la modernidad”).

Incluso podemos llegar algo más lejos, tolerar puede implicar la convicción, en quien tolera, de que la persona, el grupo o la conducta tolerada implica algo defectuoso, imperfecto, que no se ajusta a los valores y creencias propias. El concepto de tolerancia implica, igualmente, la certeza de que es posible distinguir lo correcto de lo incorrecto y, por ello, genera visiones opuestas. La tolerancia niega a los otros, a los extraños, posiciones equiparables en la sociedad. Las implicaciones de la palabra son subconscientes y no enunciadas: estamos separados y no somos iguales. Por consiguiente, antes que generar solidaridad, el concepto de tolerancia la proscribe al impedir la igualdad, y al hacerlo así promueve una relación de dominante y dominado.

Sólo sintiéndonos solidarios y corresponsables de nuestro futuro compartido, podemos construir de forma inequívoca una sociedad multicultural que no presente los problemas actuales:

“Mi nexo con el extraño se revela como responsabilidad; más que la neutralidad indiferente o incluso la aceptación cognitiva de la similaridad de condición (y ciertamente no mediante la desdeñosa versión de la tolerancia: le funciona ser como es, y hay que dejarlo ser, aunque no me imagino siendo así. Se revela, en otras palabras, como comunidad de destino, y no simple semejanza de sino. A un sino compartido le es suficiente con la tolerancia mutua; un destino conjunto requiere solidaridad” (Bauman 2007 en “Las contradicciones culturales de la modernidad”).

2/18/2011

Transparencia



Como elemento fundamental en la buena gobernanza y en la democracia ha de asegurarse la transparencia en la vida pública local, mediante el establecimiento de los mecanismos necesarios y la pedagogía política que ponga en valor los principios del buen gobierno en el ejercicio de las funciones de representación institucional.
Comprende no solo el conjunto de instrumentos que ayudan a iluminar el poder público, que tiene una tendencia importante a la opacidad, sino que se trata de un principio fundamental del ejercicio democrático del poder y el antídoto más eficaz contra la corrupción, que se esconde detrás del ejercicio opaco del poder.
El componente esencial de la transparencia es la información , Schumpeter es el autor que más enfáticamente defiende la necesidad de una información y unconocimiento suficiente para poder evaluar las decisiones de gobierno, mientras que Dahl destacará la necesidad de la educación cívica y el fortalecimiento de las instituciones encargadas de promoverla, con el fin de que aumenten las capacidades de los ciudadanos para que puedan implicarse en la vida política y les permita afrontar la complejidad de los asuntos públicos.
Es necesaria una información transparente para todos y no solo para determinados grupos . No se trata de un principio destinado a favorecer una democracia deliberativa sino a fundamentar una verdadera democracia representativa. Un ciudadano debidamente informado será más exigente con sus representantes y dirigentes políticos y estos serán más responsables con los ciudadanos.
La finalidad inmediata de la transparencia y de la consecuente mejora de la información es incrementar el control y la evaluación de los poderes públicos y especialmente de la Administración pública. Si el principio de responsabilidad implica una autolimitación del poder político, el de transparencia supone el empoderamiento de los ciudadanos con la misma finalidad: un poder político más sometido a los ciudadanos. Para que sea efectivo se requiere el concurso activo de los poderes públicos con el fin de que hagan los procesos decisionales y de ejecución más visibles y entendibles para todos.
Tampoco podemos olvidar la existencia de estudios que nos muestran que la existencia de un marco legal orientado hacia la transparencia no garantiza las prácticas presupuestarias transparentes que dependen del nivel de aplicación de la Ley (Pineda Nebot, 2002).

2/16/2011

Industrias Culturales o "USA INDUSTRIES"

Desde la década de los años 90, cinco empresas multinacionales se apropiaron del 96% del mercado mundial de música, con resultados tales como que la canción “Travesía” de Milton do Nascimento, actualmente se denomina “Bridges” y aparece en los catálogos como obra de dos autores, el propio Milton y Give Lee que tradujo la letra al inglés.
En el campo de la cinematografía el predominio del cine americano se ha convertido en un oligopolio, dejando prácticamente sin sitio a industrias tan significativas como la francesa o la rusa, basando su actuación en el control casi absoluto de la producción, la distribución y la exhibición en más de un centenar de países.
Parece por tanto evidente la necesidad de una actuación que aminore, en la medida de lo posible, una remodelación global de las industrias culturales que eliminan de la circulación internacional a extensas zonas de la producción cultural y las reduce a expresiones minoritarias. No creo que una iniciativa como la Ley Sinde, pese a declaraciones grandilocuentes de la titular del Ministerio "No puede ser que la riqueza de la cultura se pierda en la red" vaya a mejorar en nada esa situación monopolista, más bien la potenciará.
Imagen: 
http://www.elblogdenits.com.ar/blog/2008/02/01/milton-nascimento-perfil-2006-1cd/

2/14/2011

Antonio Machado y Alvarez -dialecto y flamenco,


En 1869 un grupo de intelectuales encabezados por el catedrático de Física, Geología e Historia Natural, Dº Antonio Machado y Nuñez, recién elegido rector de la Universidad de Sevilla, junto a Federico de Castro, abogado y catedrático de Metafísica, Literatura y Ciencias, fundan la Revista Mensual de Filosofía, Literatura y Ciencias de Sevilla, como órgano difusor de los nuevos planteamientos ideológicos. Así lo hacen constar en el primer número.
Ya desde el primer número va a aparecer  una sección fija bajo el nombre genérico de “Apuntes para un artículo literario” cuyo autor es Antonio Machado y Alvarez, hijo del fundador y padre de Antonio y Manuel. Educado al calor de las ideas revolucionarias e influido por el krausismo de Federico de Castro, se dedica al estudio de las tradiciones y costumbres populares con el mismo ahínco que su padre en la esfera de la Historia Natural. Fue, por tanto, el iniciador de las investigaciones de lo que por entonces comenzó a llamarse Folklore, y que con el tiempo paso a perfilarse como una nueva ciencia: la Antropología Cultural.
Sus trabajos no fueron sino el principio de sus investigaciones sobre la CULTURA DEL PUEBLO, con mayúsculas, tal y como él lo escribiera, protagonista hasta tal punto de sus trabajos que le harán adoptar el nombre de Demófilo.
Su labor no pretendió ser mas que meramente recopiladora, aunque dejando entrever ya escuetas interpretaciones de las canciones, que de hecho aparecerán agrupadas por temas, que van desde los políticos, como las que a su entender expresan la protesta enérgica del pueblo mejor que los discursos del más ilustrado político.
Su preocupación por los temas andaluces lo llevan a abordar todas aquellas canciones sonde se manifiesta la especial estructura de su pronunciación, realizando un análisis lingüístico. De igual forma deja ya entrever la relación de esos modismos del lenguaje con la cultura andaluza, y de ésta como expresión de una entidad jurídica y política, a la que todavía no se atreve a definir claramente. Tendrían que pasar algunos años aún para que otros hombres emprendieran la tarea de la afirmación política de Andalucía.
Machado utiliza el término ya hoy en desuso de dialecto, mediante el cual manifiesta su carácter e individualidad: “Así observamos que el andaluz muestra predilección por unas consonantes y aversión decidida por otras...Este amor y este odio hacia las inofensivas letras, revela algo fundamental que no depende ya del estado y la conformación del órgano físico, sino que sirve para descubrir ese individuo mayor, sin nombre todavía, que marca el tránsito de la provincia a la nación o pueblo”.
Su preocupación por los cantes populares le van a conducir  como un proceso lógico al flamenco, y a pesar de que más adelante realizará diversos estudios en profundidad sobre tales temas, deja ya por sentado en sus artículos algunos datos sobre sus orígenes: “resultado del contacto en que vive la clase baja del pueblo andaluz con el misterioso y desconocido pueblo gitano”.

2/11/2011

Democracia electrónica


Es evidente que el desarrollo de la sociedad de la información basada en el uso masivo de las TICS, puede revitalizar la institucionalización de la democracia participativa. Las tendencias académicas sobre la democracia deliberativa electrónica, hacen más hincapié en los factores tecnológicos que en las respuestas conceptuales de la nueva visión a la mejora de las condiciones de la participación.
Así, mientras que por un lado existe el convencimiento que el potencial comunicativo que abre Internet nos va a conducir inexorablemente a un proceso de revitalización de nuestras democracias al permitir la aparición de una ciudadanía más informada y participativa, por otro lado no sólo se desconfía de la capacidad de Internet para producir cambios sustanciales en el funcionamiento de las democracias, sino que también se alerta sobre las posibilidades de que pueda agravar las brechas ya existentes y abrir otras nuevas. Como una nueva divisoria entre los ciudadanos que usan Internet para hacer valer sus derechos políticos y aquellos que no pueden usarla o no quieren.
Pero al margen de los criterios tecnológicos que están en el fondo de las dos posturas, debemos orientar nuestro trabajo hacia las dificultades de carácter ético e institucional que deben conformar nuestro discurso.
Las TIC’s han de facilitar la relación entre ciudadanos y Administración simplificando trámites, mejorando la accesibilidad a los servicios públicos, facilitando las respuestas administrativas, agilizando las relaciones, favoreciendo las propuestas, reclamaciones o peticiones de los habitantes de nuestra ciudad estableciendo plataformas interactivas que, sin sustituir la necesaria relación personal, faciliten foros de encuentro para el ejercicio de la libertad y el derecho a la participación desde la igualdad.

2/07/2011

Multiculturalismo

La sociedad multicultural, entendida como diversificación cultural de la sociedad, se configura como una de las cuestiones, como uno de los problemas que el mundo de hoy debe resolver. Quizás por ello, son numerosas las aportaciones desde distintas disciplinas acerca de la emergencia de lo identitario, así como de la reivindicación y reconocimiento de las diferencias en las sociedades actuales. En los últimos años, las preguntas acerca de cómo pensar y articular la “diferencia” desde los modelos occidentales de igualdad y derechos han supuesto uno de los temas de debate de mayor calado e interés.
El multiculturalismo, entendido como la respuesta política que, desde la Administración, intenta conciliar la diversidad y la cohesión, se generó en el entorno de las sociedades anglosajonas, aunque posteriormente se extendió por otros países a medida que la multiculturalidad  cambiaba sus sociedades.
Recientemente, el Primer Ministro inglés, David Cameron lider del partido conservador, denunció las politicas del multiculturalismo  " porque la política de tolerancia de los anteriores gobiernos laboristas ha convertido a los jóvenes en objeto vulnerable del radicalismo islámico".
Introducir el problema del multiculturalismo en el actual debate político utilizando este tipo de argumento, quizás sea un intento de desviar la atención del creciente malestar de gran parte de la sociedad británica por las políticas de la coalición gobernante. Al mismo tiempo supone un golpe a las aspiraciones del pueblo egipcio de controlar su propio destino. No olvidemos que  el ex-presidente Aznar condiciona la libertad del pueblo egipcio a los intereses de occidente.
Una nueva muestra de etnocentrismo y prepotencia, ya que ni siquiera un concepto tan limitado como el de tolerancia puede ser asumido por los gobiernos conservadores.
Se equivocan y al intentar la asimilación, evitando el diálogo constructivo atentan contra la propia seguridad de occidente que dicen defender.

Imagen de Forges

2/03/2011

Málaga y limpieza: evaluación de los servicios públicos

En el ámbito local europeo, la evaluación de la actuación pública sigue dos tendencias en función de las dinámicas dominantes de servicio público. En el Reino Unido e Irlanda y en los países escandinavos (Dinamarca, Suecia, Noruega, y Finlandia), la evaluación de la actuación local se centra en los resultados de los servicios municipales (eficiencia y eficacia) y en la capacidad de la organización para lograr los objetivos propuestos. En cambio, en los países de una tradición continental prusiana (Alemania, Austria) o napoleónica (Francia, Italia, Grecia, Portugal y España), la evaluación de la actuación pública valora principalmente los recursos empleados y el ajuste a la legalidad, sin prestar excesiva atención a los productos de los servicios municipales, salvo excepciones. En los dos grupos de países domina una perspectiva muy restringida de la evaluación, pues todavía no se presta de forma generalizada la atención debida a la calidad de vida y a la calidad de las interacciones de los múltiples agentes institucionales, privados y sociales que participan en una economía mixta de provisión de servicios.
Poco a poco surgen evaluaciones de municipios aislados, en los que se incorpora también la calidad de vida como índice. Los directivos públicos han empezado a comprender (véase Bennet [et al], 2001 para Canadá) que ni los políticos, ni los medios de comunicación ni los propios ciudadanos están interesados en informes con numerosos indicadores de poca relevancia. En general, los residentes no están interesados en conocer el número de toneladas de basura que se recogen por semana en una ciudad, sino que están más preocupados por la limpieza del barrio, que la basura sea recogida con asiduidad, que las calles, las plazas y los locales de la zona estén limpios. El número de toneladas de basura recogida, de interés como parámetro de gestión para los directivos públicos, no refleja la limpieza de las calles. La mera actividad de los servicios de limpieza no garantiza que las calles estén limpias porque esto depende de la actividad de los restaurantes, de sus terrazas al aire libre, de cómo se comportan los ciudadanos con respecto a las papeleras instaladas en la calle, etc. 
La limpieza de las calles, en suma, se consigue a partir de la actuación de numerosos grupos (ciudadanos limpios), no sólo de los servicios (eficientes) de limpieza.

Foto: marcos_canzian Objetivo Málaga.com

MALAGA Y PARTICIPACIÓN: LAS PERSONAS PROTAGONISTAS



Una democracia de calidad, más allá de los criterios liberales y su doctrina única es aquella que gestiona la globalidad, incorporando a las personas en la toma de decisiones a través de procesos de participación. La participación ciudadana no es una alternativa a la representación sino una condición necesaria para que nuestros representantes gobiernen con excelencia. El futuro de la democracia pasa por aprovechar al máximo la oportunidad de lo local.
El compromiso de un partido que se sustenta en lo social y en una nueva concepción de progreso que supere el de la Ilustración, incorporando criterios de sostenibilidad es gobernar para las personas y con las personas. Con una ciudadanía informada, activa y responsable que genere una sociedad civil dinámica y plural, acrecentando metodologías interculturales de diálogo desde un ayuntamiento con un equipo de gestores y empleados públicos bien formados, y motivados para ofrecer los mejores servicios a la ciudadanía.
La participación ciudadana ha de asentarse sobre las premisas del pacto político entre los grupos políticos municipales con base dialógica y un pacto cívico con la ciudadanía y las entidades asociativas.
Impulsando una gestión municipal abierta a la participación ciudadana, de esta forma la representatividad de los gobiernos locales se consolida favoreciendo un control ciudadano más claro y transparente.
Los ciudadanos y ciudadanas no pueden quedar al margen de las decisiones que se toman en la ciudad y, pese a que las grandes líneas de actuación están marcadas en los programas electorales la realidad se impone a diario, y es en este ámbito cambiante y diverso no previsto donde la participación directa ha de tener su acomodo.
Ha de canalizarse la participación instrumentalmente, a través del Reglamento de Participación generando en los ciudadanos la motivación para intervenir en los asuntos colectivos, pues es imprescindible que puedan acceder a una información veraz y de calidad para que sean conscientes de sus responsabilidades con los demás y con el entorno.

2/01/2011

Málaga y la Sostenibilidad

En todos los ámbitos de la vida, en todas las actividades humanas, las sociedades avanzadas están persiguiendo un objetivo de equilibrio que hemos dado en llamar “sostenibilidad” o “desarrollo sostenible” como un condición más, una condición añadida, que requerimos para acometer cualquier proyecto o tarea, un requisito que se incorpora para afrontar cualquier empresa humana. La sostenibilidad, entendida como la formuló originalmente el Informe Brutland en 1987, consiste en “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades.”, y se asienta en tres aspectos que se han de analizar simultáneamente: la sostenibilidad social, la económica y la medioambiental
El urbanismo, la creación de ciudad y la acción sobre el territorio, no podía escapar de este principio general socialmente aceptado y valorado por la ciudadanía, y siendo la ciudad el medio en el que se desarrolla la vida de la mayoría de la población española, es más importante incluso que en otros campos de la vida que esta disciplina se impregne del requisito de sostenibilidad. Estamos construyendo Málaga con criterios de sostenibilidad? consideramos el suelo como un recurso escaso y agotable?. En el siglo XXI  creo que no podemos –que no debemos- seguir esquilmando el territorio y las actuaciones urbanísticas habrán de desarrollarse, en su gran mayoría, sobre suelos “reciclados”, que se recuperan y se reutilizan para nuevos usos tras su regeneración.

¿Podemos hablar de progreso?

George Steiner en su ensayo de 1971 "En el Castillo de Barba Azul: una aproximación a un nuevo concepto de cultura", señala que en la actualidad se han derrumbado tres axiomas de la modernidad que han dado al traste la idea de progreso: El hombre para su desarrollo debe dominar la naturaleza que muestra sus heridas: “Primero, se ha perdido o al menos está decididamente dañado el axioma del progreso que concebía la historia occidental como una curva permanente de ascenso. Segundo, ya no aceptamos la proyección según la cual el progreso necesariamente habrá de difundirse desde los centros privilegiados a todos los hombres. Tercero, ya no podemos apelar sin excesiva reserva al programa educativo del humanismo que sostenía que la ignorancia racional e ilustrada era la fuente de la crueldad y la barbarie; el tipo de conocimiento y formación otorgado por esa educación humanística no ha disminuido los niveles de violencia e injusticia en las sociedades occidentales contemporáneas”. En esa misma línea somos conscientes de  la creciente capacidad destructiva de la civilización generada por la sociedad industrial y una creciente inefectividad derivada de la incapacidad resolutiva del sistema político. C. Offe afirma: “las tres fórmulas de racionalidad con las que se han impulsado y legitimado los procesos de modernización en los siglos XIX y XX (técnica científica, cálculo económico del capital y regulación jurídica), han quedado por lo menos tan desacreditados como insuficientes, poco fiables y potencialmente irracionales, y hoy nadie pretende fundamentar la racionalidad de la acción política en estos criterios exclusivamente”.  Se ve que Offe no conoce a algunos de nuestros políticos.
Hemos de recuperar por tanto el lenguaje del pensamiento, introducir en el discurso otros conceptos de eficacia, social, institucional, cultural, etc., trasladar los valores que conformaron uno de los mayores cambios sociales, de la historia, confío ciegamente en que a través de la educación , podamos intervenir socialmente en busca de una sociedad más solidaria y justa a la vez que participativa.